
La nueva longevidad y los múltiples retos que plantea
El desarrollo de la medicina y de las políticas públicas en salud han traído como consecuencia que hoy, en Colombia, la esperanza de vida de las personas sea alta. Mauricio Reina, en su libro ‘Bonus track’, analiza los retos que esta situación les plantea a los sistemas de salud y pensional, como también a quienes viven esos años extra en que disminuyen los ingresos y suben los costos en servicios de salud. ¿Qué hacer para que estos años finales de la vida sean llevaderos?
Por: Eduardo Arias
De la misma manera que la tecnología ha cambiado de manera abrumadora en los últimos tiempos, la esperanza de vida de las personas es cada vez mayor. A primera vista, vivir más tiempo es una muy buena noticia. Pero una cosa es vivir más y otra muy diferente es poder vivir bien en esos años extra. ¿Cómo lograr vivir ese tiempo extra o añadido en condiciones dignas?
Bonus track, escrito por Mauricio Reina en colaboración con su pareja Patricia Morales y su amigo Ricardo Aponte, sicoanalista, y con prólogo de Piedad Bonnett, es un libro que explora y analiza cómo llegan la personas a la edad de pensión y las conclusiones son más bien preocupantes, además de reflexionar sobre el sistema de salud, el modelo pensional, las finanzas de quienes llegan a los 60 años, y el culto a la juventud de la cultura occidental. Bonus track también es una exploración de su experiencia personal y una mirada al pasado para entender su presente.
Mauricio Reina es economista y crítico empírico de cine colombiano. Tiene una maestría en relaciones internacionales de la Universidad Johns Hopkins y en economía de la Universidad de los Andes. Investigador de Fedesarrollo, comentarista en varios medios de comunicación. Actualmente es el analista del noticiero Red+ Noticias.
En carne propia
Su interés por estudiar la mayor longevidad y reflexionar sobre ella vino de tres circunstancias: una externa y dos más personales. La externa, ser consciente del inmenso cambio demográfico en Colombia y en el mundo, y que en Colombia ha significado que la pirámide demográfica se está alargando hacia arriba y achatando abajo. En 10 años va a haber más mayores de 60 años que menores de 15 en la sociedad colombiana. Y según la tasa de fecundidad de 1,2 nacimientos por mujeres en edad fértil, la población colombiana se está contrayendo. “Las dos motivaciones personales tienen que ver con que llegué a la edad de pensión. Aunque sigo trabajando plenamente y contento, recibir la primera mesada pensional siempre es una campanada de alerta sobre lo que viene, tanto por haber llegado a cierta edad como por verificar la magra pensión. Y eso acentúa el otro campanazo de alerta de hace seis años, cuando tuve un infarto. Ambas cosas muestran que el tiempo pasa y nos vamos volviendo viejos. La tercera circunstancia tiene que ver con un interés colectivo mío, de Patricia Morales, mi pareja, y de Ricardo Aponte, quien fuera mi sicoanalista y hoy es amigo nuestro. Cada uno por motivos distintos está interesado en la mayor longevidad. Tanto alrededor de la pareja como en grupos de amigos cultivamos una confianza y un espacio de comunicación que permite sacar muchas cosas que estaban adentro”, explica.
El fenómeno de la mayor longevidad se ha estudiado en el mundo, especialmente por los demógrafos. “Lo tienen clarísimo y desde hace rato vienen llamando la atención sobre la mayor longevidad y la reducción en la fecundidad”, dice Reina. En Estados Unidos en concreto, además de los demógrafos, en los últimos 10 años diferentes sectores y disciplinas han empezado a mostrar un creciente interés sobre lo que significa esta nueva etapa que antes era desconocida. “Le han metido mucho el diente a las cifras, a la parte económica, a la parte médica, a la parte biológica, a la parte psicológica y nosotros hemos estado estudiando eso”. Para él, siempre ha habido gente longeva, pero antes no era un fenómeno generalizado que estuviera cambiando patrones demográficos, perfiles culturales, circunstancias económicas. “Ahora todo eso sí está sucediendo”.
En Colombia, el interés es mucho más reciente y lo muestran ya sea individuos como médicos u organizaciones privadas. Paradójicamente —dice Reina—, en el ámbito público, donde debería salir un documento Conpes para la longevidad, no hay mucho interés y no ha habido mucho análisis. Agrega que en la reforma laboral hay unos incentivos para que se contrate gente mayor, “pero sigue siendo más asistencialista que otra cosa. En la reforma pensional no se modificó la edad de pensión, algo que es fundamental en toda esta discusión. En Bogotá le están metiendo un poquito más el ‘diente’, pero no de manera contundente”, agrega.

Con respecto a los retos que empieza a enfrentar una persona mayor de 50 años en Colombia, Reina destaca tres dimensiones. La primera es que, por legislación, hábito cultural y percepción de la gente, empieza a presentarse un marginamiento gradual del mercado laboral formal y razonablemente remunerado. “Las cifras del Dane muestran que después de la edad de pensión la gente sigue trabajando, pero aumenta sustancialmente el índice de informalidad. Mucho de eso es autoempleo y además caen los ingresos promedio. Entonces, alguien que pase de los 50 entra en una especie de limbo previo al marginamiento del mercado laboral formal y razonablemente remunerado”.
En su opinión, esa realidad está relacionada con la legislación porque la edad de pensión debería ser mayor para hombres y mujeres dado que ha aumentado la longevidad. “Además, existe una cuestión cultural en la que la sociedad, adoradora de las dotes y características de la gente más joven, empieza a ver a la gente mayor como un recurso marginal o despreciable en algunos casos”.
El segundo elemento es la salud. “A medida que avanza la edad van apareciendo las enfermedades crónicas como el cáncer, el infarto, dolencias cardiovasculares y neurodegenerativas y la diabetes. Esas enfermedades crónicas representan muchos más costos para el sistema de salud, pero también para la persona”.
