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Cultura

El talento colombiano que regresa de Suiza para dar un concierto en Ibagué Festival

Juan Felipe Loaiza y Samuel Jiménez son dos jóvenes colombianos graduados del Conservatorio del Tolima, quienes regresan de Suiza para ofrecer un concierto en el 'Ibagué Festival' este fin de semana. Son amigos desde los 14 años, comparten una profunda pasión por el violín y desean enseñar a las nuevas generaciones la belleza de la música clásica.

Por: Gabriela Casanova

Esta semana regresó en su quinta edición el Ibagué Festival: 'Las Músicas que Somos', un evento cultural organizado por la Fundación Salvi que celebra el título de Ibagué como la capital musical de Colombia. La programación de este año ofrece una gran variedad de conciertos con talento local e internacional, además de talleres de formación musical y una muestra gastronómica.

En esta ocasión, el festival trae de vuelta a Colombia a dos violinistas graduados del Conservatorio del Tolima, quienes, tras haber estudiado un posgrado en Suiza, decidieron construir sus carreras en ese país, donde han vivido por más de cuatro años. Se trata de Samuel Jiménez y Juan Felipe Loaiza, quienes ofrecerán un concierto especial como dúo en la noche del sábado 7 de septiembre, junto a otros artistas, en homenaje al reconocido maestro César Augusto Zambrano Rodríguez.

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Samuel Jiménez, oriundo de Quindío, ha participado en varias competencias de violín, como el Concurso Internacional Frank Preuss, en el que ganó el primer premio. También ha realizado diversas presentaciones como solista en Colombia, Alemania y Suiza, y ha formado parte de orquestas, como la Sinfonieorchester Basel, la Opernhaus Zürich, la Filarmónica de Bogotá y la Sinfónica del Conservatorio del Tolima. Además, fue miembro de la Sociedad de Música de Cámara de Bogotá y, desde 2020, integra el Opalio Piano Quintet.

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Samuel Jímenez. Créditos: Cortesía.

Por su parte, el ibaguereño Juan Felipe Loaiza ha sido miembro de orquestas como la Sinfónica del Conservatorio del Tolima, la Filarmónica Joven de Colombia y la Filarmónica Juvenil de Bogotá. Obtuvo el tercer lugar en el Concurso Internacional de Estocolmo en 2023 y el sexto puesto en el Mimas Music Festival. Este año, fue seleccionado para participar en el Festival Grafenegg en Austria e iniciará un CAS (Certificate of Advanced Studies) en la Hochschule der Künste Zürich bajo la tutela del renombrado concertino del Musikkollegium Winterthur, Ralph Orendain.

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Juan Felipe Loaiza. Créditos: Cortesía.

Aunque no conforman una agrupación musical, Samuel y Juan Felipe han mantenido una estrecha amistad desde los 14 años, cuando se conocieron en un concierto organizado en la sala Alberto Castilla del Conservatorio del Tolima. Ambos tienen una conexión y complicidad que se reflejarán en su actuación conjunta. CAMBIO habló con estos dos artistas sobre sus inicios, su amistad y sus aspiraciones a futuro.

CAMBIO: ¿Cuáles fueron sus inicios en el violín?

Samuel Jiménez: Tenía 12 años cuando por primera vez escuché algo con seriedad. Yo lo describiría como la primera vez que realmente escuché un concierto. Fue cuando por voluntad propia saqué un disco de vinilo de Henryk Szeryng tocando el concierto de Beethoven y lo puse de comienzo a fin. Yo decía: ¿qué estoy haciendo? Yo lo que necesito es ser violinista. Saqué el violín y me puse a estudiar. Fui autodidacta por más o menos dos años.

Juan Felipe Loaiza: Yo tengo un músico en la familia que ha sido mi profesor toda la vida. Fue la persona que me motivó a entrar a la institución educativa musical Amina Melendro (a los 9 años). Él es mi tío, Jaime Cuéllar, un excelente profesor de fagot. Al principio, él me dijo: ¿Por qué no lo intenta con un instrumento que le guste? Yo empecé con la percusión y no me gustó. Un año después me cambié a violín. Entonces, sí. Realmente inicié con mi tío.

CAMBIO: ¿Cómo se conocieron?

