
Voces femeninas que merecen salir del olvido
'Sembradoras de estrellas - Las primeras voces de la música juvenil en Colombia', es una serie pódcast documental que rescata del olvido a mujeres cantantes que impulsaron la música pop en Colombia durante los años, muchas de las cuales fueron estrellas en los años sesenta y setenta, pero no aparecen en ninguna de las historias del 'rock' que se han publicado en el país. ¿Por qué tan olvidadas?
Por: Eduardo Arias
- Desde hace 30 años se producen artículos, libros, documentales y exposiciones sobre rock y pop hecho en Colombia y todos omiten a las artistas que dieron vida en sus primeros años.
Para intentar remediarlo, Ana María Amaya (quien se encargó de la dirección, producción y guion), y Umberto Pérez y Luis Daniel Vega, encargados de la investigación, produjeron Sembradoras de estrellas. Las primeras voces de la música juvenil en Colombia’, un pódcast de seis episodios, de una hora de duración cada uno. Los narra Leonora Parra Moreno, un personaje ficticio que ellos crearon.
La serie cuestiona los prejuicios que han llevado a la construcción de una historia exclusivamente masculina de los inicios del rock colombiano y saca del olvido a alrededor de 70 discos y 100 canciones de estas artistas que fueron protagonistas de la música juvenil colombiana entre 1962 y 1980. La investigación se extendió por más de diez años y tuvo lugar, ante todo, en los mercados de las pulgas y en almacenes de discos de segunda mano a lo largo y ancho de Bogotá.
Ana María Amaya es escritora y filósofa. Umberto Pérez es historiador y periodista cultural. Luis Daniel Vega es periodista musical y baterista. Ellos dos escribieron los libros Una idea descabellada. Instantáneas del rock en Bogotá (1957-1975) y Bogotá encubierta – cartofonías bogotanas 1957-2025. CAMBIO habló con ellos acerca de la serie pódcast y de sus consideraciones acerca del papel que desempeñaron estas cantantes en la música de los años sesenta y setenta.

CAMBIO: ¿Qué motivó esta exploración tan minuciosa que ustedes hicieron de las cantantes pop/rock/folk colombianas de aquellos años?
Luis Daniel Vega: Mi rollo con esto se dio cuando descubrí la recopilación Chicas, editada por el sello español Vampisoul, que salió en 2011. En esa época yo ya estaba muy clavado con la historia pretérita del rock colombiano, pero no era consciente de las ausencias. Sí me llamaba la atención que en esa historia no se hablara de mujeres, y también que las pocas menciones que hacían de algunas, que después harían parte de Sembradores de Estrellas, era desdeñosa. Es decir, cuando nombraban a Vicky o a Lyda Zamora, que eran las más renombradas, se lo hacía dejándolas a un lado, mirándolas por encima del hombro, como diciendo “es que ellas eran las baladistas, las que hacían el rock ligero”. Entonces cuando descubrí ese disco de Vampisoul y lo escuché fue muy emocionante. Lo primero que me pregunté fue si en Colombia pasó algo similar. Ahí empecé a escudriñar y a encontrar las primeras grabaciones de mujeres del rock colombiano que comencé a recopilar. Lo primero que encontré fueron los discos de Margie. Escuchar eso fue muy impresionante y me dije: si existen estos discos de Margie, por ahí debe haber un montón más de discos de chicas que cantaron rock acá en Colombia en los sesenta y setenta. Y se me convirtió en una obsesión.
Umberto Pérez: En mi caso, siempre tuve una fijación por el sonido de Ana y Jaime. Pero también recuerdo mucho lo que me impactó el compilado de Elia y Elizabeth que lanzó Vampisoul. El hecho de que yo no las conociera, a pesar de haber hecho un trabajo en teoría minucioso sobre la historia del rock en Colombia, me desconcertó. Y me hizo reparar en que apenas me había asomado a la historia de Vicky. Y buscando discos me recuerdo que se me aparecieron dos discos de Vicky: Esa niña y Vicky, que tienen los dos unas portadas muy, muy roqueras. Los escuché y pensé: acá hay una autora tremenda. Y me pareció que detrás tenía que haber algo que podía indagarse más a profundidad. Pero sí… Creo que la primera persona que vino a la conversa con la inquietud de las chicas del rock colombiano fue Luis Daniel, que hacia 2016 le propuso a Vampisoul hacer un compilado sobre ellas. Un proyecto que por distintos motivos no fructificó.
