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Familias Salvajes.
Cultura

Familias salvajes: las vidas íntimas del águila arpía, el oso andino, la tortuga laúd y los chigüiros del Casanare

Aguila arpía, mono churuco colombiano y oso andino, algunos de los animales registrados en Familias Salvajes. Créditos: Prensa Familias Salvajes.

Durante tres años, un equipo ciento por ciento colombiano siguió de cerca la vida familiar de estos animales de Colombia. El resultado es 'Familias salvajes', un documental que revela, con imágenes jamás antes vistas, cómo se crían, se organizan y sobreviven estas especies.

Por: Juan Francisco García

Una pichona de arpía, el águila más grande de América, disfruta del alimento que su papá le trajo al nido: el brazo de un mono desmembrado por él en el Amazonas. Una tortuga laúd, la de mayor tamaño en habitar el planeta, capaz de migrar hasta 11.000 kilómetros con más de un centenar de huevos por dentro, es filmada mientras desova, de noche, épica y altiva, en una playa de Acandí, en Chocó. Dos cachorros de oso andino patalean a sus anchas en medio del páramo de Chingaza. Una familia de chigüiros aguarda la caída del sol —un naranja de otro mundo— sobre la sabana inundable del Casanare. Todas estas imágenes aparecen en un avance de tres minutos que conoció CAMBIO de Familias Salvajes, el documental que se ha propuesto seguir, durante tres años, el comportamiento en familia de cuatro de las especies más icónicas y fascinantes de Colombia. 

La idea nació por una conversación entre el biólogo y documentalista de naturaleza Federico Pardo y el publicista, fotógrafo y documentalista Alejandro Pabón. “Queríamos hacer algo diferente, que se saliera del molde, y así surgió la idea de mostrar a la familia en el mundo salvaje, pero desde una visión más holística, pues cada una de las cuatro especies que seguimos tiene una forma de hacer familia distinta”, dice Pardo, codirector y productor del proyecto. 

Agrega que las águilas arpías siguen el modelo de familia tradicional de padres monogámicos cuyo vínculo puede durar toda la vida; que los chigüiros tienen una organización familiar comunitaria, “socialista”, en la que tíos, padres, abuelos, primos, hermanos, sobrinos, viven en un mismo lugar; mientras que los osos andinos van en clave del patriarcado, con las hembras que crían solas a sus oseznos mientras los machos erran solitarios por el páramo; y que las tortugas laúd, desde el prisma humano, encajan en la familia de padres ausentes que abandonan a su suerte y a sus instintos a sus crías, que el padre nunca conoce y que la madre, después de nacidas, jamás vuelve a ver. 

Tortugas laúd recién nacidas.
En Familias Salvajes se registra el nacimiento, y el épico camino de la playa hasta el mar, de las tortugas laúd recién nacidas, abandonadas a su suerte e instinto por su madre. Créditos: Alejandro Pabón.

Narrativamente, el “salirse del molde” del que habla Pardo también supone la decisión de contar las historias de las diferentes familias salvajes desde la voz de los animales y en primera persona: un desafío que pocas veces se ha explorado en los documentales de naturaleza. Esta decisión –le cuenta a CAMBIO Alejandro Pabón, co director y productor–, los llevó a contactar a la presentadora Claudia Bahamón, cuyo interés por la conservación y el mundo natural es públicamente conocido. “Además de que aceptó hacer la voz de la pichona arpía, le gustó tanto el proyecto que ahora es socia”, dice Pabón. 

Otro de los elementos que hacen inédito al documental es que todos los profesionales involucrados son colombianos. “Todo lo que se ha hecho de naturaleza en el mundo, normalmente viene de los ingleses o de los gringos, aquí nunca se ha hecho nada y lo poco que se ha hecho ha sido casi siempre con británicos o gente de afuera para grabarlo. La dinámica ha sido la de ‘robarse’ a nuestros animalitos para ir a mostrarlos allá”, apunta Pabón. 

