
El Centro de Documentación Musical: 50 años guardando el alma sonora de Colombia
Centro de Documentación Musical. Créditos: Señal Colombia.
El Centro de Documentación Musical de la Biblioteca Nacional de Colombia celebra medio siglo como custodio de la memoria musical del país: 30.000 partituras, 20.000 documentos audiovisuales y una misión que hoy tiene más relevancia que nunca.
Por: Joaquín Guzmán
Es 1976, una casa vacía del centro de Bogotá, unas cuantas sillas, ruanas para el frío y un puñado de jóvenes entusiastas con una convicción que entonces parecía quijotesca: que la música colombiana tuviera un lugar para su preservación. Hjalmar de Greiff (QEPD), hijo del poeta León de Greiff, junto a David Feferbaum, dieron inicio a lo que hoy es una de las colecciones patrimoniales de música escrita y grabada más grande de América Latina. Cincuenta años después, el Centro de Documentación Musical (CDM) de la Biblioteca Nacional de Colombia no es solo un archivo; es, como lo llama el propio Feferbaum, “la fuente mayor de la música en Colombia”: un organismo vivo que respira partituras devuelve la voz a intérpretes olvidados y continúa ampliando sus colecciones gracias a donaciones y adquisiciones.
El CDM también es un centro cultural activo; por ejemplo, organiza sesiones de escucha —especialmente de música colombiana— donde los vinilos se experimentan completos y son motivo de conversaciones. En esos encuentros, que convocan a investigadores de universidades, a ciudadanos curiosos y a músicos profesionales, se detonan preguntas, conversaciones, encuentros fortuitos y formas de imaginar el futuro.

Es una apuesta pedagógica tan simple como radical: escuchar para entender. Y entender para no perder.
A sus cincuenta años, el CDM enfrenta los retos de cualquier institución patrimonial en América Latina, fundamentalmente presupuestos limitados y el reto de convocar a la ciudadanía a experimentar y apropiarse de lo irreemplazable, de adentrarse en las entrañas sonoras de una nación.
Es obvio que el consumo global de la música lo domina el streaming. Sin embargo, el vinilo es un segmento pequeño y en crecimiento y en varios mercados sus ventas han aumentado consistentemente desde 2010. Hoy, con el auge del coleccionismo de vinilos, Colombia es un paraíso con joyas invaluables que convoca coleccionistas de todo el mundo.
El CDM alberga cientos de grabaciones accesibles para todos los públicos, por lo que potenciar y cuidar sus proyectos es una responsabilidad que va más allá del Estado. Compete a las instituciones educativas, agentes de las industrias creativas, medios de comunicación y a la ciudadanía en general, apropiarse y habitar estas instituciones culturales.
La más reciente incorporación del CDM ilustra perfectamente la función social de esta institución. La familia del músico y compositor valluno Héctor Cedeño acaba de donar al Centro un conjunto excepcional de partituras: bambucos, pasillos y guabinas que dibujaron el paisaje sonoro del suroccidente colombiano, pero también misas y villancicos que revelan la dimensión litúrgica de un artista cuya obra no era accesible y podría estar en riesgo. Esta donación excepcional es ahora patrimonio de todos los colombianos. Ingresan a un sistema de conservación y catalogación que garantiza su supervivencia y, sobre todo, su acceso.
¿Quién fue Héctor Cedeño?
Compositor e intérprete del Valle del Cauca, Cedeño (1911-2004), cultivó con igual pasión los géneros de la música andina colombiana y la música sacra. Sus partituras, ahora bajo la custodia del CDM, abarcan desde bambucos y pasillos hasta misas y villancicos, y representan un testimonio invaluable de la identidad musical del suroccidente del país. Sus archivos privados son también patrimonio colectivo, y de cada colombiana y colombiano que alguna vez ha cantado un bambuco sin saber de dónde viene esa melodía. Santa Cecilia, patrona de los músicos, poetas y ciegos fue tal vez la musa más recurrente en el repertorio de Cedeño, tanto así que fue fundador, en su ciudad natal, Tuluá, del Festival Santa Cecilia de Música Andina Colombiana el más antiguo del país y hoy más vigente que nunca. Su Misa # 12, en honor a esta santa, es una pieza fundamental en el repertorio musical de la nación.

Medio siglo después el sueño de De Greiff y Feferbaum se ha consolidado como un lugar donde la música colombiana tiene nombre, tiene fecha, tiene cuerpo. Un lugar donde el pasado no se congela sino que se pone a circular y a dialogar con el presente. El reto de los próximos cincuenta años es que este lugar reciba más colecciones, recursos para su preservación y divulgación y que la ciudadanía se apropie y visite este valioso espacio en el centro de la capital.
Colombia lleva siglos construyendo su identidad a través del sonido. El CDM es el lugar donde esa construcción se puede ver, tocar y escuchar. Cuidarlo no es un gesto nostálgico: es, sencillamente, la condición para que la música colombiana siga teniendo futuro.
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