
“‘Lactar’ es mi película más comercial sin dejar de ser de autor”: Harold Trompetero
Victoria es una mujer de 62 años de clase alta que no le encuentra ningún sentido a su existencia y lleva una doble vida en la que termina enredada con su chofer, del que queda embarazada.
Más allá de su trama, dramática y conmovedora, la nueva película de Harold trompetero —que en mayo llega a las salas de cine de Colombia— se detiene en asuntos a los que muy rara vez se le presta atención. Además del racismo solapado, la violencia familiar que sabe guardar las apariencias, la incomunicación y el tedio que provoca un matrimonio rutinario, la película explora el deseo y la maternidad en las mujeres de avanzada edad, la libertad de decidir sobre el propio cuerpo y el alto costo que se paga cuando se rompen las normas establecidas. María Helena Döering, Diego Trujillo y Julián Díaz son los protagonistas de esta película que se rodó en Bogotá y La Calera, en la que Trompetero se la jugó con una estética por lo general fría y silenciosa en la que los gestos dicen mucho más que las pocas palabras que se pronuncian. CAMBIO habló con Trompetero acerca de Lactar y de su mirada al cine colombiano contemporáneo.
CAMBIO: ¿Qué inspiró esta historia?
Harold Trompetero: En mi casa, una señora iba a hacer el oficio. Se llamaba Victoria, como la protagonista de la película. Ella no necesitaba hacer este tipo de trabajos para vivir y se me hacía raro. Un día le pregunté por qué lo hacía y me dijo que ahí le encontraba más sentido a la existencia que quedándose encerrada en su casa. Después de haberle entregado la vida a su familia, ya no quería irse a un club ni a jugar bridge ni a tejer. En cambio, al llegar a mi casa encontraba historias relacionadas con otra gente que allá llegaba. Me confesó que en secreto ella vendía minutos de celular y cuidaba niños en jardines infantiles. A partir de ahí yo empecé a fabular. ¿Qué pasaba si esta señora caía en una relación extramatrimonial y a su tardía edad quedaba embarazada? Ese fue el origen de la historia que terminó deviniendo en una reflexión muy transversal de la sociedad.
CAMBIO: Usted dice que tardó muchos años en llevarla al cine. ¿Cómo fue ese proceso?
H. T.: Sí, Lactar fue un proceso que me llevó 15 años desde el momento en que tuve la idea de contar la historia de esta mujer adulta mayor de clase alta que queda embarazada. Lo primero que se me ocurrió fue una película y empecé a escribir el guion. La aproximación a lo femenino era muy complicada: fueron como 30 reescrituras del guion. Siempre estuve buscando la financiación. Yo logro esas financiaciones de una manera más o menos orgánica y fluida. Esta, en cambio, se malogró como cinco veces. A los 10 años de haberla ideado ya estaba frustrado y decidí escribir la novela. Y justo cuando me senté a escribir la novela, la primera frase que puse fue “qué hacer con la vida”, esa frase que late por toda la película. En ese momento entendí realmente de qué iba la historia. Que más allá de la mujer adulta mayor que queda embarazada, es una historia que hace una reflexión de lo que somos como sociedad desde una perspectiva que no hemos visto, la perspectiva de la clase alta que casi no ha sido retratada de manera profunda en nuestro universo audiovisual. Una perspectiva sobre la dignidad en la clase popular, sobre el racismo sobre el machismo, sobre la violencia intrafamiliar sorterrada y silenciosa que se vive en general en la sociedad, pero sobre todo en las clases altas.
CAMBIO: ¿En qué se diferencia esa violencia intrafamiliar de las clases altas?
H. T.: En las clases bajas esa violencia hacia la mujer es muy evidente porque hay golpes y moretones. En las clases altas es muy silenciosa, porque por lo general es una violencia económica, psicológica, moral.
CAMBIO: Y por lo visto, de la frustración de quedarse sin película pasó a tener novela y película.
H. T.: Sí. Hace un año lancé el libro y en ese momento se desenredó todo.