La apuesta, que ha tenido como recompensa captar imágenes íntimas de las cuatro especies en las que su instinto salvaje se matiza con sus expresiones de ternura, cuidado y juego, ha sido financiada por sus bolsillos y por la confianza de un gran socio inversionista que se enamoró del proyecto desde el principio. Esto, explican Pardo y Pabón, porque vender este tipo de proyectos en el mercado nacional y regional no es tan sencillo; por un lado la industria es muy incipiente y por otro, porque las productoras más grandes, posiblemente no conocen el proceso de producción de este tipo de documentales. Cuando de animales salvajes se trata, traducir su comportamiento a un guion, implica cientos de horas de grabación, la gracia del clima, complicidad del animal y paciencia, mucha paciencia.

Oso andino en el páramo de Chingaza
Chingaza es uno de los lugares en el mundo con mejores condiciones para avistar, registrar y estudiar al oso andino. Se calcula que allí viven entre 600 y 700 individuos. Créditos: Alejandro Pabón.

El trabajo de las comunidades y la propuesta de conservación de Familias Salvajes

Para lograr el registro documental que devino en el tráiler de Familias Salvajes, dice Pardo, ha sido fundamental el trabajo mancomunado con las personas y comunidades de los territorios que habitan los animales. Esto, además de resolver los asuntos logísticos de grabación y producción, cumple con la ambición de conservación que el documental, como plataforma, busca incentivar. 

“El cuidado del medio ambiente, así como muchos temas de conservación, pasa por las manos de las comunidades y de las personas que habitan el territorio. Si queremos conservar las águilas arpías, pues hay que trabajar con las personas que viven al lado de sus nidos, yo desde Bogotá no tengo esa conexión”, dice Pardo. 

En consecuencia, para promover la conservación de las cuatro especies, se han aliado con organizaciones que trabajan en esa dirección. Con la ONG Grandes Rapaces para financiar la búsqueda y preservación de nidos de arpías; con el Consejo Comunitario de COCOMASUR, en Acandí, limpiar la playa más importante de desove para las tortugas laúd en el país, donde hay problema de basura y plásticos que traen el mar y el río Atrato; en Chingaza quieren hacer un catálogo de los individuos que viven allí para que muchos colombianos también puedan conocerlos, apoyar una campaña educativa para minimizar el conflicto entre campesinos y osos y, como máxima ambición, se han propuesto promover un corredor de conectividad entre el Parque Nacional Chingaza y el Sumapaz, para así extender el hábitat de los osos y, por ende, maximizar la salud de las poblaciones a futuro.

Franklin Castañeda es un campesino jornalero del municipio de Mesetas, en el departamento del Meta. Por gracia salvaje, el nido de la pichona protagonista del documental está en su finca y fue gracias a participar en Familias Salvajes que dimensionó la importancia del ave con el que comparte terruño. El vínculo con la familia de águilas, desde que empezó a monitorear el nido hace dos años, se ha estrechado a tal nivel que, según le dijo a CAMBIO, la pichona (que bautizó La Santa por haber nacido en Semana Santa del 2024) responde a su llamado y se acerca al oír su voz. 

La pichona de águila arpía que protagoniza Familias Salvajes.
Desde los 10 días de nacida, por más de dos años, el equipo de Familias Salvaje ha registrado los cambios en el aspecto y el comportamiento de esta pichona de águila arpía, el águila más grande de América. Créditos: Alejandro Pabón.

Franklin Rodríguez ha sido testigo preferencial de los puercoespines, osos hormigueros y monos aulladores, entre otras delicias, que su papá y mamá  le traen a domicilio. La ha visto volar, torpe, en sus primeras veces y registró la ausencia, por meses, de la madre arpía que, luego de criar y vigilar sin despegarse de su pichona en los primeros cuatros meses, se fue lejos del nido para volver, cientos de días después, con el pelaje nuevo y renovado. 

En los primeros días de crianza de La Santa, la presencia del nido en su finca le generó un considerable ingreso extra. Más de 100 personas llegaron hasta su puerta para verla abrirse al mundo salvaje. Franklin nos dijo que estos dos años de cuidado y atención lo ha llevado a volverse un protector del águila más grande del continente. Su admiración por el ave ha crecido al comprobar que, durante estos dos años, nunca han visto restos de gallinas, chivos u otros animales domésticos en el nido, una de las alarmas que las arpías generan en la comunidad y una de las causas para cazarlas. 

