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Cultura

“Para muchos, Donald Trump es sumamente peligroso para la democracia”: Jorge Ramos

Jorge Ramos, periodista de origen mexicano y una de las voces más respetadas por la comunidad latina en Estados Unidos, habló con CAMBIO durante el Hay Festival Cartagena 2025.

CAMBIO habló con Jorge Ramos, una de las caras más representativas y de las voces más respetadas por los latinos en Estados Unidos. El periodista, de origen mexicano, dijo por qué cree que el presidente Donald Trump es un líder “impredecible”, lo que piensa de la deportación de migrantes, de la crisis con el presidente Gustavo Petro, del futuro de Venezuela y, por supuesto, de los retos actuales del periodismo.

Por: Rainiero Patiño M.

Una vez a la semana Jorge Ramos tenía que inventarse pecados. Lo hacía justo antes de la confesión obligatoria ante el prefecto benedictino del colegio en el que estudiaba. Era su forma de rebelarse ante el credo impuesto y su manera de controvertir. Esa rebeldía y ganas de cuestionar el mundo y, sobre todo, a los poderosos, sigue siendo uno de los motores que impulsa su trabajo después de más de 40 años como periodista.

Es una de las caras y voces más importantes de la comunidad latina en Estados Unidos, a donde migró en 1983, así que conoce de primera mano la experiencia que hoy viven más de 14 millones de personas en ese país. Desde 2015, sigue la carrera política de Donald Trump y, en los últimos años, ha tenido la oportunidad de entrevistar a los presidentes Nicolás Maduro y Gustavo Petro.

Estuvo más de 38 años como presentador del noticiero de la cadena Univisión y hace apenas unos días lanzó un nuevo libro, en el que recopila algunas de sus mejores columnas. Es una voz autorizada para hablar sobre todos estos temas de actualidad.

Esto fue lo que le dijo a CAMBIO, en una entrevista durante el Hay Festival Cartagena 2025, en donde fue uno de los expositores invitados.

CAMBIO: Empecemos por un hecho muy actual. Después de no reconocer y hasta amenazar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo primero que hizo el presidente Donald Trump fue enviar un negociador a Caracas. ¿Qué lectura hace de ese movimiento?

Jorge Ramos: Muchos están sorprendidos por eso. En Estados Unidos, la mayor parte de los venezolanos votaron por Trump con la esperanza de que cayera la dictadura de Maduro. Pero, a Trump hay que entenderlo como un ser absolutamente egocéntrico, convenenciero, transaccional y si él puede negociar algo que le beneficie con Venezuela, lo va a hacer. La obsesión de Trump es sacar a miles de migrantes de Estados Unidos y si eso implica negociar con la dictadura de Maduro, lo va a hacer también. Lo primero que ha logrado es sacar a seis estadounidenses que estaban presos, pero si Venezuela llega a algún tipo de acuerdo sobre el tema migratorio o del petróleo, lo va a hacer. Y no me sorprende, es el Trump de siempre, que antes que sus principios está sacar renta.

CAMBIO: Hace unos días, en una de sus columnas, también calificó a Trump como un líder “impredecible”. ¿Por qué?

J.R.: Es impredecible porque si durante la campaña estaba hablando de la democracia venezolana, de la necesidad de quitar al dictador Maduro y, de pronto, una de las primeras cosas que hace es negociar con ellos. Lo único que él entiende es el poder, llegar a una negociación para sacar ventaja, que es lo que estamos viendo.

CAMBIO: ¿Ese líder impredecible puede ser capaz de generar situaciones más catastróficas de las que vive el mundo actualmente? ¿Como una nueva guerra?

J.R.: El problema son esos tuitazos a las tres de la mañana, que envía un equipo negociado y luego cambia todo. El problema es un hombre que ha hecho terribles comentarios antiinmigrantes, alguien que no comprende bien la libertad de prensa y que no acepta la disensión. Todo esto aunado a una realidad de que estamos hablando del hombre más poderoso del mundo, que ha acumulado todos los poderes en Estados Unidos: la Casa Blanca, la mayoría en el Congreso y la mayoría en la Corte Suprema de Justicia. Entonces un ser tan impredecible, es, para muchos, sumamente peligroso para la democracia.

CAMBIO: Ya hizo anuncios como cambiar el nombre del Golfo de México, retomar el Canal de Panamá, o poner aranceles adicionales sobre México, Canadá y China. ¿A qué juega el presidente Trump?

J.R.: A ganar. A cambiar la forma de vida en Estados Unidos. A tener un mundo 'trumpiano'.

CAMBIO: ¿Qué reacción puede generar esto en el mundo, habrá una respuesta en bloque?

J.R.: Tiene que haber algún tipo de resistencia. Lo que hemos visto es un miedo absoluto a Donald Trump, en los primeros días, dentro y fuera de Estados Unidos. Como periodistas entendemos que esa no es la manera de enfrentar el poder, sino cuestionándolo, retándolo, buscando debilitamiento en sus argumentos, contestando con razón y con datos. Pocos se han atrevido a enfrentarlo y nadie quiere lidiar con él.

CAMBIO: ¿Entre esos pocos ha estado el presidente Gustavo Petro, por lo que –usando el título de una de sus columnas recientes ('¿Qué harías tú’?')– nos gustaría saber qué habría hecho usted ante los vuelos con migrantes en esas condiciones?

