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Piezas arqueológicas repatriadas.
Piezas arqueológicas repatriadas.
Cultura

“Estamos viendo ciudadanos que deciden devolver piezas por convicción”: Yannai Kadamani, ministra de las Culturas

Desde Chile regresaron a Colombia 174 piezas arqueológicas entre las que se encuentran objetos cerámicos, muestras de orfebrería y elementos tallados en piedra.

Por: Lariza Pizano

Yannai Kadamani Fonrodona, ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, explica el significado político, cultural y simbólico de la repatriación de 174 piezas arqueológicas desde Chile, un proceso que refleja una nueva manera de entender el patrimonio: como derecho, como memoria viva y como espacio de encuentro entre culturas.

Las piezas arqueológicas repatriadas por Colombia —más de 1.194 bienes arqueológicos en los últimos años— corresponden a una amplia diversidad de objetos prehispánicos, entre ellos cerámicas, piezas de orfebrería, elementos tallados en piedra y figuras de carácter ritual, funerario y simbólico, asociadas a culturas como la Tayrona, Quimbaya, Calima, Muisca y Tumaco-La Tolita. Se trata de bienes con una antigüedad que en algunos casos supera los 2.000 años, provenientes de sociedades originarias del territorio colombiano. CAMBIO habló con Yannai Kadamani Fonrodona acerca de la importancia de la repatriación del patrimonio arqueológico del país.

CAMBIO: ¿Quién es la familia Errázuriz Cox y cuál es el origen de esta colección?

Yannai Kadamani Fonrodona: La historia de esta colección está ligada a la vida de Jaime Errázuriz Zañartu, un arquitecto chileno que llegó a Colombia en los años cincuenta en el marco del Convenio Andrés Bello. Su paso por ciudades como Cali y Bogotá fue profundo, no solo desde la arquitectura sino también desde la vida cultural. Durante décadas, estas piezas permanecieron bajo custodia familiar. Hoy, más que mirar el pasado desde la acumulación, este proceso nos invita a resignificar esas trayectorias desde la corresponsabilidad con la memoria colectiva.

CAMBIO: ¿Por qué la familia decide devolver voluntariamente estas piezas?

Y. K. F.: Este caso tiene un valor especial porque nace de una decisión voluntaria. La familia tomó la iniciativa de contactar al Estado colombiano para iniciar el proceso de retorno. Eso nos habla de algo fundamental: estamos avanzando hacia una conciencia global en la que el patrimonio deja de ser propiedad privada para reconocerse como memoria compartida. Ese cambio cultural es tan importante como la repatriación misma.

CAMBIO: ¿Cómo fue el proceso de repatriación?

Y. K. F.: Fue un proceso articulado, riguroso y profundamente respetuoso entre instituciones y ciudadanos. La familia contactó a la Cancillería, que activó el proceso junto con el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). Se realizó un primer peritaje técnico, luego la entrega en la embajada de Colombia en Santiago de Chile, y finalmente el traslado al país, autorizado el 21 de abril de 2026 y concretado el 28 de abril. Este tipo de procesos muestran que la diplomacia cultural también se construye desde la confianza y la cooperación.

CAMBIO: ¿Qué papel jugaron las instituciones del Estado?

Y. K. F.: Este es un ejemplo claro de trabajo colectivo. La Cancillería lideró el canal diplomático, el ICANH garantizó el rigor científico y técnico, y desde el Ministerio de las Culturas acompañamos el proceso en el marco de una política pública que entiende el patrimonio como un derecho de todas y todos.

CAMBIO: ¿Cómo se verificó la autenticidad y el estado de las piezas?

Y. K. F.: El proceso combina ciencia, técnica y cuidado. Se realizó un primer análisis con base en registros fotográficos y, ya en Colombia, se hará un peritaje presencial para evaluar materiales, estado de conservación y filiación cultural. No se trata solo de validar objetos, sino de reconocer historias, territorios y culturas que están detrás de ellos.

Yannai Kadamani Fonrodona
Yannai Kadamani Fonrodona, ministra de Cultura.

CAMBIO: ¿Por qué este caso es un hito?

Y. K. F.: Porque marca un cambio de paradigma. Durante años, muchas repatriaciones fueron resultado de procesos judiciales o incautaciones. Hoy estamos viendo un escenario distinto: ciudadanos que deciden devolver piezas por convicción. Eso transforma la relación con el patrimonio. Lo mueve del conflicto hacia el diálogo.

CAMBIO: ¿Qué ha cambiado en la política de repatriación en los últimos años?

Y. K. F.: Hemos avanzado en tres frentes clave. Primero, en volumen: más de 1.017 piezas repatriadas entre 2022 y 2025. Segundo, en articulación institucional: hoy trabajamos de manera coordinada entre Presidencia, Cancillería, ICANH y otras entidades. Y tercero, en enfoque: entendemos la repatriación como un acto de reparación simbólica, de memoria y de justicia cultural.

CAMBIO: ¿Qué significa el regreso de estas piezas para el país?

Y. K. F.: Significa recuperar fragmentos de nuestra memoria. Estas piezas no son solo objetos arqueológicos. Son expresión de culturas como Tumaco-La Tolita, San Agustín o Tayrona. Son conocimiento, espiritualidad, formas de vida. Su regreso permite que vuelvan a dialogar con los territorios, con las comunidades y con las nuevas generaciones.

CAMBIO: ¿Pueden estas devoluciones voluntarias convertirse en modelo?

Y. K. F.:  Sí, y ese es uno de nuestros principales aprendizajes. Estamos avanzando hacia un modelo que combine lo jurídico con lo ético, lo diplomático con lo cultural. Un modelo donde la voluntad de quienes custodian las piezas sea un factor central.

CAMBIO ¿Qué viene ahora en materia de repatriación?

Y. K. F.: Sabemos que aún hay muchas piezas en el exterior, muchas de ellas sin trazabilidad clara debido a redes históricas de tráfico ilícito. Nuestra hoja de ruta es clara: fortalecer la cooperación internacional, consolidar un modelo de repatriación y seguir promoviendo las entregas voluntarias. Pero, sobre todo, avanzar en algo más profundo: que el patrimonio deje de ser un privilegio de unos pocos y se convierta en una posibilidad real para las mayorías. ¡Es que es de todas y todos!

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