
Acero, papel y gaseosas sobre rieles: la carga mueve la reactivación de los ferrocarriles en Colombia
El ferrocarril despierta una mezcla de nostalgia y frustración en Colombia. Con la reactivación que se está dando en el corredor férreo central, aquel que conecta La Dorada con Santa Marta, varias empresas se han subido al tren y están transportando sus productos por este medio de transporte.
Casi todas las mañanas, acompañado por los primeros rayos de sol, Javier Melo se levanta temprano en su casa en Santa Marta, se pone el uniforme con la parsimonia de quien repite un rito aprendido, toma la ruta que le provee la empresa y, puntual, llega a la estación de Ciénaga a las siete en punto. Solo entonces empieza realmente su jornada: la de maquinista de trenes. Todo comienza con una charla de seguridad y luego recibe instrucciones de viaje de su supervisor. A continuación, revisa los equipos y la locomotora y emprende un viaje que alcanza los 934 kilómetros a través de cinco departamentos con destino a La Dorada, en Caldas.
Melo nació en Aracataca, Magdalena, el pueblo de Gabriel García Márquez. De niño, el paso de las locomotoras se volvió una imagen cotidiana para él, pues a su pueblo lo atraviesa una vía férrea, y su casa de infancia quedaba a menos de 100 metros de los rieles. “Fue algo que comenzó como una pasión visual”, cuenta el operario, que a los 21 años se presentó a una convocatoria para formarse como maquinista motivado, en parte, por su curiosidad desde niño.
“Así comenzó mi historia como ferroviario, y han pasado 19 años”, dice el maquinista, que hoy trabaja para la empresa Transferport, que opera por todo el corredor férreo central.
En las últimas semanas, el trabajo de Melo ha cambiado un poco. Por el corredor férreo central, quizás el más importante del país, tradicionalmente se mueve carbón, pero a inicios de marzo se retomó, luego de dos años de ausencia, el transporte de carga con productos diferentes al mineral.

Desde la Estación Férrea de Ferrocarriles del Norte de Colombia (Fenoco) en Ciénaga, en los primeros días de marzo partió, rumbo a La Dorada, un tren intermodal con cerca de 1.180 toneladas de acero para construcción y pulpa de papel. A su retornó, cargó 1.224 toneladas de refrescos y bebidas. En las últimas semanas, esta se ha convertido en una operación recurrente.
Según Melo, todos los trenes son diferentes, según la composición que lleven, el tipo de carga, el peso y el volumen de las mercancías. Por eso, los maquinistas deben hacer sus análisis cada vez que cargan el tren.
Un corredor, dos concesiones
Los rieles que surcan el país desde La Dorada hasta el Caribe colombiano tienen décadas de historia. El corredor férreo central comenzó a construirse a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con la idea de conectar a Bogotá con el río Magdalena. Ese corredor se construyó con el antiguo Ferrocarril de la Sabana y el de Girardot. Décadas más tarde, hacia los años 50, llegó a integrarse la red de Ferrocarriles Nacionales de Colombia (FNC), hasta que la empresa se liquidó en los años 90.
Pero para entender mejor la operación por este corredor hay que comprender que está dividido en dos concesiones: Fenoco, que administra los 412 kilómetros del tramo norte, lo que se conoce como el corredor férreo Santa Marta-Chiriguaná, y la Concesión Línea Férrea Central, a cargo del tramo de 522 kilómetros de vía férrea entre La Dorada (Caldas) hasta Chiriguaná (Cesar).
De hecho, y por los tiempos que toma este trayecto, los maquinistas como Melo trabajan por relevos. Hacen turnos de máximo 12 horas y pernoctan en algunos de los puntos del corredor. Luego toman otro de los trenes.

Fenoco es una concesión que opera desde el año 2000, y desde entonces ha transportado más de 838 millones de toneladas de carga. Por esa concesión se mueve 54 por ciento de las exportaciones de carbón en el país, y el 5,4 por ciento de las exportaciones nacionales totales.
El tramo que opera la Concesión Línea Férrea Central, el de La Dorada-Chiriguaná, ha recibido una atención especial en los últimos meses, pues el año pasado la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) adjudicó este proyecto como la primera asociación público-privada (APP) férrea en el país, con la idea de convertirla en la columna vertebral de la reactivación ferroviaria colombiana.
El proyecto contempla una inversión de 3,4 billones de pesos para rehabilitar 522 kilómetros de vía férrea y operar trenes de carga mientras se moderniza la infraestructura ferroviaria. Gracias a este proyecto es que comenzó la reciente operación comercial por el corredor.
“Estamos muy complacidos de comenzar con un tren de 35 plataformas, capacidad de 1.190 toneladas y un esquema operativo que nos permite cumplir itinerarios y atender requerimientos de clientes de diferentes sectores”, dice Germán de la Torre, gerente de la Concesión Línea Férrea Central. Según el directivo, esto es el resultado de un trabajo técnico y operativo sostenido que hoy habilita al corredor para prestar servicio de manera formal.
De igual forma, Andrés Soto, presidente de Fenoco, destaca cómo en el proyecto de reactivación de este modo de transporte la Estación Férrea de Ciénaga ha jugado un papel muy importante como punto de conexión entre el Caribe y el centro del país.
“Nos llena de orgullo que Colombia aproveche su infraestructura para alcanzar una interconexión entre los distintos sistemas de transporte, como son los puertos, las carreteras y la red férrea. Si se mantiene esta tendencia y se logra su rentabilidad, tendremos la clave para dinamizar la economía”, opina Soto.