S.J.: Yo escuché que había llegado una profesora de violín al Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío. Fui a tocar para ella y de inmediato se impresionó de que yo tenía cierto nivel. Y lo que fuera que ella me diera de repertorio, a la semana ya lo tenía. Ella, como vio que le estaba poniendo tanto empeño y que tenía talento, organizó un concierto para dos violines con una pequeña camerata en Ibagué, para que tocara como solista junto a ella. En ese mismo concierto, que fue en la Sala Alberto Castilla, conocí a Felipe. Yo me acuerdo cuando lo escuché tocar, que yo dije: Tiene la misma edad que yo, toca bien, sabe cosas que yo no. Tengo que hablar con él, y creo que él vio lo mismo en mí. De inmediato nos hicimos amigos. Ahora, yo a Felipe le tengo una gratitud enorme porque él me dijo: Venga y quédese en mi casa y haga la audición para la orquesta institucional del conservatorio.

J.F.L.: Yo ya hacía parte de la orquesta. En ese entonces me tomé el atrevimiento de hablar con el director y le dije: Hay un muchacho bastante talentoso, me gustaría presentárselo porque yo creo que tiene mucho potencial y me dijo de una. La cosa es que desde los 14 años nos volvimos amigos.

CAMBIO: ¿Qué choque cultural tuvieron al llegar a Suiza y conocer a músicos de otras nacionalidades?

S.J.: De inmediato vi un compañerismo que yo nunca había vivido en Colombia. Creo que eso tiene que ver con la falta de oportunidad que hay acá, que cuando hay tan poco oportunidad es muy fácil desarrollar envidias, un tipo de competitividad negativa que no promueve una competencia sana. Eso a mí me pareció algo muy positivo que me ayudó a mejorar mucho. También, el nivel musical es muy alto, hay personas que han tenido oportunidades desde los tres años que para un colombiano son imposibles de pensar y estar compitiendo con estas personas de una manera saludable para mí ha sido muy gratificante.

J.F.L.: Llegué a Suiza un poco desanimado porque realmente viví toda mi vida en Colombia; tuve un acercamiento a otros países, pero no por mucho tiempo. Allí encontré que no hablaba el mismo idioma y que los idiomas que yo sabía en ese momento no eran los nativos de allá. Yo llegué y empezó la pandemia por covid-19. Las oportunidades se me estaban cerrando: la cancelación de conciertos, de contratos, de muchas cosas que tenía. Entonces dije, bueno, voy a aprovechar esta oportunidad para sentarme a aprender alemán. Es una locura, porque yo jamás pensé ser políglota. En este momento hablo cuatro idiomas (inglés, español, alemán e italiano) porque mi esposa es italiana.

CAMBIO: ¿Qué quieren hacer a futuro como músicos?

S.J.: Yo estoy en una búsqueda tratando de encontrar una combinación entre cuáles son mis habilidades, qué es lo que deseo y dónde soy útil. He encontrado que disfruto muchísimo tocar conciertos, que me encanta hacer música de cámara y hace poco, he comenzado a incursionar en la pedagogía y es algo que me ha gustado muchísimo. Siento que una combinación de estas tres cosas podría ser lo que más me llene de conocimientos. Siento que he tenido una suerte muy grande, que una persona que nació sin acceso a un violín sin acceso a un educador ha sido capaz de no solamente de estudiar en el exterior, sino haber sido apadrinado por personas como Frank Royce y Carlos Villa. Para mí eso es un honor y siento una deuda con ellos de todo lo que me ofrecieron de manera gratuita y únicamente pensando en mi bienestar y en mi futuro y es algo que me gustaría compartir con las nuevas generaciones.

J.F.L.: Yo soy un amante de la ópera. Conozco textos largos de muchas óperas porque leía mucho de niño. Me interesaba y me interesa mucho ese mundo. Quisiera en algún momento de mi vida dedicarme a dirigir ópera, porque es lo que a mí me gusta. No lo hago ahora porque realmente estoy muy entretenido con el violín, me gusta mucho. Yo lo exploto lo más que pueda. La tercera cosa que descubrí allá es que a mí me gusta enseñar. Me considero más que un violinista, principalmente un profesor. A mí me gusta educar y ayudar a los jóvenes que vienen detrás con ideas, con esencia de lo que es la profesión. A mí me gustaría poder combinar las cosas, no solamente la docencia, sino poder tocar en orquesta, que es prácticamente mi segunda pasión. Yo soy completamente feliz tocando Carmen diez mil veces porque me encanta acompañar.

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