
“En el Pacífico las mujeres son la familia, mientras que los hombres son episódicos”: José Zuleta Ortiz
El maremoto que asoló el caserío de Mulatos en diciembre de 1979 es el punto de partida de la nueva novela del escritor José Zuleta, un bogotano de nacimiento apasionado por el Pacífico colombiano.
Por: Sergio Alzate
En el Pacífico nariñense existe una isla rara, rarísima, llamada Mulatos. Unos cuantos caseríos desperdigados por unas playas de arena trigueña, a la orilla de un mar color turquesa en el que las olas se erizan y en el que los pescadores salen a diario a buscar lo que las aguas tienen para darles.
Allí, en medio de la inmensidad del cielo y del océano, los habitantes tienen los ojos del color del mar. Tienen las pieles claras, tostadas por el sol, y los cabellos castaños, en algunos casos casi rubios. Les dicen “vikingos”, porque parecen salidos de alguna épica nórdica, y “culimochos”, un término que tiene un doble sentido: sus embarcaciones tienen la popa achatada, casi recta, pero también se refiere a ellos, quienes por su blanquitud son vistos por las comunidades afro del litoral como planos o desnalgados.
Mulatos es, entonces, una rareza por donde se le mire o, según los bloggers de estilo de vida y turismo, un paraíso por descubrir. Sin embargo, para los habitantes de isla, ellos son los sobrevivientes de un maremoto que borró casi totalmente el lugar el 12 de diciembre de 1979, a las 2:53 de la madrugada. El mar embravecido se llevó casas, sembradíos, animales de carga, gatos, perros, cocinas de ollas relucientes, baúles llenos de recuerdos y sepultó bajo el agua la mayor parte de Mulatos.
Este es el punto de partida de Mulatos, la nueva novela del escritor bogotano José Zuleta Ortiz, quien ha vivido la mayor parte de su vida en el Pacífico colombiano. Una historia en la que homenajea a Isaura Reina, la protagonista principal del relato, a quien conoció cuando vivió en la isla antes del desastre. Una lideresa local que dirimía conflictos, aplicaba inyecciones, aconsejaba sobre el mal de amor y sabía curar los huesos rotos. Pero esta también es una reflexión sobre qué significa habitar un territorio que los periodistas muchas veces llamamos “la Colombia profunda” o “la periferia”. CAMBIO habló con el autor habla de su novela y de su amor por el Pacífico colombiano.
CAMBIO: ¿Cómo surgió la idea de la novela?
José Zuleta: Mulatos es parte de mi vida. Viví en esa isla cuando era un adolescente. Yo andaba muy loco, buscando irme del mundo. Nada me gustaba, nada me parecía. Construí un vínculo muy poderoso con los habitantes, porque me involucré con ellos, con sus vivencias, con sus labores. Entonces, tenía la vivencia de esa isla y he sido toda la vida un apasionado del Pacífico colombiano, leyendo mucho la literatura de la región, dejándome encantar por sus mitos, su música y su gastronomía. Sin embargo, algo que influyó fue la muerte de la protagonista de la novela: Isaura Reina. Yo me dije: “Tengo que contar quién era ella”. Ahí empezó a gestarse Mulatos.
CAMBIO: Uno de los personajes de su novela (Gabriela) busca en un mapa del colegio a la isla de Mulatos y no la encuentra, lo cual la angustia, la molesta. ¿Qué son los mapas?, ¿qué dicen de nosotros los mapas?
J. Z.: Sí, es una escena en que ella se sorprende al no encontrar su isla, pero tampoco todos los ríos ni los esteros ni un montón de lugares que están en Colombia. Pura geografía innombrada, es decir, que no es nada a los ojos de los cartógrafos. Esa es una de las grandes tragedias del Pacífico de nuestro país. Cuando uno quiere tanto una región y una cultura, le duele muchísimo la estigmatización. Quería resaltar en Mulatos que allí hay gente valiosísima, muy sabia, que es necesario escuchar. No solo desde el folclor sino desde su cotidianidad. El folclor puede llegar a ser una manera de negación.
