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Grano de café colombiano
El café colombiano es reconocido internacionalmente como uno de los de mayor calidad del mundo. Crédito imagen: Colprensa.
Economía

La buena hora del café colombiano: los retos de mantener la producción al alza sin perder la calidad en el intento

El café colombiano vive su mejor temporada en más de tres décadas mientras el precio internacional está en máximos históricos. Mientras los productores aprovechan el cuarto de hora, el sector busca mantener la buena racha cafetera en tiempos de cambio climático y una ardua competencia con otros países. ¿Qué desafíos enfrenta el sector?

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

En Colombia más de 550.000 familias dependen del cultivo de café. El tradicional grano, reconocido como el producto agrícola de exportación por excelencia, está pasando por un año dorado en que los buenos precios y una buena cosecha les han permitido a los caficultores sacarle provecho a la coyuntura, a pesar de los aranceles que golpearon al producto hasta hace un par de días.

La producción de café este año está dejando las mejores cifras en tres décadas. Según la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), entre noviembre de 2024 y octubre de 2025 –los últimos 12 meses de los que se tiene registro– la producción total de café en Colombia aumentó 14 por ciento y alcanzó 14,7 millones de sacos de 60 kilos, frente a 12,9 millones de sacos del mismo periodo anterior.  

En comparación con sus principales competidores, la producción de café colombiano es modesta. Brasil, el mayor productor del mundo, pone al año en el mercado alrededor de 70 millones de sacos, aproximadamente un tercio del café global, y el segundo productor, Vietnam, es responsable anualmente de cerca de 30 millones de sacos.

Gráfico café colombiano
Crédito imagen: CAMBIO / Elaboración Yamith Mariño.

La buena racha que se viene dando en el café tiene varias explicaciones. Brasil y Vietnam han tenido varios problemas climáticos este año, con sequías en ambos países en los primeros meses del año, y heladas en agosto en Brasil. El efecto del clima en los cultivos de esos dos países terminó afectando la disponibilidad del grano en el mercado internacional, y ante la escasez de café, el precio internacional se disparó.

La cotización del café en la Bolsa de Nueva York se ha mantenido a lo largo del año alrededor de los 4 dólares por libra, un precio que llega a doblar las valoraciones promedio del café en el mercado internacional de los últimos años.

A todo esto se sumó un año en el que los precios internacionales de los fertilizantes se han mantenido bajos y las condiciones climáticas internas ayudaron a la cosecha de los primeros meses del año de los caficultores colombianos. Una combinación perfecta.  

La buena racha que cobija a los caficultores

El cultivo de café en Colombia es más que una simple actividad agrícola. Es cultura y tradición en 603 municipios y 23 departamentos y muchas familias han vivido del cultivo por varias generaciones. De las 550.000 familias que se dedican a la actividad, el 95 por ciento son pequeños productores.

Carolina Cabrera es una pequeña caficultora huilense. Aprendió el oficio de su padre, que tiene una producción mediana con 80.000 árboles, y hoy, a sus 33 años, la mujer tiene su propia finca de 3,5 hectáreas de café, ubicada a 1.680 metros sobre el nivel del mar en el municipio de Guadalupe, al sur del departamento.

“Más que una actividad económica es un estilo de vida, y es cultura colombiana”, dice Cabrera, quien hoy tiene su propia marca Cabrera’s Coffee. Su intención, dice, es que su proyecto crezca, conseguir la maquinaria para tostar y poder vender directamente su café.

Carolina Cabrera, cafetera colombiana
Carolina Cabrera es una pequeña caficultora del Huila. Crédito imagen: Cortesía.

Cabrera reconoce que 2025 ha sido un año “benevolente” con el sector. Con el precio al alza y una carga por la que han llegado a pagarle 2.700.000 pesos. La caficultora asegura que el cultivo del café es rentable, que “se puede vivir de él” y que el modelo asociativo de los caficultores colombianos ha sostenido por décadas a miles de familias. Pero la pequeña productora también es consciente de que en este cultivo las condiciones cambian constantemente.

“Hoy tenemos una bonanza, pero hay que mirar otro tema, las condiciones climáticas no nos han favorecido mucho, por el cambio climático han cambiado los periodos de fluorescencia. Me preocupa cómo será la cosecha en 2026”, dice.