L.D.V.: Sobre la motivación profunda detrás de esta investigación quiero insistir en que a mí me llamó mucho la atención darme cuenta de que nunca me había hecho la pregunta de por qué aquí no había mujeres en la historia del rock. Lo daba por sentado, como si fuera un asunto cultural. Asumía que no había habido campo para las mujeres en el rock, como no lo hubo para las mujeres en el jazz o en la música tropical. Y resulta que era cierto que no había tanto o el mismo espacio que ocuparon los hombres, pero sí estuvieron, claro que estuvieron allí, pero además hicieron unas cosas increíbles que tiempo después pasaron, en algunos casos, completamente inadvertidas.
U.P:Y.: una cosa que yo destaco es cómo se empiezan a resolver estas preguntas en la medida en que uno se hace más grande y tiene más años y más perspectiva. Cuando empiezo a reparar en que acá hubo unas artistas que hacían lo mismo que a mí me gusta de artistas de otros países, empiezo a pensar que seguro acá existieron artistas que podrían gustarme, pero no me he dado a la búsqueda ni a indagar en su trabajo para saber si me gustan o no. Creo que la perspectiva del tiempo va permitiendo eso, y por eso es que algunas de ellas terminan apareciendo en el libro Una idea descabellada.
L.D.V.: Aquí sí traigo a colación esas anécdotas que se cuentan de manera tan chistosa en Sembradoras de Estrellas, y es que mi educación periodística en las emisoras culturales estuvo llena de taras. Para mí la música de Vicky sonaba en emisoras de baladas, que le gustaban a gente que no tenía criterio musical. Y Vicky, por ejemplo, no podía sonar en Javeriana Estéreo nunca, jamás, eso era de mal gusto. De hecho, creo que se sigue considerando de mal gusto. Y jamás de los jamases podía sonar en un programa de rock. Uno tranquilamente ponía a Carole King en un programa de clásicos del rock, pero ni de riesgo a Vicky. ¿Por qué sí se podía poner a Carole King y no se podía poner a Vicky en un espacio de rock en una emisora cultural bogotana? Nunca me lo pregunté en ese momento, estaba aprendiendo, pero bueno, afortunadamente después de un tiempo me di cuenta. Son representaciones culturales y musicales equivalentes en tiempos equivalentes.
Ana María Amaya: Yo voy a agregar algo que tiene que ver con esto. Dejé que ustedes contestarán esta pregunta porque ustedes hicieron la investigación, pero a mí una cosa que me impresionó cuando me invitaron a ser parte de este proyecto y me presentaron la base de datos de artistas y de discos con la tesis de que nada de esto se había tenido en cuenta en las historias del rock colombiano, yo sencillamente no les creí. Pensé que estaban exagerando. Porque no podía ser que habiendo tantas artistas, tanta música afortunada, y algunas discografías tan amplias, como la de Eliana o la de Vicky, nadie haya mencionado eso. Y recuerdo que una vez Umberto me dijo: “Mira, si no nos crees, aquí están estos cinco o seis libros, estos artículos, estos programas de radio, este par de documentales…”. Y me pasó todo el archivo de la historia del rock colombiano. Quedé boquiabierta al constatar de primera mano que ese caudal tan brutal de información que tenían ellos de verdad estaba absolutamente ignorado. Se abrieron un montón de preguntas y se me hizo patente el enorme valor musical, cultural y crítico de la investigación.
- Vea aquí Una biografía del primer rock bogotano.
CAMBIO: ¿Fue fácil conseguir información y discos de esas cantantes?
L.D.V.: Para mí fue un descubrimiento que duró muchos años. Fueron más de diez años buscando y encontrando discos en tiendas de segunda mano, y sobre todo descubriendo que podía y debía escuchar toda esta música de otra forma. Y ya después fui dando por sentado que todas esas mujeres ya no estaban vivas. Hasta que decidimos hacer Sembradoras de Estrellas y Ana María tuvo la iniciativa de ir a buscarlas porque sin entrevistarlas este trabajo iba a estar incompleto. Y terminamos logrando entrevistar a muchísimas de estas artistas y así fueron brotando un montón de minucias biográficas que no habríamos encontrado de otra manera. A mí sí me había costado un resto encontrar alguna información sobre estas artistas. Pero también hay que resaltar que personas como Alejandro Arriola o Pilar Hung ya tenían un catálogo muy hecho desde hace un montón de tiempo y le daban una importancia dentro del contexto musical colombiano. Pero el panorama sí era bien nebuloso. No se encuentra fácilmente una biografía de ellas o un comentario detallado sobre su obra.
