EL TAMAÑO DE ABELARDO

Créanme que estoy fundido de escribir sobre los candidatos; de escribir sobre Paloma Valencia, que esta semana propuso asperjar los cultivos de coca con vinagre, como si el Catatumbo entero fuera una gran ensalada: ¿añadirá unas gotas de aceite de oliva, unos disparos de pimienta? ¿Solo piensa avinagrar la mitad del Cauca que correspondería a los indígenas? ¿En qué paró aquella vieja propuesta de dividir en dos su departamento para salvaguardar al Cauca blanco, un Cauca para caucásicos?
Fundido, también, de escribir sobre el opaco candidato Iván Cepeda, que esta semana rechazó la adhesión a su campaña de la embajadora en Haití: lo cual significa, por un lado, que tenemos embajada en Haití, y, por el otro, que en este súbito ataque ético el candidato declinará otros apoyos. Lo imagino sumido en su papel, como siempre, mientras lo lee con adormecida vehemencia:
—¡Le pido al presidente de la República que deje de hacer campaña por el Pacto Histórico! ¡Que deje de regalar contratos a familias que los pueden perder si votan por mí! ¡Que deje de escribir trinos en su cuenta de Twitter a favor de mi candidatura! ¡No sea sinvergüenza, señor Petro! ¡Dé ejemplo!
Qué candidato. Tenía el impulso de ganar en primera vuelta, pero esta semana recibió la adhesión de mi tío Ernesto. Por si fuera poco, su fórmula vicepresidencial apareció en la plaza pública imitándolo, es decir, leyendo ella también su discurso en un papel, y había que ver semejante espectáculo. Desde aquella vez en que Simón Gaviria aprobó una reforma a la justicia, no se veía a un ser humano con tantos problemas de lectoescritura:
—¡Iván es el primer líder autocrático del país!
—¡Es autocrítico, doña Aída!
—¡Continuaremos con el legrado de Petro!
—¡Es el legado, doña Aída!
—¡Viva el Pacto Histérico!
—¡Histórico, Aída!
—¡Así nos digan consumistas!
—¡Es comunistas, Aída!
—¡Es lo mismo!
Lo leyó, vale decirlo, antes de pedir a Abelardo que no utilizara al tigre como símbolo de su campaña, porque según ella el felino más salvaje del mundo representa la protección del territorio y de nuestras selvas: ¿de dónde sacó doña Aída que el tigre es originario de nuestra platanera y no del Asia? ¿No sabe acaso que el animal insignia del país, en realidad, es el hipopótamo de Pablo Escobar? ¡Salvo Falcao, que está en extinción, y el de Suramericana, que quiere acabar el Gobierno, en el país no tenemos tigres!
Y, sobre todo, estoy fundido de escribir sobre Abelardo y sus esfuerzos por elevar el nivel del debate. Después de haber desmentido al ministro del Interior, que lo acusó de implantarse cojines de silicona en la última raya del tigre, por decirlo así, el candidato asistió esta semana a un programa radial en el que procuró mostrarle a una joven periodista que es un hombre bien dotado.
—Yo no tengo culo, pero mira lo que se me ve en esa foto, mi vida… Mira bien. Con esto me gano el voto femenino, cariño —le dijo a la muchacha, mientras le pedía que hiciera zoom a la imagen para disfrutar de sus partes nobles. Porque se cree de la nobleza.
No se imagina uno a los próceres que han escrito las páginas de nuestra historia refiriéndose a semejante tema para obtener prestigio popular: a lo sumo a Luis de Ayala y Vergara.
Mucho menos a los presidentes que antecedieron un posible mandato del tenor de Montería: un Eduardo Santos, un Carlos Lleras, ¡un Laureano Gómez, por más de que lo señalaran como jefe de los pájaros!
No se imagina uno, siquiera, a Julio César Turbay, dispuesto a declarar, luego de salir de una alberca helada, que la porquería se le redujo a sus justas proporciones.
Pero eso somos. Y estas son las elecciones de 2026. El mismo hombre cuya ideología económica se basa en reducir el tamaño, así sea del Estado; que se cree el mejor miembro —por decirlo así— de la élite ítalo-monteriana, decide deslumbrar al electorado femenino con las medidas de su paquete y no con su paquete de medidas con el cual piensa recuperar el país.
Comprendo que los extremos se toquen, aunque el término no resulte pertinente; que esta misma semana Abelardo criticó a la banca y a la prensa con palabras que podría suscribir el mismísimo Iván Cepeda, y que este tipo de salidas folclóricas del candidato costeño por lo menos ayudan a distinguir al uno del otro. Porque resulta difícil imaginar a Cepeda negando que tiene injertos de silicona en la retaguardia y mostrando, a modo de prueba, la carencia de bultos voluminosos a sus espaldas, diferentes al de su giba.
—¡Colombianos: estoy superchupín! —leería en el papel ante una plaza atiborrada por miembros de la minga indígena y contratistas del Estado.
Pero llegó el momento de que en la campaña del tigre tomen medidas —si me permiten usar el término— para que el candidato therian no resulte —¡ay!— tan chimbo. Porque el asunto del tamaño tiene tanto de ancho como de largo, y más si procura ponerlo sobre la mesa —es un decir—, como un verdadero macho, en unas elecciones en las que Circombia podría tener su primera mujer presidenta.
Por momentos creo que en estas elecciones la chabacanería no será motivo de sanción social, sino todo lo contrario: que, mientras más burdo se muestre el candidato, con más posibilidades cuenta de obtener la victoria. Y que el mismo Abelardo está a unos pocos centímetros, digámoslo así, de acariciar —ay— el triunfo.
Imagino el discurso de posesión: el traje entubado, la faja recogida. Y las primeras palabras del presidente.
—Acérquense, mujeres de la primera fila… Y díganme cómo me ven ahí…
Aída Quilcué leerá un pronunciamiento.
—Rechazamos lo que hizo Abelardo en estas erecciones…
—¡Es elecciones, doña Aída!
El candidato que puede pasar a la segunda vuelta afirma que no tiene trasero, pero sí delantera, y pide a una periodista que lo observe en detalle. Solo le faltó decir que es inolvidable en la cama para echar más vinagre a la herida. Aunque vinagre, el que quiere Paloma para combatir la coca. Llegó el momento de pedir asilo en Haití. En caso de que aún tengamos embajada. Y en caso de que en Haití no sean comunistas. O consumistas. Que es lo mismo.
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BOGOTÁ
Sábado 30 de mayo (5:00 p.m.) - Auditorio Orígenes de la Universidad EAN
MEDELLÍN
Sábado 23 de mayo (5:00 p.m. - 8:00 p.m.) - Teatro Universidad CES
SANTA ROSA DE CABAL
Viernes 29 de mayo - Teatro José Jorge López
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