De hecho, no todos los caficultores están aprovechando los precios. Un estudio elaborado por Solidaridad, una organización internacional de la sociedad civil que desde hace más de medio sigo se enfoca en soluciones para crear cadenas de suministro más sostenibles y apoyar a las comunidades, uno de los principales hallazgos es que persiste el desafío de que los pequeños productores puedan favorecerse de los picos históricos de precios del grano.

En su reciente Informe de Costos del Café, la organización encontró que en muchas ocasiones los pequeños productores ofrecen café a precios que no siempre están en línea con el mercado, debido a que se ven presionados a vender el grano en poco tiempo, incluso en algunos casos cuando el café aún está mojado.  

Dicho estudio se basa en la información recolectada por las organizaciones que conforman el Acuerdo Café, Bosque y Clima en 2024 de 1.280 fincas cafeteras en 11 departamentos de la Región Andina, y asegura que, “este afán se genera por la alta demanda de capital operativo, pues se estima que este absorbe más de 50 por ciento de la cosecha”. 

Más allá de la coyuntura de precios en los últimos meses hay otros factores que han ayudado a los cafeteros a mejorar su producción y que podrían ser más claves hacia adelante. En los últimos cinco años los productores han trabajado en aumentar la densidad en los cultivos, es decir, el número de árboles sembrados por hectárea, y también se han renovado los cafetales, dado que las plantas jóvenes son más productivas. 

Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Asociación de Agricultores de Colombia (SAC), menciona también que tanto el gobierno de Iván Duque como el de Gustavo Petro aprovecharon el Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios (Faia) para este cultivo, lo que fomentó la actividad.

A pesar de la buena producción y los altos precios de los últimos meses, el presidente de la SAC considera que esto no es una “bonanza cafetera”, y que los buenos resultados podrían no prolongarse de manera sostenida en el tiempo: “Ha sido un año con un comportamiento interesante, pero depende de muchos factores y variables que no controlamos en Colombia”.

De hecho, los cafeteros son conscientes de que este ‘cuarto de hora’ podría acabarse pronto. Germán Bahamón, presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, explica que octubre es un mes que marca un punto de inflexión tras un buen año cafetero de buenos resultados, pues inicia el descenso cíclico de la producción del cultivo que se da cada dos años.

“En octubre, la producción cayó un 10 por ciento frente al mismo mes del año anterior, marcando el inicio de una tendencia descendente que, según las proyecciones, podría acentuarse en los próximos dos meses”, aclara Bahamón.

Exportaciones de Café 2
Colombia exporta cerca del 93 por ciento del café que produce. Crédito imagen: Federación Nacional de Cafeteros.

La importancia de las exportaciones de café

El cultivo de café colombiano tiene una vocación exportadora, el país envía cerca de 93 por ciento de lo que cultiva y cosecha a más de 110 países, desde Estados Unidos, el principal destino del grano colombiano, hasta Malta, Azerbaiyán o la República Centroafricana.

Según datos de la Asociación Nacional de Exportadores de Café de Colombia (Asoexport), actualmente hay alrededor de 2.000 exportadores de café en el país, y muchos de ellos son pequeños exportadores.

“Los niveles de exportación han sido buenos, llevamos más de 9,7 millones de sacos de 60 kilogramos exportados, lo que representa un crecimiento de 10 por ciento frente al año anterior”, comenta Gustavo Gómez, presidente de Asoexport.

A pesar del amplio abanico de destinos, las exportaciones del grano colombiano se concentran en pocos países: el 40 por ciento viaja a Estados Unidos, alrededor de 24 por ciento a Europa, y en los últimos años viene creciendo el mercado asiático.

Por eso los aranceles de 10 por ciento que impuso este año el presidente Donald Trump golpearon al sector. Afortunadamente, el precio histórico del grano este año en el mercado internacional aminoró el impacto directo de la medida. Y en los últimos días la Casa Blanca emitió un decreto con el que eliminó los aranceles a una serie de productos que importa Estados Unidos, entre ellos, el café.

Café de exportación
Los granos de café colombianos llegan a más de 100 países. Crédito imagen: Federación Nacional de Cafeteros.

Gómez considera que si Colombia quiere aumentar su producción, y por ende sus exportaciones, necesita explorar zonas no tradicionales para la producción de café o variedades distintas a la arábiga, que es la que se produce en el país.

“Una estrategia es explorar con variedades a nivel del mar, o con variedades no tradicionales, como el café robusta, que se da a menores alturas”, propone Gómez, quien también sugiere revisar la posibilidad de cultivar café en zonas más planas en las que se pueda mecanizar la colecta. “Eso daría un salto a la producción de café”, asegura el presidente de Asoexport.