U.P.: Yo no sé si fue fácil o no porque cuando tuvimos la inquietud de empezar a juntar estos discos no había un propósito muy definido. Simplemente queríamos tenerlos, escucharlos y conocerlos. Y así fueron pasando los años hasta que nos dimos cuenta de que ya teníamos decenas de discos. Recién haciendo Sembradoras de Estrellas es que conocemos algunos discos que se vuelven como objetos de deseo. Pero hay un momento antes de Sembradoras en el que empezamos a “pistear” con más juicio las discografías de estas artistas, sobre todo en el blog de Alejandro Arriola que para nosotros fue fundamental, porque difícilmente se le escapa algún artista de los sesenta y setenta a su vademécum. Pero más allá de esa información básica y del juiciosísimo trabajo de archivo discográfico que reposa en ese blog, encontrar información un poco más profunda sobre ellas fue entre difícil e imposible hasta que hablamos con ellas. Tampoco fue fácil encontrarlas, pero pudimos hacerlo y hablar con bastantes de ellas.

CAMBIO: ¿En aquellos tiempos las discriminaban o silenciaban, o sus dardos van dirigidos a quienes hoy escriben sobre historia del rock colombiano y no las tienen en cuenta?
A.M.A.: Creo que en el pódcast queda claro que estas mujeres no fueron silenciadas como artistas en su época. Todo lo contrario. Fueron estrellas en su momento. Muchas de ellas pegaban éxitos radiales, eran muy populares, y se prensaron montones de discos. Y en parte por eso es tan escandaloso que se las omita del relato…
U.P.: Ahora, si bien eran muy famosas, es importante mencionar que en el caso de Norma Argentina o en el caso de Vicky, como quedó demostrado una manera muy lapidaria en el pódcast, fueron víctimas del sistema en el que se movían. Claudia Gómez menciona que no quiso hacer una carrera dentro de la industria discográfica porque su mamá también había sufrido dentro de ese sistema. Eso es importante.
A.M.A.: Sí, en algunos casos hablamos de carreras artísticas muy cortas, de un solo disco, o truncadas. En varios casos vimos cómo esas retiradas tenían que ver con situaciones que enfrentan las mujeres: matrimonios tempranos, la maternidad, el cuidado, en fin. Y está, aparte, el caso de Vicky, una artista que en su momento de mayor éxito tuvo que retirarse porque empezó a ser atacada en público por hombres que la tocaban para luego salir a decir que ella no era una mujer sino un hombre. La prensa y el público participaron de ese acoso misógino.
U.P.: Sobre el asunto de los dardos… Lo que quisimos y a lo que hemos aspirado siempre es a poner un poco de luz sobre algo que no tiene luz en el presente. El pódcast no busca caerle a nadie ni tiene un ánimo revanchista pero sí reivindicador. Busca celebrar una discografía de los años sesenta y setenta en Colombia que creemos que debe ser revalorada y que creemos que debe ser, sobre todo, escuchada porque es buenísima. Queremos que se conozca a estas artistas y estas canciones, no porque otros no merezcan ser conocidos sino porque de esos otros ya se ha hablado, y es una fuente más bien agotada, y porque acá hay mucha riqueza, mucha vitalidad, mucho brillo, mucha emoción. De esto se trata este pódcast: de la fantástica cantautora que era Vicky, de la súper cantante que es Yolanda, de la enorme cantautora que es Elia Fleta, de la gran intérprete que es Emilce.
L.D.V.: Y todos los dardos son autodardos. No es que estemos escapándonos diciendo “es que ustedes no escribieron bien la historia del rock colombiano”. Nosotros tampoco lo hicimos. Los dardos que se lanzan tienen que ver también con la personalidad de Leonora Parra Moreno, la narradora del pódcast.
A.M.A.: Yo creo que la insistencia en lanzar eso que llaman dardos, que no son más que ciertos apuntes divertidos y un poquito sarcásticos que hace de vez en cuando la narradora del pódcast, es proporcional al tamaño de la ausencia que queremos subsanar. La historia del rock colombiano no se ha escrito en dos o tres documentos no más. El relato lleva construyéndose hace tres décadas. Y repetidamente se ha reiterado la marginación de artistas y de sonidos, y esa marginación ha tenido que ver, o al menos eso es lo que defendemos en el pódcast, con el hecho de que estas artistas eran mujeres.
U.P.: Hay una cosa elemental que creo que vale la pena mencionar. Cuando escribí ese primer texto investigativo sobre el rock colombiano y marginé a las artistas, y un poco también a los intérpretes, yo sabía de primera mano que los músicos de sesión y las bandas de respaldo de estas artistas eran las bandas de rock del momento. Entonces es importante dejar muy claro que no es que en los inicios del rock existieran dos grupos y que ahora nos dio la gana contar la historia del otro grupo. No. Es una sola historia, es una historia común, y, en mi caso, marginé un pedazo por el prejuicio y la ignorancia hasta cuando la edad me permitió descubrir con oídos más limpios a estas artistas. En ese sentido, claro que son autodardos, pero el propósito de esta investigación trasciende lo revanchista y básicamente busca hacerle justicia a una historia que estaba incompleta.