Las empresas se suben al tren
El tren en Colombia ha estado históricamente ligado a un tipo de carga: el carbón. Datos del Ministerio de Transporte indican que, en particular por el corredor del Atlántico se movilizan entre 27 y 35 millones de toneladas de este mineral al año. Pero en los más recientes tiempos esa lógica ha cambiado y se viene diversificando la carga.
Hoy, por los pocos corredores activos que hay en el país transportan cemento en sacos, varillas y alambrones, pulpa de papel y bebidas y refrescos.
Según MinTransporte, actualmente nueve empresas están movilizando carga en los corredores férreos del territorio. ”Lo importante no es solo cuántas son, sino lo que está pasando: cada vez más compañías están migrando al tren porque es más eficiente, más económico y más sostenible”, le señala a CAMBIO la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas.
Si bien hay una baja participación empresarial en el sistema férreo colombiano, Rojas considera que el paso de un tren ‘mono-producto’ a uno que sirva a toda la industria nacional es un punto de inflexión para el sistema.
Una de las empresas que está usando este esquema es la siderúrgica Ternium, que aprovecha el tren para movilizar sus productos de acero desde su planta en Palmar de Varela, Atlántico, y abastecer así otras zonas del país.

“El corredor férreo de Ciénaga a La Dorada nos permite llevar nuestro producto de una manera más eficiente y sustentable al centro del país. Con esto podemos contar con un hub de despachos o centro de distribución para el centro y sur del país (Bogotá, Medellín, eje cafetero, Cali) con un menor tiempo de respuesta y eficiencia”, explica Sebastián Castro, presidente de Ternium Colombia, a CAMBIO.
Las bebidas que ahora viajan desde el centro del país hacia la costa Atlántica por tren son de Postobón. Jorge Ricardo Gutiérrez Escobar, vicepresidente de Logística y Distribución de la compañía, le afirma a este medio que el transporte multimodal, es decir, el que involucra varios medios, hace parte de la visión de movilidad sostenible de Postobón.
“Transportar mercancía por vías férreas complementa claramente esta apuesta, en la que estamos movilizando cerca de 750 toneladas de productos a la semana con un impacto positivo en materia de eficiencia logística y continuidad de negocio”, cuenta Gutiérrez, quien destaca que este sistema permite reducir la huella de carbono de la compañía al reemplazar por viajes en tren unos 80 trayectos de sus camiones, en promedio, al mes.
La herencia de los ferrocarriles
El anhelo por los trenes que hay en Colombia no es nuevo. Es una mezcla de nostalgia y frustración por un sistema que nunca llegó a ser pleno en el país. Y todos los gobiernos han hablado de que el ‘tren está de regreso’ y han querido poner un grano de arena, rehabilitar los kilómetros de vías que, si bien existen, no están en condiciones de usarse o no se adaptan a los estándares de las locomotoras y los vagones actuales.
Juan Manuel Santos, por ejemplo, se enfocó en rehabilitar algunos corredores de carga y en estructurar proyectos de transporte regional, como el inicio del Regiotram de Occidente y la operación del Ferrocarril del Pacífico. Iván Duque, por su parte, lanzó un Plan Maestro Ferroviario, con el que logró que la red férrea nacional, compuesta por más de 3.500 kilómetros en ese entonces, pasara de 420 kilómetros de operación comercial a más de 1.000 kilómetros.

El Gobierno de Gustavo Petro no es la excepción, y espera dejar una herencia importante en materia ferroviaria. Entre sus principales proyectos, además de la APP de La Dorada-Chiriguaná, también está el mantenimiento y la recuperación de infraestructura en el corredor del Pacífico, lo mismo que la estructuración para intervenir 278,4 kilómetros del corredor Bogotá-Belencito, así como la recuperación de sus locomotoras y otra infraestructura y la estructuración del corredor férreo Buenaventura-Palmira. Igualmente realizar los estudios de Yumbo-Caimalito, del corredor central, la conexión Villavicencio-Puerto Gaitán y el corredor interoceánico, que plantea conectar al Caribe con el Pacífico.
Los ferrocarriles no son cosa del pasado, y muestra de ello es que cientos de maquinistas, como Javier Melo, llevan años trabajando en ellos. El conductor ferroviario observa con optimismo los cambios más recientes y el interés de las empresas por usar los trenes: “Veo se ha tomado la iniciativa de reactivar la economía del país a través de la vía férrea. Creo que antes faltaba el impulso y apostarle a un modelo de negocio que es viejo y no estaba funcionando mucho, pero que puede ser siendo efectivo”.
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