Pero aumentar la producción y las exportaciones viene amarrado de otro reto: mantener la calidad.

El mejor café del mundo

El café colombiano es conocido internacionalmente por su calidad y su aroma. Por eso el grano colombiano cuenta con una ‘prima de calidad’ en su cotización en Wall Street, que es un valor adicional que se paga por el café de origen colombiano dada su calidad y reputación.

Esta calidad responde al tipo de recolección que hacen los cafeteros colombianos. En el país el café se cultiva en las montañas, especialmente entre las tres cordilleras, esa topografía impide que se haga una recolección mecánica. Además, el grueso de los cafeteros en el país son minifundistas, caficultores de menos de cinco hectáreas, quienes seleccionan a mano las mejores cerezas, aquellos granos rojizos que permiten que los cafés colombianos se cataloguen como de especialidad.

Café
Un caficultor recoge los frutos maduros directamente del árbol. Crédito: Gobernación del Tolima.

El gran competidor, Brasil, tiene un escenario geográfico diferente. Allí el café se produce en grandes extensiones y se recoge con máquinas recolectoras que raspan los cafetales. Por eso Brasil siempre se ha caracterizado por producir en cantidad, pero no en calidad. En la recolección mecánica no se segmentan los granos verdes de los maduros.

Desde hace varios años los cafeteros vienen trabajando en mejorar su productividad con asistencia técnica y hoy está, según datos oficiales del sector, en un promedio de 20 sacos por hectárea, una cifra positiva pero que podría aumentar. El sector viene trabajando desde hace varios años en mejorar las condiciones de los cultivos y en investigación.

A inicio de mes, Bahamón confirmó que la Federación Nacional de Cafeteros ampliará la frontera agrícola del café con una nueva variedad desarrollada para zonas de menor altura y temperaturas más altas: Umbral. Dicha variedad la desarrolló el Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé), dependencia de la Federación, luego de 30 años de investigación.

“La variedad Umbral es un avance científico que abrirá nuevas oportunidades para la caficultura colombiana. Esta nueva variedad estará lista para su implementación en 2027”, prometió Bahamón.

Los cafeteros están trabajando en tecnificar el sector sin perder las tradiciones del oficio colombiano. Desde el año pasado se han inaugurado tres centros de industrialización regional, en Neiva, Manizales y Entre Árboles (Santander), espacios manejados por la Federación con todos los servicios en la cadena del café, como trilla, clasificación, tostión y empaque.

Las nuevas generaciones de caficultores, como Carolina Cabrera, no solo están manteniendo el legado cafetero de varias décadas, sino que también están reforzando la calidad y la experiencia cafetera, con un foco especial en los productos de valor agregado y los cafés de especialidad. A su vez, Colombia está experimentando un auge en los especialistas en café, como los baristas y tostadores, disciplinas en las que incluso hay campeonatos nacionales desde hace un par de años.

Un ejemplo de esos cafés es Devoción, una marca de café de especialidad fundada en 2006 con una promesa especial: que el café llegue a los consumidores apenas un par de días luego de su colecta para que se mantenga fresco. Trabajan con más de 1.000 agricultores que colectan la cereza, y ellos trillan, tuestan, empacan y distribuyen directamente a los consumidores. 

“En el mundo del café todo el mundo habla de frescura, pero casi siempre se refieren a la frescura desde el tostado. En Devoción hablamos de frescura desde el origen. Eso cambia todo. Es extremadamente raro encontrar un café realmente fresco desde el momento en que sale de la tierra hasta el instante en que se consume”, comenta Andrés Gratz, gerente comercial de Devoción en Colombia.

La marca no planea vender su café en supermercados, ya que el modelo de negocio de las grandes superficies se basa en el volumen y la rotación y su idea está en la rapidez y la disponibilidad. “Lo verdaderamente único rara vez está en un estante”, dice Gratz. 

El diferencial colombiano no es la cantidad, es la calidad, pero el reto de la caficultura es aumentar la producción y que sea rentable para todos, más allá de las condiciones del mercado internacional o de la dinámica de otros países. Y mientras el cambio climático amenaza los cultivos hacia el futuro, la experiencia y conocimiento colombiano pueden ser la receta para que el café nacional se mantenga como el mejor café del mundo.

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