CAMBIO: La gran mayoría de estas cantantes que ustedes citan fueron estrellas en su época y tuvieron reconocimiento. ¿Por qué de pronto dejó de hablarse de ellas o comenzaron a ser “pordebajeadas”?
L.D.V.: Haciendo Sembradoras de Estrellas nos preguntábamos por qué estas mujeres, siendo tan populares en su momento, de repente desaparecieron del panorama…
A. M. A.: Y concluimos que fue por cómo se las etiquetó posteriormente. Por una serie de ideas sobre la balada en español que se empieza a proyectar sobre ellas.
U.P.: Sí. Ese “pordebajeamiento” vino después de su momento cumbre. En los ochenta. En ese momento cambia el sonido de la balada, de la canción melódica, y hay una marcada segmentación promovida por los sellos discográficos que empiezan a determinar qué es música rock, qué debe sonar en una emisora y qué no, y eso marcó el devenir del legado de ellas. Aparte, las primeras historias que se cuentan sobre el rock hecho en Colombia prescinden absolutamente de ellas, entonces si los primeros relatos de carácter canónico u oficial prescinden de ellas lo que vino después, hasta ahora, también las omite. Pero, en últimas, también tiene que ver con este imaginario masculino, por no decir machista, que hay del rock en sí mismo, y por eso también son tan simpáticos los chistes que hace Leonora sobre las baladas que sí les gustan a los roqueros.
L.D.V.: Sí. Yo crecí con eso, con el estereotipo del “roquero”. Era un estereotipo completamente masculino y macho en las emisoras de rock. Eso no es gratuito.
U.: Sin ir muy lejos, cuando uno escuchaba las emisoras de rock a finales de los ochenta y comienzos de los noventa, las mujeres siempre brillaban por su ausencia. Con suerte sonaba Tina Turner y The Bangles y, no sé, de pronto Roxette. Cinco nombres más y pare de contar, ni siquiera Janis Joplin porque ya era una artista vetusta. Y artistas como Carole King, The Carpenters y Joni Mitchell, aunque no sé cada cuánto suena Joni Mitchell en la radio colombiana, sonaban en emisoras ya más de carácter adulto como Caracol Estéreo y, de pronto, en emisoras universitarias. Pero las emisoras de rock en Colombia hasta esa época se caracterizaban por poner principalmente voces masculinas. Eso también dice mucho de lo que vino después.
A.M.A.: También hay que decir que, aunque estas artistas no fueron “pordebajeadas” en su época, sí hay algo de lo que nos dimos cuenta a la hora de revisar los discos y el material de prensa, y es que, obvio, eran tratadas como son tratadas las artistas mujeres. Uno se encuentra todo el tiempo comentarios sexistas y apuntes también súper condescendientes. Ese tipo de cosas también pusieron su granito de arena para que con el tiempo esta música fuera considerada sin mucho valor cultural, como entre frondia y baladí.

CAMBIO: La palabra rock es muy problemática porque termina siendo cualquier cosa: desde I will hasta Revolution number 9, por el solo hecho de aparecer en un disco de rock conocido como el álbum blanco, de una banda denominada de rock, en este caso los Beatles. ¿No sería más sencillo reivindicar a estas cantantes en categorías como pop, canción protesta o balada contestataria?
U.P.: El nombre del pódcast es bastante elocuente, se llama Sembradoras de Estrellas. Las primeras voces de la música juvenil en Colombia precisamente porque queríamos evitar una discusión tan sin sentido sobre qué es y qué no es rock. En este caso hablamos de música juvenil, intentando eludir las etiquetas y porque en aquellos años la música juvenil en efecto era una sola. Las etiquetas vinieron después. En Radio Fantasía, y en 1020 y en esas emisoras sonaban tanto las bandas de hombres como las artistas y los intérpretes. Pero respondiendo a la pregunta, creo que, así como en el mercado anglosajón todas estas etiquetas se incluyen dentro del rock, es decir, a Bob Dylan, que era un cantante de folk, no solo lo incluyen sino que lo ponen en el número uno, la propuesta de Sembradoras de Estrellas es que abramos las orejas, ampliemos la mirada e incluyamos lo que no se ha querido incluir.
