
Hago este vaticinio con gran tristeza y enorme preocupación: Colombia sufrirá en el próximo cuatrienio grandes tensiones sociales. De La Espriella presidente y Petro líder de la oposición se encargarán de alimentar a diario los odios entre los ciudadanos divididos entre quienes los apoyan y quienes los rechazan.
La gravedad de lo que vislumbro puede variar según la actitud del gobernante y su principal crítico. Peor escenario: decisiones cuestionables o ilegales del primer mandatario que alimentan protestas violentas y bloqueos constantes, que serían reprimidas con uso excesivo de la fuerza pública, lo cual a su vez estimularía más agitación social. Mejor escenario (menos pesimista): el Gobierno actúa con moderación en la puesta en marcha de sus planes, incluso logra acuerdos mínimos en algunos cambios graduales que se proponga hacer. De esta manera, las tensiones serían menores, evitando pérdida de vidas, daños graves a la economía y una aún mayor fractura de la sociedad colombiana.
¿Qué se puede hacer para que el futuro no sea tan perjudicial? Con toda franqueza creo que poco o nada podrán hacer personas cercanas a De La Espriella y Petro para evitar o contener los incendios que ambos propiciarán. Creo que algunos líderes que no son partidarios de las posiciones extremas de la izquierda o la derecha podrían ayudar a evitar los excesos de parte y parte. Otro tanto deberían hacer los medios de comunicación —en especial sus líderes de opinión, los gremios, los sindicatos y otros actores sociales e institucionales. Pero todos estos esfuerzos serán insuficientes para lograr una discusión política serena, sensata y seria, como sería lo ideal.
Por lo tanto, la única manera que veo para poder calmar los ánimos es un cambio de mentalidad por parte de todos nosotros, los ciudadanos. Parece ingenuo pensar que opiniones tan polarizadas vayan a dejar de ser tan radicales pronto. Pero ante la evidencia que empezará a aparecer de que los problemas del país no se pueden resolver con más agresividad de parte y parte, sino que por el contrario se agravarán, puede (y debe) darse un cambio de actitud que exija a los líderes de los polos opuestos que se comporten a la altura de las complejas y riesgosas circunstancias.
La historia demuestra que a veces las situaciones tienen que llegar a extremos tan dañinos en los que todos pierden, antes de que la gente tome plena conciencia y demande salir del círculo vicioso de los enfrentamientos cada vez más destructivos, e ingresar al círculo virtuoso del diálogo y la concertación —al menos sobre lo fundamental.
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