
Lo que las drogas hacen en el cerebro y a la salud mental: una mirada desde la psiquiatría
Aunque es común que personas recurran al alcohol y a las drogas para socializar, su consumo constante y excesivo altera los mecanismos del cerebro y puede derivar en problemas de salud mental. CAMBIO habló sobre este tema con Pablo Zuleta González, psiquiatra de la Universidad Javeriana.
Por: Gabriela Casanova
Las bebidas alcohólicas y drogas como la nicotina, presente en los cigarrillos, suelen consumirse en contextos sociales porque sus efectos ayudan a algunas personas a relajarse y a disminuir su inseguridades. De hecho, se cree que su consumo puede funcionar para volverse más social o carismático. Estas creencias son tan arraigadas en la sociedad que quien no acostumbra a beber alcohol en un ambiente festivo puede llegar a sentirse fuera de lugar.
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Aunque las drogas pueden ser vistas como algo “divertido”, tienen efectos negativos físicos y pueden llegar a lo mental. ¿Cómo algo que al principio parece tan bueno y genera una sensación de ‘placer’ puede convertirse en un problema que afecta gravemente la salud mental?
CAMBIO conversó sobre este tema con Pablo Zuleta González, médico y cirujano de la Pontificia Universidad Javeriana, psiquiatra de la misma institución, coordinador temático de consumo de drogas en la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes y profesor de cátedra en esa misma facultad.
Para entender el panorama, el experto explica qué son las sustancias psicoactivas, dentro de las cuales se encuentra el alcohol, la nicotina, la marihuana y otras drogas. Según Zuleta, son aquellas que “afectan el sistema nervioso de manera que generan cambios en el funcionamiento neurofisiológico básico, y que, debido a estos cambios, alteran la experiencia mental del individuo”. Sin embargo, cada experiencia es diferente, pues depende del tipo de sustancia, la forma de uso y la persona.
“No todas las experiencias son iguales ni necesariamente agradables. Algunas personas tienen reacciones negativas desde el primer uso de ciertas sustancias, mientras que otras encuentran la experiencia placentera desde el comienzo”, dice.

Aunque los riesgos no son iguales para todas las drogas, siempre conducen a caminos perjudiciales. Al principio, la experiencia puede ser agradable, pero con el tiempo pueden aparecer problemas relacionados con el consumo, generados “por cambios neurofisiológicos específicos que cada sustancia produce en el cerebro o por el deseo consciente de repetir la sensación placentera”. Ahí es donde aparecen las adicciones y los problemas mentales.
“En general, los problemas mentales relacionados con el consumo aparecen cuando la persona pierde funcionalidad: dedica mucho tiempo a consumir, a estar intoxicada o a recuperarse de la embriaguez. Aunque hay una base neurofisiológica clara para la repetición del consumo (como la tolerancia y la abstinencia), también existe una motivación consciente: las personas repiten la experiencia porque la embriaguez les alivia preocupaciones o malestares psicológicos”, explica el experto.
En ese sentido, surgen preguntas sobre qué tipo de efectos tienen las drogas sobre el cerebro para generar esa sensación de placer, que resulta tan atractiva para algunas personas, y los cambios de comportamiento. Sin embargo, según el experto, no todas las drogas producen alteraciones evidentes en la conducta. Por ejemplo, sustancias como la nicotina “tienen efectos psicoactivos más sutiles: no generan desinhibición social ni pérdida de control, no alteran los parámetros culturales ni el comportamiento social inmediato”, a diferencia del alcohol, la marihuana o la cocaína, que sí modifican radicalmente la conducta.

“La nicotina se caracteriza por generar dependencia sin inducir estados de embriaguez (subidón) ni desinhibición sexual o social, a diferencia de otras sustancias psicoactivas. Más bien, su uso se percibe como un modulador de la fisiología cotidiana, sobre todo en contextos laborales, lo que ha configurado patrones de consumo que no se ajustan completamente a las categorías clásicas de consumo problemático”, señala.
¿Cómo actúan las drogas en el cerebro?
El efecto de las sustancias psicoactivas en el cerebro tiene que ver con los neurotransmisores, los mensajeros químicos del cuerpo. Estos se encargan de transmitir señales de una neurona a otra, o hacia otras células. Cada tipo de neurotransmisor se une a un receptor específico en la célula de destino, como una llave que encaja en una cerradura. Al hacerlo, desencadena una respuesta en esa célula.
Según el experto, las sustancias psicoactivas, al ingresar al organismo y llegar al cerebro, actúan sobre el sistema nervioso, alterando la comunicación neuronal y, por tanto, la percepción o el comportamiento. Allí interfieren en la manera en que las neuronas envían y reciben las señales que transmiten los neurotransmisores.

