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Álvaro García Jiménez
Puntos de vista

Los archivos de la desconfianza

Como si fuera un fantasma aterrador, reapareció esta semana una de las historias más interesantes e incómodas de la política colombiana. No porque haya ocurrido una gran revelación, sino porque se volvió a hablar en voz alta de algo que durante muchos años muchos prefirieron ignorar o barrer debajo del tapete. El general Oscar Naranjo —director de la Policía nacional en 2008, cuando se llevó a cabo la operación Fénix contra Raúl Reyes— recordó en entrevista con Melquisedec Torres que la información contenida en los documentos hallados el computador del jefe de las FARC es real. Y subrayó que lo que impidió su utilización judicial no fue la falsedad ni una supuesta manipulación de los documentos, sino aspectos jurídicos asociados a que fueron obtenidos en las selvas ecuatorianas. Y entre esos documentos hay, de forma repetida, una afirmación sorprendente: las FARC —que después del proceso de paz se convirtieron en partido político— desconfiaban profundamente de Gustavo Petro.

Son varias las menciones al respecto en el trabajo del International Institute for Strategic Studies, que —después de dos años de investigación sobre los archivos contenidos en los computadores del jefe guerrillero abatido— publicó el libro titulado The Farc files: Venezuela, Ecuador and the secret archive of Raul Reyes.

Por ejemplo, en un documento con fecha del 19 de noviembre de 2005, de ‘Raúl Reyes’ (Luis Édgar Devia Silva) a Sara, hay una referencia al hoy presidente: “Petro está dedicado como siempre a difamar de los verdaderos revolucionarios. Cada que viaje (sic) a Venezuela, Brasil, Argentina o Cuba cumpla la misión de hacer campaña contra las FARC con el agravante de que aquí alguna gente confundida piensa que ese traficante ideológico es un revolucionario”.

En otro documento, fechado el 17 de febrero de 2006, ‘Raúl Reyes’ (Luis Édgar Devia Silva) se dirige a ‘Lucas Gualdrón’ (Omar Zabala Padilla) y le dice: “Gustavo Petro y en general toda esa gente que fue del M-19 son enemigos acérrimos de las FARC y del Partido, dedicado a promover la campaña contra nosotros, también hacen campaña contra Leyva, como si ese señor perteneciera a nuestra organización. Según conozco de otros amigos, Chávez está perdiendo la confianza en Petro…”.

Años después, los cables diplomáticos divulgados por WikiLeaks mostraron algo igual de llamativo: Petro manifestando sus propias sospechas sobre figuras prominentes de la izquierda colombiana y su relación con la guerrilla. En abril de 2019, el periodista Daniel Coronell publicó una columna titulada Petroleaks, relatando en detalle cómo Gustavo Petro dijo a funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Colombia que era posible que algunos de los miembros de su partido estuvieran caminando al borde de lo ilegal. Esto decían los funcionarios estadounidenses en su reporte: “El senador Gustavo Petro nos dijo que él no descarta la posibilidad de que algunos miembros del Polo Democrático mantengan vínculos inapropiados con las FARC”. El cable revelado por WikiLeaks, en su momento, llegó a la CIA, al Departamento de Justicia, al Departamento de Defensa y al Comando Sur de los Estados Unidos.

Lo verdaderamente interesante al revisar esas historias, no es solo que las FARC —hoy convertidas en partido político parte de la coalición de Gobierno— veían en Petro a alguien que les hacía daño, sino que Petro —a su vez— desconfiaba de buena parte de la izquierda colombiana por una posible cercanía con las FARC. Tal vez por esa causa remota es posible encontrarle sentido a la implosión dentro del Pacto Histórico en plena campaña a la Presidencia. Petro en el centro de una confrontación entre facciones de la izquierda. Heridas que posiblemente no se han cerrado y que aparecen de nuevo en la recta final de la campaña presidencial. Isabel Zuleta enfrentada a María José Pizarro por la Constituyente; concejales y ministros del M-19 contradiciendo la instrucción de Cepeda de no usar la camiseta de la selección Colombia; Carlos Carrillo (exUNGRD) atacando a Angie Rodríguez (exdirectora del DAPRE), a Benedetti y a Daniel Quintero. Cepeda propone traer a Colombia el Mundial de Fútbol y acto seguido Benedetti insulta al presidente de la FIFA. Y el propio Petro, anunciando su deseo de tomar control de la campaña de Iván Cepeda, tratando al candidato como a un niño que está aprendiendo a manejar, y a quien hay que quitarle el timón antes de que cause un accidente.

Lo que revelan los correos de Raúl Reyes y los cables de WikiLeaks no es simplemente una vieja disputa entre dirigentes de izquierda, sino algo mucho más profundo y añejo: una desconfianza que nunca desapareció. Cambiaron los escenarios, los cargos, los aliados y las cargas de poder. Pero las sospechas siguieron ahí. Tal vez por eso las fracturas y las contradicciones que hoy involucran al petrismo y otras facciones de la izquierda no son un accidente de campaña ni una pelea pasajera. Son la reaparición de una herida que llevaba años abierta y que, a pocas semanas de las elecciones, vuelve a sangrar, tal vez por el zarpazo de un tigre.

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