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Donald Trump, presidente de Estados Unidos.
Economía

El regreso del proteccionismo: la segunda guerra comercial de Donald Trump

El presidente de Estados Unidos atacó con un arsenal de medidas comerciales. Del otro lado, China se mantiene como un adversario cauteloso que está jugando sus cartas estratégicamente. El mundo ya conoce las consecuencias de una guerra comercial: ¿cuáles serán los impactos de esta nueva arremetida?

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

A diario se mueven a lo largo y ancho del planeta por lo menos 20 millones de contenedores cargados de mercancía. Por barco y por mar, miles y miles de buques y aviones viajan llenos de ropa, utensilios para el hogar, juguetes y celulares que se venden por Amazon, Aliexpress o Shein. También llevan carga pesada, insumos agrícolas, automóviles o maquinaria industrial. El comercio no para y funciona como un vals perfecto entre cientos de países, millones de empresas y consumidores, al tiempo que es el responsable de millones de empleos y de buena parte de la economía mundial.

Pero ese equilibrio comercial se ha ido fracturando por los temores de una segunda guerra comercial, que luego de meses de amenazas y anuncios de aranceles escaló esta semana cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció con bombos y platillos impuestos a las exportaciones de cerca de 130 naciones que ingresan a ese país. El mandatario lo llamó ‘el día de la liberación’.

Como todas las guerras, esta comenzó con pequeños ataques y amenazas. En su campaña, el magnate prometió aranceles de 60 por ciento a las importaciones a Estados Unidos desde China –un viejo adversario económico y político– y de entre 10 y 20 por ciento para el resto del mundo.

Lo que se terminó materializando antes del ‘día de la liberación’ fueron dos aumentos del 10 por ciento para China, que llevaron a una tarifa arancelaria de 20 por ciento para las exportaciones chinas a Estados Unidos y un arancel universal de 25 por ciento para el aluminio y el acero.

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El presidente Trump anunció aranceles para más de 100 países esta semana. *Crédito imagen: Colprensa.*

En las siete semanas de gobierno que lleva Trump, su política comercial se ha convertido en una seguidilla de anuncios de los que luego se arrepiente. Por ejemplo, en dos oportunidades Trump ha pospuesto aranceles de 25 por ciento a México y Canadá, países que se lograron salvar del paquete masivo de esta semana.

China, la otra gran economía global, ha sido el principal adversario político y económico de Trump desde su presidencia pasada, entre 2017 y 2021. Esta semana, Trump le impuso un arancel de 34 por ciento. Pero el tira y afloje de los últimos meses terminó por cansar a Pekín, que este viernes decidió defenderse y respondió con la misma fórmula: aranceles de 34 por ciento para las exportaciones de Estados Unidos hacia China.

Los mercados del mundo respondieron con preocupación; las bolsas se desplomaron y los gobiernos pusieron a correr a sus equipos diplomáticos y comerciales para tratar de contener la situación.

“Bajo las políticas de Trump, lo único cierto es una incertidumbre inusual”, comenta Daniel Velandia, director ejecutivo de Investigaciones y economista jefe de Credicorp Capital, quien asegura que a pesar de que su elección fue vista inicialmente con buenos ojos en el mundo empresarial, la avalancha de medidas sobre aranceles, inmigración y gasto público han ido “más lejos de lo anticipado y por ello los índices bursátiles de Estados Unidos revirtieron la ganancia que lograron pasadas las elecciones”.

La política de Trump y un déja vu comercial

La idea de Trump con todo esto, que también fue una de sus banderas de campaña y el pilar central de la política económica en su administración anterior, tiene una lógica relativamente sencilla: si los productos importados se encarecen, los estadounidenses buscarán comprar más artículos locales, lo que termina fortaleciendo a la industria nacional y resulta en un mayor crecimiento de la economía.

“Cuanto más alto sea el arancel, más probable es que la empresa venga a Estados Unidos y construya una fábrica acá para no tener que pagar el arancel”, dijo Trump en una entrevista con Bloomberg días antes de ganar las elecciones el año pasado.

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Las medidas de Trump afectarán el comercio internacional. *Crédito imagen: Colprensa.*

El problema es que en un mundo globalizado en que se mueven al año 33 billones de dólares, según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD, por su sigla en inglés), puede que esta fórmula no se aplique tal cual. Un carro diseñado en Japón puede ser ensamblado en Brasil con componentes hechos en Vietnam o India, y desde allá se vende a toda América Latina.

Datos de Bloomberg estiman que la primera guerra comercial de Donald Trump, que se inició en marzo de 2018 y se prolongó hasta 2020, cuando ambas naciones alcanzaron un acuerdo, les costó por lo menos 11.000 millones de dólares a los productores estadounidenses. Además, el comercio global se estancó, los consumidores de varios países sintieron el efecto en los precios de varios productos y la economía de China registró en 2019 su peor dato de crecimiento en tres décadas.