De acuerdo con el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos, algunas drogas, como la marihuana, tienen una estructura química similar a la de un neurotransmisor natural del organismo, lo que les permite adherirse a las neuronas y activarlas, provocando el envío de “mensajes anormales” en el cerebro. Otras drogas, como las anfetaminas o la cocaína, hacen que las neuronas liberen cantidades anormalmente altas de neurotransmisores naturales.
El experto explica que, aunque existen experiencias desagradables con las drogas por sentimientos de culpa o por percibirlas como algo dañino, “la forma en que se experimenta la satisfacción o la insatisfacción tras el consumo realmente está vinculada a las características de los receptores, que pueden activar experiencias negativas”.
¿Las drogas causan trastornos mentales o son consecuencia de ellos?
Existe la duda de si el consumo recurrente de alcohol y otras drogas puede ser consecuencia de un trastorno mental o, por el contrario, su causa. El experto expone que hay personas con trastornos mentales –alteraciones del funcionamiento del cerebro, de corta o larga duración– que recurren a las drogas para disminuir su malestar, como quienes padecen trastornos de ansiedad o depresión y recurren al alcohol. No obstante, aunque lo utilicen como una forma de alivio, el consumo de estas sustancias puede empeorar estos trastornos.
Un ejemplo lo relata la doctora Irene Pérez Zapico, psiquiatra de la clínica de salud mental Samu Wellness, quien explicó en un artículo publicado en la página web del centro médico que, aunque el alcohol tiene un efecto directo de desinhibición, su efecto posterior es depresivo. “Si hay un cuadro depresivo de base y se tiende al consumo de alcohol para desconectar, lo que hacemos es agravarlo”, afirma.
Además, aseguró que, incluso si no existe un cuadro previo, el consumo puede llegar a desencadenarlo, tal como lo ha dicho también el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos.

En esta misma línea, el psiquiatra Zuleta coincide que esto pasa con algunas sustancias y menciona el caso de la marihuana: “El caso más documentado es el de la marihuana y su relación con episodios psicóticos, en los casos cuando existe un consumo frecuente y prolongado (alrededor de dos años), combinado con dosis altas en períodos cortos. También se ha observado que la marihuana puede provocar episodios de manía, en los que la persona experimenta sentimientos exagerados de bienestar, inteligencia o capacidad elevada, sin base real”.
De hecho, un estudio titulado Relación entre consumo de drogas y predisposición a tener desórdenes del espectro esquizofrénico, publicado en 2023, subraya que “el consumo de sustancias se asocia con un mayor riesgo de desarrollar esquizofrenia posteriormente”. Sin embargo, apunta que “la direccionalidad de la relación entre el consumo de sustancias y la esquizofrenia sigue siendo incierta”.
En cuanto a las sustancias psicodélicas (que se incluyen dentro de las psicoactivas), como el LSD, el psiquiatra comenta que pueden generar alteraciones perceptivas y alucinaciones durante la embriaguez, y en algunos casos, aunque no son frecuentes, estas alteraciones pueden persistir después del consumo. “Este es un tema complejo: daría material para escribir un tratado”, asegura.
¿De la adicción a los problemas cognitivos?
Según Zuleta, una vez que una persona que fue adicta completa un proceso de rehabilitación, no es común que desarrolle daños cognitivos permanentes. “Cuando dejan de consumir, la recuperación neurofisiológica suele ser completa. Aunque existen casos de afectaciones cognitivas, no son la norma”, afirma el experto.
Además, señala que con la edad muchas personas reducen o modifican su consumo, ya sea porque disminuye la satisfacción que obtienen o porque cambian sus intereses, lo que puede conllevar mejoras en su funcionamiento general.
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