J.R.: El contexto que te voy a dar es el siguiente: solo he tenido una oportunidad de hablar con Petro y cuando le pregunté si para él Hugo Chávez era un dictador, me dijo que lo más importante era el cambio climático. Es decir, no quiso contestar mi pregunta, y nuestra relación no ha pasado más allá de eso.

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Jorge Ramos, durante la conversación con CAMBIO.

Pero, tengo que decir algo positivo de Petro y es que es uno de los pocos que abiertamente ha retado a Trump y ha salido a defender a los migrantes. Es indefendible que personas que fueron a Estados Unidos perseguidas por la violencia, por el hambre o buscando nuevas oportunidades sean regresadas o puestas en aviones esposados y encadenados. Hay que salir a defender los derechos humanos y Gustavo Petro lo hizo con los colombianos, ¿si no lo hace él, quién lo va a hacer? Las consecuencias pueden ser graves y terribles, pero cuando estás del lado de la historia, defendiendo los derechos humanos es una posición digna. Después, podemos criticar la diplomacia colombiana.

CAMBIO: Hace unos días, un juez decidió bloquear la orden de Trump de limitar la ciudadanía por nacimiento en Estados Unidos. Más allá de eso, parece no haber formas o maneras de confrontarlo. ¿Tiene todos los poderes controlados?

J.R.: No es que tenga todos controlados, yo sigo creyendo en la democracia de Estados Unidos y que hay vida después de Trump. Pero, vienen cuatro años de resistencia, muy difíciles. Por ahora la Constitución no permite quitar esos derechos a los niños de los migrantes, pero él va a tratar de cambiarlo.

CAMBIO: ¿Qué es lo que realmente pasa de fondo con los migrantes?

J.R.: El problema de fondo está en que en Estados Unidos hay 14 millones de migrantes y la mayor parte de ellos no son criminales, pero para el gobierno sí lo son por el hecho de haber entrado ilegalmente. Es un problema de definiciones. Vamos a ver si la posición de Petro se repite en otros países, pero el ataque a países como México y Canadá ya está hecho y hay que ver cómo reaccionan.

CAMBIO: Usted llegó de México a Estados Unidos hace 40 años, conoce por experiencia la migración. ¿Cómo ha cambiado esa situación en Estados Unidos?

J.R.: Estados Unidos tiene una historia de olas, a veces es muy proinmigrantes y otras, contra inmigrantes, que es lo que vemos en estos momentos. Nunca había visto algo así en el país donde vivo. Y vienen momentos sumamente difíciles. Donald Trump es la reacción y el resultado a un país cada vez más multiétnico, más diverso y multicultural. En 2045, todos en Estados Unidos vamos a ser minoría, incluso los blancos que hoy son mayoría, Y Trump es el líder de la resistencia a esa diversidad cultural. Terrible.

CAMBIO: Usted conoce bien la situación de Venezuela y ha entrevistado a los principales líderes de ese país. ¿Cuál es el camino?

J.R.: Hay que terminar con la dictadura, ese es el camino. No estoy a favor de una intervención militar, pero hay que terminar con eso. Los venezolanos muy valientes, dentro y fuera, están haciendo todo lo posible, y no hemos podido llegar ahí. Pero, lo que no podemos hacer es claudicar ante lo que estamos viendo.

“Los periodistas no podemos ser neutrales”

CAMBIO: Hablando desde su punto de vista, ¿cuál es el papel del periodismo de hoy en medio de todos estos líderes autoritarios?

J.R.: Esta es una profesión para gritar, para hablar, denunciar. Hay una palabra preciosa en el idioma español: contrapoder. Si los periodistas no somos contrapoder, no estamos haciendo periodismo. No se trata de ser de izquierda o de derecha. Muchos me dicen derechista y otros, comunista viviendo en Miami. Para unos está mi entrevista con Maduro, y para los otros, mis enfrentamientos con Trump.

CAMBIO: Usted ha sido testigo de la evolución vertiginosa del periodismo en los últimos 30 años, ¿qué cree que nos falta y que nos sobra?

J.R.: Lo que ahora nos sobra, afortunadamente, son maneras de transmitir lo que estamos haciendo. Vengo de una época en la que solo había dos cadenas de televisión en español en Estados Unidos, ahora estamos hablando de miles de medios a través de las redes sociales, cosa que me parece extraordinaria. Lo que nos sigue faltando siempre es una cuestión de credibilidad, que es lo único que tenemos como profesionales. Y ante un mundo de desinformación, los periodistas tenemos la gran ventaja de basar nuestro trabajo en hechos y datos. Tenemos que ser los ‘meteorólogos’ de la verdad para ayudar a la gente.

CAMBIO: Durante su despedida en vivo de la cadena Univisión, ratificó aquellas palabras del escritor García Márquez, que hablaba del periodismo como el mejor oficio del mundo. ¿Por qué?

J.R.: Lo es. Me ha permitido estar en todo el planeta y conocer a las personas que cambian la historia. Te permite ser joven y rebelde a la vez. Y cuestionar a los que tienen el poder.

CAMBIO: ¿Y cuál es la obligación del periodismo en estos momentos?

J.R.: En una entrevista reciente, Christiane Amanpour, periodista de CNN, dijo que nuestra obligación es buscar la verdad, más allá de ser neutrales. Es una noción equivocada, el creer que estamos obligados a ser neutrales. He identificado siete áreas en las que no podemos no tomar partido: en caso de racismo, discriminación, corrupción, mentiras públicas, violación a los derechos humanos o destrucción del medioambiente, porque la neutralidad siempre ayuda al opresor, no a la víctima.

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