En ese entonces, la guerra comercial comenzó con tensiones similares a las que está viendo el mundo hoy. Amenazas de un lado para otro, medidas en respuesta a otras medidas. Los productos más afectados terminaron siendo el acero y el aluminio, las lavadoras y los paneles solares.

Así, bajo el argumento de prácticas desleales de comercio, Trump arrancó con un paquete de aranceles para exportaciones chinas por 50.000 millones de dólares. China respondió gravando las principales exportaciones estadounidenses a su país, los aviones, autos, las frutas y la soja, y Trump les devolvió el golpe con aranceles a más de 1.300 productos, entre ellos varios de tecnología.

A pesar de que en su momento China elevó el caso en varios procesos ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), el máximo organismo rector del comercio internacional, el conflicto escaló al punto que, por directriz del gobierno estadounidense, la tecnológica Google dejó de ofrecer actualizaciones para los dispositivos de la empresa china Huawei.

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Entre 2018 y 2020 el mundo experimentó otra guerra comercial entre Estados Unidos y Freepik. *Crédito imagen: Freepik.*

En días pasados, la directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, aseguró que está monitoreando y analizando las medidas anunciadas por Estados Unidos el pasado 2 de abril. Señaló que muchos de los países miembros del organismo lo han contactado y que la entidad está analizando el posible impacto de estas medidas en sus economías y en el sistema comercial mundial.

“Si bien la situación evoluciona rápidamente, nuestras estimaciones iniciales sugieren que estas medidas, sumadas a las introducidas desde principios de año, podrían provocar una contracción general de alrededor del 1 por ciento en el volumen del comercio mundial de mercancías este año”, dijo Okonjo-Iweala.

El problema es que ni siquiera la OMC ha podido atajar a Trump. El organismo lleva varios años debilitado, entre otras razones porque uno de los tribunales de la entidad conocido como el órgano de apelación está bloqueado desde la pasada presidencia de Trump, porque Estados Unidos ha vetado el nombramiento de los árbitros que lo conforman y hoy no tiene integrantes. Es decir, puede que casos como la imposición de aranceles de Trump lleguen a esta entidad, avancen, pero en última instancia no se puedan resolver.

China, la potencia amigable

Mientras Estados Unidos ataca de nuevo a China con trucos que ya utilizó en el pasado y se aísla del comercio global, la nación asiática ha comenzado a ganarse el favor de muchos otros países y se está convirtiendo en un aliado cada vez más cercano. El país, que hace 75 años apostó por un sistema comunista, ha adoptado a lo largo de las últimas décadas un modelo de producción masiva que lo ubica como la segunda economía más grande del mundo.

Aunque Estados Unidos se mantiene como el principal socio comercial de Colombia en términos de exportaciones –con 29 por ciento del total– y las exportaciones a China apenas llegan al 4,8 por ciento del total, ella compite de cerca por ser el principal proveedor de bienes para Colombia, pues, en cuanto a importaciones, en 2024 el 25,7 por ciento llegaron a Colombia desde Estados Unidos, frente a un 24,9 por ciento originario de China.

China está lista para no depender de nadie y para venderle al mundo, como lo ha venido haciendo con países como Colombia. Hoy solo estamos a 500.000 dólares para que China se convierta en nuestro primer socio comercial, superando a Estados Unidos”, le dijo a CAMBIO Ingrid Chaves, directora ejecutiva de la Cámara Colombo China de Inversión y Comercio, al citar cifras de 2024.

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China, un país con una población de más de 1.400 millones de personas, está buscando especialmente proveedores de productos agrícolas. La pregunta, según Chaves, es si Colombia está preparado para venderle y si cuenta con una estrategia diversificada para ello. “El mundo está preparado para comerciar con China si Estados Unidos no está dispuesto a ello”, dice la ejecutiva, quien considera que, a la larga, aunque en una guerra comercial pierden todos los países, el perjudicado puede ser Estados Unidos por cerrarse al mundo.

El país está facilitando las inversiones y buscando alianzas con los gobiernos y las empresas. Cada vez se muestra como un socio más amigable y atractivo. “China está preparado para asumir esta guerra comercial y Colombia puede verse beneficiado de ello”, asegura Chaves.

El impacto sobre Colombia

A pesar de que Colombia tiene un acuerdo comercial vigente con Estados Unidos desde 2012, fue uno de los muchos países que aparecieron en la lista de la Casa Blanca. Sin embargo, el país figuró como uno de los “favorecidos” con los impuestos más bajos de los que impuso Trump: un arancel de 10 por ciento. Para la nación quedaron exentas las ventas de petróleo y oro que se hacen a ese destino, pero todas las exportaciones agropecuarias sí serán castigadas.

“Si esto se hubiera planteado hace 30 años, sería inconcebible, porque hacíamos la analogía de los libre mercados y la apertura económica. En ese momento no era pensable siquiera que íbamos a vivir una nueva era de proteccionismo”, comentó el ministro de Hacienda, Germán Ávila, ante medios de comunicación el pasado viernes. El ministro confirmó que el Gobierno está evaluando la situación y no descarta tomar “medidas recíprocas” ante la situación que se ha presentado con Estados Unidos.