En la medida en que el sistema de salud está crónicamente desfinanciado en Colombia, esos costos se trasladan al bolsillo de la persona. Las estadísticas del Dane muestran que alrededor de los 55 años empiezan a caer sustancialmente los ingresos laborales del promedio de los colombianos y paralelamente van subiendo los costos de salud. “Ese segundo panorama es bastante apremiante”, advierte. Y la tercera tiene que ver con al5go que él denomina la dimensión desconocida. “Hay un libro sobre este tema de un autor italiano que me gusta mucho y se llama La edad experimental. Y es experimental porque ni la cultura ni el mercado laboral ni la normatividad ni la educación están adecuados a la longevidad. Por supuesto que, insisto, hay casos sobresalientes, pero en esta época son muy excepcionales. Ahora es más generalizado pasar de los 90 años y en esa medida la gente que avanza por ese camino lo hace por un terreno inédito, inexplorado, solitario y por eso estas reflexiones colectivas son importantes”.
Y de la misma manera que muchas personas, el país tampoco está preparado para la nueva longevidad por razones similares. “Somos víctimas de un mal de la cultura occidental que es la adoración por la juventud y el desdén hacia las edades mayores. Obviamente, en esa cultura occidental quedan insertas ciertas culturas ancestrales, como pueden ser los mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta, las tribus indígenas que tienen una noción distinta de los mayores. Pero en general esa adoración está allí y eso hace que no se vea con atención el problema que se está incubando desde el punto de vista pensional, ni el que se está incubando desde el punto de vista laboral”, dice.
Anota que el cambio dramático de la pirámide demográfica hará que en los próximos años los jóvenes no puedan pagar las pensiones de los mayores, que es el principio básico de Colpensiones o del sistema público de pensiones. “En el sistema privado, uno se pensiona con lo que ahorró. Políticamente va triunfando el sistema público, pero técnicamente y matemáticamente va derrotado de cabeza y nadie se da cuenta o por lo menos no lo dejan ver”, señala. Al igual que para las personas de avanzada edad, las enfermedades crónicas representan un costo altísimo para la sociedad. “El sistema de salud colombiano está crónicamente desfinanciado. Ese tema tampoco lo hemos encarado”.
El tercer elemento es que el mercado laboral va a tener el mismo problema del sector pensional. “Si todos vamos en una misma barca y a lo largo del tiempo los menores van desapareciendo de la barca, tienen que trabajar los mayores”. Esa metáfora es una alusión a la sociedad. Si no se recapacita y se reentrena a los mayores para que sigan trabajando, si la sociedad no vuelve a valorar el trabajo de los mayores y los pone a interactuar con los trabajadores más jóvenes “esta barca se va para el carajo”.

Los ecos del pasado
La decisión de escribir en primera persona y traer al libro muchos recuerdos de infancia y juventud se debe a que Reina, Ricardo Aponte y Patricia Morales identificaron a partir de la bibliografía que consultaron, principalmente anglosajona, seis dimensiones para tener una buena longevidad y que se analizan y discuten en detalle en el libro. Son ellas la salud física y mental; la salud financiera; la vida en comunidad; la ocupación y el aprendizaje; el disfrute; y la motivación para levantarse cada día. “Cuando uno enuncia esas dimensiones, escribe sobre ellas y muestra su importancia, es inevitable mirar hacia adentro y es inevitable mirar la experiencia personal. Tratar de ver cómo estoy yo en cada una de esas dimensiones. Y al tratar de ver cómo está uno es inevitable irse al pasado y ver sobre qué terreno se fueron sembrando las semillas para ser hoy lo que yo soy”, afirma.
Piensa que de pronto habrá personas a las que les parezca inadecuado hablar en primera persona, pero enfatiza en que la motivación del libro y su hilo conductor se relacionan con esa exploración de ese terreno inédito para la humanidad que es tener tantos longevos actualmente. “En un terreno inexplorado uno va caminando y la mejor reflexión que puede hacer es mirar hacia uno mismo y ver cómo maneja los retos que encuentra. Eso me llevó a mí a escribir sobre el pasado”, dice.
Una conversación inaplazable
Reina concluye con que la motivación que Aponte, Patricia Morales y él han tenido para darle vueltas al tema y escribir el libro ha sido contribuir a una conversación necesaria alrededor del reto que enfrenta la sociedad con el fenómeno de la longevidad. Contribuir a la discusión de políticas públicas y sociales y a que las personas dialoguen sobre la nueva longevidad. “Esa contribución es necesaria porque ya están claros los retos tan grandes que tenemos como sociedad en lo pensional, la salud, en el tema económico, en el mercado laboral”, explica. Pero también es necesaria en el ámbito individual. “Al llegar a cierta edad, las personas se sorprenden porque ya no les alcanza la plata o descubres que tienen un problema de salud. Cada persona siente que ese es un calvario único, personal y no hay mucha conversación entre unas y otras personas alrededor de lo que esto representa. Y como todos estamos transitando estos terrenos inéditos de la mayor longevidad, la conversación colectiva, y perdón por el pleonasmo, es necesaria, enriquecedora y nos permite encontrar buenas respuestas a nuestras preguntas”.
Finalmente advierte que la gente joven debe participar en esa conversación. El que no se cuida desde que es joven no tiene de viejo una buena salud y no puede echar marcha atrás. Lo mismo sucede con la salud financiera. El que no tiene unos recursos ahorrados desde joven o no tiene unos hábitos de ahorro desde joven, después no tiene cómo sostenerse. “La ausencia de un diálogo intergeneracional y el no hablar de estas cosas es bastante ineficaz y bastante improductivo”, afirma.
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