L.D.V.: Claro, además ahí el abanico que se abre es gigantesco y se pueden empezar a sumar un montón de voces que, por esos prejuicios y esos sesgos, uno siempre iba a terminar dejando por fuera porque tal cosa no me cabe acá o no me cabe aquí o en el otro lado. Es más fácil ir recogiendo, ir sumando, y eso hace que uno escuche de una manera distinta. A mí me pasó eso, me ha pasado durante este tiempo.
A.M.A.: Pienso que es más fácil e interesante ampliar que achatar. ¿Para qué multiplicar categorías analíticas en lugar de aprovechar e intentar entender el rock como un fenómeno musical, cultural y social y no solo como una categoría sonora súper inflexible y conservadora?
U.P.: Creo que al final también, sin proponérnoslo, hicimos un ejercicio de desromantizar el rock colombiano. Aún sigue habiendo una idea muy romántica y muy tonta del rock. Y eso está bien para mí.
L.D. .: Sí. Deshormonizar el rock.
A.M.A.: O diversificarlo. Mezclarlo. Un valor que tiene esa aproximación es que permite examinar prejuicios y complejos que se proyectan sobre la música. En Sembradoras de Estrellas se habla no solamente de música que fue omitida porque la hicieron o la cantaron mujeres, sino también del complejo del roquero local que está desesperado por encontrar los equivalentes a las estrellas del rock anglosajón y argentino en Colombia. Ese complejo es muy, pero muy evidente en la manera en la que se ha contado la historia, y por eso terminamos con relatos cortos que hacen sentir que lo que pasó aquí fue muy de segunda categoría, interesante solo como una curiosidad, pues es un reflejo pálido del gran ideal anglosajón y contracultural del rock. Lo que proponemos es dar un paso al costado y liberarnos de esa sombra y de esos complejos para que empecemos a abordar esta historia en su singularidad que, de pronto, no fue tan salvaje ni tan eléctrica, pero sí fue muchas otras cosas. Fue tropical, fue romántica, fue comercial… Y también política. Es hora de dejar de preguntarnos quiénes fueron los Beatles o el Elvis colombianos, y empezar a hablar, por ejemplo, de que la canción política dio unos frutos fantásticos en Colombia gracias a artistas como Eliana y Ana Valencia.
CAMBIO: Históricamente (al menos hasta la llegada del punk) el rock fue muy machista. ¿Qué tan machista es el rock de un país en el que Andrea Echeverri es tal vez la figura roquera más reconocida?
L.D.V.: El hecho de que Andrea Echeverri sea la figura roqueera más reconocida no quiere decir que el rock and roll en Colombia, después de tanto tiempo, no sea un asunto de machos todavía.
A.M.A.: Y a propósito de Andrea, pues sí, claro, es la figura roquera más reconocida del país, pero se la ensalza como algo extraordinario precisamente porque es una mujer destacándose en el universo macho. Eso se lo pilló el feminismo hace rato. Una sola estrella femenina, la excepción, es bienvenida en la hegemonía masculina porque demuestra estar “a la altura”. El caso es que una de las muchas alegrías que nos dejó el pódcast es que para el sexto y último capítulo hablamos con la mismísima Andrea Echeverri y le preguntamos por algo que nadie le había preguntado: por sus influencias femeninas y colombianas. Y ahí aparecieron Vicky, Ángela y Consuelo y Elia y Elizabeth como referentes de ella en su niñez y en su adolescencia.
U.P.: Más allá de que el rock en Colombia sea machista, como lo es en cualquier lugar del mundo, este trabajo es una celebración de unas artistas de inmensísimo talento que dejaron un legado fonográfico inmenso. Por eso es importante agregar también que el arte gráfico de Sembradoras de Estrellas también es un homenaje a los sellos fonográficos de esos años que hicieron posible que estas artistas grabaran.
CAMBIO: ¿Es posible encontrar la música de estas cantantes en las plataformas que rigen la circulación de música en estos tiempos?
U.P.: Se encuentra algo de lo que se escucha en el pódcast en YouTube, algunas canciones de algunas de ellas. En las plataformas de pago no hay casi nada. En algunos casos, las más conocidas como Vicky o las que firmaron con sellos grandes, sí tienen algunas canciones en plataformas, pero muy poquitas.
L.D.V.: Y hay algunas otras que han logrado reciente figuración, como Elia y Elizabeth.
CAMBIO: ¿Se aventurarían ustedes o alguno de ustedes a elaborar un ‘top five’ de estas intérpretes?
A.M.A.: Los tres nos pusimos de acuerdo en destacar a Vicky, a Elia y Elizabeth, a Eliana, a Emilce y a Norma Argentina.
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