
‘Cuando los pájaros no cantaban’: la colección de libros ilustrados que cuenta, para los niños, los horrores que han sufrido por el conflicto
Cuando los pájaros no cantaban para niños y niñas. La versión ilustrada del Informe Testimonial de la Comisión de la Verdad.
Isabelita Mercado, consejera de Paz, Víctimas y Reconciliación de Bogotá, habla con CAMBIO sobre la importancia de la memoria para conmemorar a las víctimas, pero también para imaginar el futuro del país que queremos. Uno en el que no se repitan el 1.700.000 de menores de edad desplazados, torturados, reclutados y asesinados por la guerra.
La noche horrible del conflicto armado, que en Colombia ya lleva más de cinco largas décadas, se ha ensañado con crueldad con los niños y adolescentes: 1.700.000 menores de edad han sido víctimas de secuestro, tortura, reclutamiento, desplazamiento y asesinato. De todo lo horrible. Algunos de esos testimonios, que dan fe de un país que se ha estropeado a sí mismo, hacen parte del Informe Testimonial entregado por la Comisión de la Verdad y que lleva como título Cuando los pájaros no cantaban.
En el marco de la celebración del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, la Fundación Plan y el excomisionado de la Verdad, Alejandro Castillejo, unieron fuerzas para darle vida a una colección de cuentos ilustrados basada en el Informe Testimonial: Cuando los pájaros no cantaban, versión para niños y niñas.
CAMBIO conversó con Isabelita Mercado, consejera de Paz, Víctimas y Reconciliación de Bogotá y una de las piezas claves de la iniciativa, sobre la importancia de darle voz a la niñez a la hora de hacer memoria en un país que ha agotado todas las formas de violencia.

CAMBIO: ¿A quién se le ocurrió la idea de valerse del Informe Testimonial de la Comisión de la Verdad para hacer una colección literaria ilustrada basada en las vivencias de los niños?
Isabelita Mercado.: Alejandro Castillejos, excomisionado de la Verdad, es muy cercano al trabajo que hacemos en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, que es el único centro de memoria en el país (y creo que hay muy pocos en el mundo) que cuenta con espacios designados exclusivamente para que los niños y las niñas hagan memoria. Con él empezamos una discusión, que luego involucró a pedagogos infantiles e ilustradores, para el volumen testimonial del informe a la niñez.
De los 146 testimonios que están en el volumen escogimos seis para que, cada uno por aparte, fuera adaptado a un formato de cuento ilustrado.
CAMBIO: Después de leer fragmentos de los testimonios que se ilustraron, debo decirle que, si bien son muy ilustrativos, también me parecieron profundamente dolorosos y desgarradores. ¿Hacer memoria en Colombia implica arrugarse el corazón?
I.M.: ¿Sabes que yo me pregunto eso mucho… por la razón de ser de la memoria cuando es una historia tan dolorosa. Hacer memoria revuelve muchos sentimientos, son historias que cargan mucho dolor y yo muchas veces me pregunto cómo es que este país ha aguantado tanto dolor. Pero hay una frase muy bonita de John Paul Lederach, y que he acuñado durante mi tiempo en este trabajo, y es que no se hace memoria solamente para conmemorar, sino también para recordar el país que queremos construir y recordar el país que queremos construir implica recordar eso que no debería volver a repetirse.
No se hace memoria solamente para conmemorar, sino también para recordar el país que queremos construir y recordar el país que queremos construir implica recordar eso que no debería volver a repetirse.
CAMBIO: ¿Cómo le vas a explicar a tu hijo que existe un país con 1.700.000 niños, niñas y adolescentes que han sido desplazados, torturados, asesinados?
I.M.: Uff, qué pregunta tan difícil… yo creo que esto se lo explicaría de forma coloquial contándole que la humanidad, en su historia, en vez de resolver los conflictos de una manera democrática, tranquila, usando las palabras, se ha empeñado en empuñar las armas. Y le diría que la consecuencia de eso, en todos los países del mundo, ha sido un escenario de dolor y devastación. No hay un solo ejemplo de una guerra que haya dejado escenarios positivos o de orgullo.
CAMBIO: También has escrito sobre la guerra como una herencia, casi genética, que repercute en generaciones que incluso han nacido en contextos por fuera del conflicto…
I.M.: En particular me he referido a un estudio de la Universidad de los Andes que demuestra cómo las secuelas y los traumas del conflicto se expresan en niños de una generación que no nació en la mitad del conflicto. Eso quiere decir que el daño que recibieron sus papás, o incluso sus abuelos, al ser víctimas de desplazamiento o secuestro, se expresa en niños de generaciones venideras, aun cuando estos no experimentaron de forma directa el conflicto.
Eso quiere decir que el daño que recibieron sus papás, o incluso sus abuelos, al ser víctimas de desplazamiento o secuestro, se expresa en niños de generaciones venideras, aun cuando estos no experimentaron de forma directa el conflicto.
Sus patrones de salud mental y desarrollo emocional son distintos, y, con respecto a niños con familias que no han sido afectadas por la guerra, hay una brecha significativa. Esto confirma la importancia de atender esas generaciones y de hacer pedagogía, todos los días, para que logremos tramitar los conflictos de otras maneras.

CAMBIO: Hay una dimensión innegable de la memoria que es discursiva y simbólica. ¿Cómo blindar el ejercicio de hacer memoria en un país en el que una de sus grandes fuerzas políticas niega el conflicto interno?
I.M.: Yo creo que la memoria está en constante construcción. Y, al igual que la democracia, los ejercicios de construcción de memoria deben representar valores democráticos y ser lo suficientemente plurales para incluir todas las voces y para asegurar unos consensos mínimos sobre lo que pasó, sobre lo fáctico. De lo contrario, corremos el riesgo de excluir a grupos poblacionales que, como la fuerza pública, son indispensables en la memoria de un país como Colombia.
CAMBIO: ¿Cómo va a ser la distribución de la colección para niños Cuando los pájaros no cantaban?
I.M.: Ya tenemos un primer tiraje gracias a la Fundación Plan, que ha sido un socio indispensable, y un plan de distribución en eventos y también en la Feria del Libro, en donde hemos planeado una serie de activaciones. Además, empezaremos la distribución en los 30 colegios públicos y privados que hacen parte de la red de colegios por la memoria y vamos a llevar a cabo una estrategia para distribuirlos en bibliotecas del distrito que tienen espacios de lectura con niños y niñas, y adicionalmente con la academia y entidades de orden internacional que hacen ejercicios de memoria.

CAMBIO: ¿Además de la memoria como ejercicio de política pública, ¿cuáles han sido las políticas más relevantes sobre los menores de edad víctimas del conflicto en tu gestión?
I.M.: Esta administración ha sido enfática en atender a los niños víctimas del conflicto. Puedo decir que Bogotá hoy cuenta con un sistema muy robusto de atención y que, cuando una niña llega desplazada a la ciudad, accede sí o sí a un cupo en cualquier colegio del Distrito, así como se le garantiza un cupo en la ruta y en el programa de alimentación escolar.
Otro programa que me parece divino es el que implementa un kit de estabilización psicosocial para niños y niñas. Es una caja de herramientas que creamos y que funciona como un protocolo de atención psicosocial diferencial antes de llegar a las otras rutas de salud de la ciudad. Inspirado en los aprendizajes de los campos de refugiados, el kit le da a los papás y a las mamás un mínimo de conocimientos sobre las emociones que puedan atravesar los niños productos del hecho victimizante y les permite identificarlas y, a través del juego, el arte, la pintura, la respiración, regularlas.
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