El duro y hermoso trabajo de documentar Familias Salvajes

Julián Manrique lleva años trabajando como cinematógrafo de naturaleza. Como su especialidad son las aves, cuando le encargaron filmar a los Chigüiros en el Casanare, nos dice, ya estaba entrenado en la paciencia, la quietud y el siglo que implica captar su intimidad. “Grabarlos es fácil, son muchos y suelen quedarse quietos: lo verdaderamente difícil es entrar en confianza con ellos, que se relajen con nuestra presencia y se comporten tal como son”, explica. 

Las jornadas de grabación se basan en horas y horas de estar sentados, esperando bajo el sol inclemente de los llanos, llenándose de garrapatas, hasta que “los bichos”, como les dice con amor, se despliegan. La espera, y arrastrarse por el lodo como un animal llanero más, le ha permitido desentramar para la cámara su comportamiento familiar: hembras que amamantan a juveniles de otras hembras, machos territoriales que se pelean entre sí y que en ocasiones matan a las crías más débiles, centinelas que vigilan el entorno para delatar a los depredadores de los llanos (como el puma), juveniles que agonizan en el lodo, familias enteras que, durante horas, cubiertas de lodo de las patas a la cabeza para resistir el sol inclemente, se acicalan, se acarician, se cuidan mutuamente. 

Chiguiro en la sabana inundable de Casanare.
Chigüiro en la sabana inundable de Casanare junto a una babilla. Familias Salvajes registra el comportamiento familiar comunitario de esta especie, que se ha adaptado a las inclemencias del llano. Créditos: Federico Pardo.

Ecólogo, realizador audiovisual y divulgador científico, Nicolás Giraldo ha sido uno de los encargados de seguir a la pichona de Familias Salvajes. Giraldo explica que para lograr la intimidad inédita que se propusieron fue necesario construir tres plataformas, a alturas entre 10-20 metros, y con un poco más de 1 metro cuadrado de área, para grabar desde allí la vida de la familia de arpía desde su hogar, el dosel de la selva. “Nadie nunca ha hecho un seguimiento como el nuestro del crecimiento del águila arpía, la más poderosa de América” anota. 

“Nadie nunca ha hecho un seguimiento como el nuestro del crecimiento del águila arpía, la más poderosa de América”, anota.

Para responder qué ha sido lo más fascinante que ha captado de su comportamiento, Giraldo habla, admirado, de la transformación gradual de la pichona. “No solo en cómo se ve, sino sobre todo en su comportamiento. Del vuelo incipiente de su niñez, a explorar el mundo y saltar de árbol en árbol en la adolescencia, hasta adoptar esa mirada de máxima depredadora de los bosques que te mira cómo decidiendo si eres o no comestible… ha sido realmente hermoso”, cuenta. 

De Mecetas, Meta, en donde crece la pichona, Giraldo pasa a hablar de Acandí, en el Chocó caribeño. Allí logró, gracias a una cámara Go Pro la toma más íntima que pueda lograrse del desove de una tortuga. La secuencia, de noche, sigue a la tortuga laúd salir del mar y arrastrarse, masiva y con dificultad por los cientos de huevos que alberga, por la playa. Cuando da con un lugar que le satisface, “con una delicadeza y pulcritud difícil de pensar para un animal aparentemente tan torpe”, hace un hueco perfecto en el que desova los cientos de huevos con los que ha nadado por miles de kilómetros. “La toma del desove es grotesca pero espectacular”, expresa el ecólogo. 

Tortuga Laúd en el Chocó.
Hasta 11.000 kilómetros recorre una tortuga laúd antes de llegar al Chocó caribeño para desovar. Créditos: Alejandro Pabón.

Para ver en la pantalla los milagros que el equipo de F_amilias Salvajes_ ha registrado en estos años, se necesita sumar al barco empresas con capital que le apuesten a la conservación y la biodiversidad de Colombia. Así pasó con Magia Salvaje, el documental que financió el grupo Éxito y que, con la voz de Julio Sánchez Cristo, vendió 1.600.000 boletas en las salas de cine de Colombia y se consolidó como la película nacional más vista en la historia. Tanto Pardo como Pabón confían en que la intimidad inédita que han captado, que da cuenta del complejo rompecabezas de las formas de hacer familia en el mundo salvaje, tiene todo el potencial para convertirse en otro hito de nuestro cine y nuestra naturaleza. Para conservar hay que conocer, dicen. Qué mejor forma que esta.

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