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Mauricio Rodríguez Múnera
Puntos de vista

La muy mala idea de ser empresario

Uno de los pocos “logros” del Gobierno Petro en años recientes es haber podido marchitar el ánimo empresarial. La combinación de múltiples decisiones equivocadas, sumadas a obstáculos que existían desde antes pero que se han vuelto más difíciles de superar, han producido el nivel de inversión (con respecto al PIB) más bajo de la última década: 16 por ciento. 

Los países del sudeste asiático, que lograron tasas altas y sostenidas de crecimiento económico tuvieron durante un cuarto de siglo niveles de inversión anuales del doble del actual de Colombia. Con el volumen actual nuestro, nunca vamos a poder erradicar la pobreza extrema ni sanear las muy maltrechas finanzas públicas. Y seguiremos teniendo la segunda tasa de desempleo más altas de la OECD.   

¿Cómo logró la actual administración el “milagro” de convencer a muchos de que ser empresario es una muy mala idea? Por medio de numerosos desestímulos: una de las tasas impositivas más altas del mundo (la carga tributaria total es del 68 por ciento, según la ANDI; o sea, de las utilidades el empresario conserva apenas una tercera parte, el Estado se lleva el doble; y este cálculo no incluye al absurdo impuesto reciente al patrimonio); alzas exageradas del salario mínimo y de los recargos por trabajo nocturno y festivos; cada vez mayores dificultades y demoras —sin justificación alguna— para obtener trámites y licencias (en especial, la ambiental) que hace que Colombia ocupe el quinto lugar del mundo en el Índice Global de Complejidad Empresarial; costo del dinero que triplica la inflación (por culpa, entre otras causas, del enorme déficit fiscal —del 7 por ciento— que ha obligado al Gobierno a tener que pagar el tercer nivel más alto de tasas de interés en el mundo para financiar el hueco causado por el despilfarro y la corrupción), la revaluación del peso en la actual administración del 19 por ciento (fomentada por las altas tasas de interés locales y las “bonanzas” del oro ilegal y la cocaína) —lo que desincentiva las exportaciones y favorece a las importaciones, y la constante modificación de las reglas del juego en el ámbito de los negocios. Como si todo lo anterior fuese poco, el presidente Petro insulta a los empresarios todas las semanas tildándolos de capitalistas salvajes, ladrones, enemigos del pueblo, etc. 

Otra forma, sencilla, de entender por qué hoy en día en Colombia es lamentablemente mejor ser rentista que empresario: un TES (título de deuda emitido por el Gobierno) produce un retorno sobre la inversión del 16 por ciento anual, mientras que la rentabilidad promedio sobre el patrimonio (inversión) de las empresas ha sido en la pasada década inferior al 10 por ciento anual (y nada indica que mejorará; por el contrario, es posible que se reducirá dadas las grandes dificultades que se vislumbran en el panorama económico nacional). Mil veces más cómodo y seguro poner la plata a obtener un buen rendimiento en vez de arriesgarla en el cada vez más incierto, volátil y complicado oficio de ser empresario.  

Gane quien gane las elecciones presidenciales, tendrá el enorme desafío de cambiar drásticamente, y cuanto antes, este entorno tan hostil a los empresarios. De lo contrario, Colombia vivirá una grave crisis económica, social y política.

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