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Estados Unidos tiene bloqueado el órgano de solución de diferencias de la OMC. *Crédito imagen: Reuters.*

Sin embargo, eso podría jugarle en contra a Colombia. Como explica María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia), las exportaciones de Colombia tienen un peso mínimo para Estados Unidos, pues representan solo el 0,5 por ciento, y las importaciones son apenas el 0,1 por ciento.

“Cualquier acción que tomemos de retaliación no genera un impacto real dentro de Estados Unidos, pero sí pueden terminar teniendo un impacto real en el bolsillo de los colombianos. Sería un tiro en el pie”, advierte.

Muchos de los productos que se exportan de Estados Unidos, como bienes tecnológicos o manufacturas elaboradas, no se producen localmente. Según la experta, el país debería estar concentrado “con una diplomacia comercial, eficiente e inmediata” y presentar su caso particular ante las autoridades de Estados Unidos.

A Colombia le cogió esta situación sin un ministro o ministra de Comercio nombrado en propiedad, tras la salida de Luis Carlos Reyes a principios de marzo, luego de semanas de cambios y remezón en el gabinete ministerial. Entre tanto, la ministra (e), Cielo Rusinque, y la canciller, Laura Sarabia, han intentado reducir el daño y anunciaron que el Gobierno está “liderando una estrategia integral para ampliar y consolidar nuevos destinos” para las exportaciones colombianas.

Exportar no es tan fácil como lo pintan

Para Trump, los aranceles son un instrumento de negociación y la tarea de los gobiernos es tratar de disminuirlos. “Lo que no esperaba Trump es que le respondieran con más aranceles, como hizo China”, comenta Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), quien no descarta que puedan venir más medidas de parte y parte y que se agrave la situación.

Varios expertos han dicho que, a pesar del arancel que le tocó a Colombia, ‘la cancha está equilibrada’ porque también les impusieron esos impuestos a otras economías cercanas, como Chile, Perú, Ecuador, Argentina, Uruguay y Costa Rica, y es de los más bajos en comparación con el de otros países.

José Roberto Concha, consultor empresarial y experto en comercio exterior, considera que hay oportunidades puntuales, como en el caso del café. Si se compara con el segundo productor mundial, Vietnam, las exportaciones colombianas resultarán más competitivas porque a ese país le tocó una tarifa de 46 por ciento.

“Venimos con muy buenos precios y los stocks pueden estar muy bajos. Lo anterior aplica para todos los productos agrícolas, la oferta no aparece de la noche a la mañana y no sabemos qué tan definitivos son los nuevos aranceles”, sugirió el experto.

Pero también hay amenazas, porque si varias economías similares tienen la misma tarifa, se termina nivelando la oferta de los productos, y si cae la demanda en Estados Unidos por los mayores costos, es posible que no haya espacio para que todos los países vendan sus productos. “Puede que incremente el contrabando porque el proveedor extranjero buscará estos mercados ‘porosos’ para salir de sus stocks”, explica.

Una cosa es anunciar que se están buscando nuevos mercados y otra lograrlo. En Colombia, al cierre del año pasado solo 9.370 compañías colombianas estaban registradas como exportadoras, de un universo de más de 1,7 millones de empresas.

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En Colombia, cerca de 9.000 empresas son exportadoras. *Crédito imagen: Colprensa.*

Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), señala que los retos de exportar van más allá de encontrar países interesados. También se necesitan protocolos de admisibilidad y eso toma tiempo.

Por más bajo que suene un arancel del 10 por ciento, el sector agropecuario se verá golpeado por la relevancia que tiene el mercado estadounidense, al que cada mes se exportan 3.642 millones de dólares en productos agropecuarios como café, flores, banano, el aguacate hass y tilapia.

“En el caso del aguacate hass, México no va a tener el arancel que Colombia ya tiene y eso golpeará a nuestros productores que esperaban este año tener exportaciones a Estados Unidos por más de 150 millones de dólares”, cuestiona Bedoya. De hecho, el proceso de admisibilidad sanitaria para el aguacate hass tomó cerca de una década en Estados Unidos y en Japón.

Algo similar puede suceder con las flores, pues 80 por ciento de las exportaciones colombianas se van a ese país y, según el presidente de la SAC, es muy difícil pensar en otros mercados por temas como los trámites de admisibilidad o los costos de los fletes para transportar los tallos. “Puede ser muy fácil decir que se van a diversificar mercados, no crean que los empresarios no lo han pensado, pero no es así de sencillo”, afirma.

Ante la incertidumbre de las medidas y la avalancha de anuncios y aranceles que se han materializado en poco más de dos meses que lleva su gobierno, la economía global ya se está sacudiendo. La segunda guerra comercial apenas está comenzando y no es claro hasta qué punto va a llegar en esta ocasión.

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