CAMBIO: ¿La película se basa en la novela? Dicho de otro modo, ¿la novela es el guion literario de la película?
H. T.: No. Cuando fui a hacer la película me di cuenta de que no tenía que hacer una adaptación literal del libro sino que tenía el permiso de descuartizarlo y rehacer nuevamente la historia. Si bien es la misma anécdota, no es la misma lógica narrativa. Tampoco son los mismos personajes. Tienen un desarrollo totalmente distinto el libro y la película.
CAMBIO: Al ver la película se percibe que usted buscó que los protagonistas hablaran lo mínimo necesario. ¿Es así?
H. T.: Con el tema de los diálogos hay varias cosas. Después de escribir 30 versiones del guion había muchísima información que sobraba. Yo creo que nuestro público, que ha sido tan televisivo, ahora está asimilando los contenidos audiovisuales de otra manera. En este momento hay un cambio drástico en las plataformas y en las formas de recibir contenido audiovisual. Me di cuenta de que no hacía falta decir tanto en este momento. En un mundo donde vamos a millón, donde las redes sociales están a ‘toda leche’ y el estímulo audiovisual es tan fuerte, la experiencia cinematográfica creo que invita a una pasividad, a una explicación, a un silencio. Y también es una respuesta a esa lógica que enseñaban los maestros de cine y de de dramaturgia. La literatura son pensamientos, el teatro son diálogos y el cine son acciones. Entonces tratamos de hacer esa limpieza para que la película fuera más que todo de acciones. Los contados diálogos que tiene paradójicamente causan muchísima reacción en el público y lo llevan hasta la risa. En esa búsqueda de adaptarme a los nuevos lenguajes audiovisuales a los que estamos enfrentados fue una suerte lograr limpiar la película de tanta verborrea.

CAMBIO: Usted que navega en las aguas del llamado cine comercial y también en las del llamado cine de autor, ¿cómo ve la industria audiovisual en Colombia en estos momentos?
H. T.: Ha habido una evolución en nuestra sociedad en la forma en consumir y en la forma en que debemos expresarnos a nuestras audiencias. Mi interés siempre ha tenido buscar la mayor conexión con las audiencias, llegar a un mayor número de audiencias posibles. En ese trasegar he experimentado por muchos terrenos. Creo que durante mucho tiempo explotamos un lenguaje muy televisivo, muy básico, un humor muy básico, que era lo que la sociedad estaba en el nivel de asimilar en esos tiempos. Fue una fórmula que se desgastó y lamentablemente yo tengo ‘mea culpa’ de eso. Ahuyentamos a nuestras audiencias porque llevamos el humor popular básico dentro de una estructura casi que de la burla a sus máximas expresiones y la gente ya no quiere ver más eso.
CAMBIO: ¿Cómo cambió la marea?
H.T.: El público busca ahora contenidos audiovisuales con una elaboración más mesurada, más acorde con lo que ellos ven en las plataformas, más acorde a los tiempos que nos rodean y está ávido de que le cuenten cosas que no ha visto. La recurrencia del cine comercial colombiano fue contar el mismo universo de clase media, popular, folclórico, dicharachero, musical, y con musical me refiero a jolgórico y chistorete, y creo que con Lactar se plantea desde donde se puede ver el cine comercial colombiano.
CAMBIO: ¿Entonces en qué lado ubica a Lactar? ¿Como película comercial o cine de autor?
H. T.: Paradójicamente, yo siento que no he hecho una película más comercial que Lactar. Es mi película más comercial sin dejar de ser de autor. Yo creo que una cosa no pelea con la otra y considero que todas mis películas han sido de autor, unas con unas cadencias y unas formas que son más experimentales, más refinadas si se quiere. Esta es una película netamente comercial dentro de una estructura melodramática, pero con una calidad, una finura, una estética y una comprensión más acorde con el nivel de nuestras audiencias del día a día.
CAMBIO: ¿Cómo evidencia usted ese cambio en las audiencias?
H. T.: Vemos que las audiencias están respondiendo muy bien a este tipo de contenidos. Están películas como Un poeta, que rompió todos los récords de taquilla el año pasado en Colombia, películas como Adiós al amigo, que tienen un diálogo con la audiencia y vemos que paradójicamente las películas que insisten en esa fórmula convencional que yo he aplicado muchísimas veces están en caída profunda. Entonces, esta es una apuesta de reinventar este diálogo con nuestra sociedad, que en últimas es lo que se hace con el cine.

Lactar
Dirección: Harold Trompetero
Productores ejecutivos: Harold Trompetero, Jeizel Andrea Suárez S.
Guion: Harold Trompetero
Elenco: María Helena Doering, Diego Trujillo, Julián Díaz, Alejandro Escobar Doering, Jacques Toukmanian, Ana Nieto, Sofía Arrieta,
Francisco Zambrano, Laura Lara, Eliana Diosa, Heidy Carrasco
Música: Andrés Martínez
Género: Drama.
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