CAMBIO: ¿En qué sentido es una manera de negación?
J. Z.: En que se convierte en una especie de caricatura de lo que es una cultura. El foráneo empieza a decir “hablan feo, hablan mal” y construye una parodia para reírse, para evitar conocer directamente. Quiero que la gente sepa que el Pacífico es algo mucho más profundo y complejo.
CAMBIO: Existe la visión de que campesinos son los que habitan y trabajan en las montañas. En Mulatos se habla de los ‘campesinos del mar’. ¿Por qué es importante ver a las personas de las costas como campesinos y resaltar su trabajo?
J. Z.: Porque ellos trabajan la tierra, siembran, conocen los ciclos de los frutos. En todo el Pacífico colombiano, en todo el litoral, hay cultivos complejos que siembran, que cuidan, que cosechan. Tienen plátano, yuca, arroz, un tipo de papa que ellos llaman “china”, frutas que nosotros desconocemos como el caimito, hierbas que sazonan y otras que curan. Estos campesinos están cultivando todo el tiempo, porque en muchos casos viven en lugares alejados. Necesitan ser autosuficientes en sus comidas. Esto ha hecho que su gastronomía sea rica, deliciosa, de sabores que no se encuentran en otras partes de Colombia.
CAMBIO: En un momento de la novela se reflexiona sobre la lectura, el acto de leer y la intimidad que se construye entre el lector y el autor. ¿Cuál es su lector ideal?
J. Z.: Lo que más me interesa es ir al Pacífico, para que allí la lean. En Tumaco, en Guapi, en Quibdó, ir al litoral para presentarla a sus habitantes. También quisiera que quienes tengan un estigma sobre esta región se den la oportunidad de conocerla de otra manera, que se dejen atravesar por lo que tiene para ofrecer. Por eso quise que la experiencia pacífica fuera presentada por los personajes, no por mí.
CAMBIO: La novela sigue a dos mujeres: Isaura y Gabriela…
J. Z.: En el Pacífico, las mujeres gobiernan los destinos de sus comunidades. Hay una especie de matriarcado no declarado, porque son ellas quienes llevan la batuta. Si yo me pongo a pensar sobre quiénes pueden narrar estos lugares, siempre se me van a venir a la cabeza primero las mujeres. Yo no puedo encontrar en esa comunidad de Mulatos un hombre que haya tenido la importancia que tuvo Isaura, quien fue una especie de gobernadora. En el Pacífico, las mujeres son la familia, mientras que los hombres son episódicos.
CAMBIO: Para quienes vivimos en el centro del país, una palabra que nos viene a la cabeza al hablar de lugares como Mulatos es ‘territorios’; en la novela se habla de ‘comunidades aisladas’. ¿Qué peso tiene este tipo de términos?
J. Z.: O también se dice “periferia” o “la Colombia profunda”. Son maneras de desconocer, de invisibilizar. Dinámicas centralistas de poder que sólo existen allí, donde se consideran en el centro de todo. Porque si tú has vivido toda tu vida en Tumaco, pues tú no vas a hablar de los territorios o de las periferias. Lo mismo pasa en Mulatos: allí no se habla de la “Colombia profunda”, eso que no vale la pena, que nadie conoce. Una negación, una manera de alejar todos los lugares. Cuando decimos “los territorios”, no queremos decir nada. Porque territorios hay en Cauca, en Vichada, en La Guajira, en Antioquia. Territorios hay en todo lado. Hablar de “los territorios” no es reivindicarlos sino todo lo contrario: es negarlos. A veces, se hace hasta en singular: “el territorio”. Que es más confuso todavía.
En la Feria Internacional del Libro FILBO
Mulatos
José Zuleta
Sábado 25 de abril,1:00 pm.
María Mercedes Carranza.
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