HOMOFOBIA

El rechazo a la comunidad de la diversidad sexual es una moneda de cambio canjeada con éxito por movimientos políticos de ultra derecha en alza en el mundo. Partidos que supieron recoger el hartazgo y resistencia al avance de luchas igualitarias y ahora su postulado es “curar” (o erradicar) a las personas de la comunidad LGBTIQ. De la mano de distintos credos religiosos, los ultra avanzan con la promesa de eliminar o reducir cualquier conquista de esa comunidad, para proteger a los “niños” y a la “familia tradicional”.
La homofobia cobra vidas, cuando no destruye las de quienes se odian a sí mismos o a los demás perpetuamente por no aceptarse como son. En 64 países del mundo todavía castigan con cárcel el sexo entre personas adultas del mismo sexo. Es el neofacismo que cobra fuerza: como nunca antes tras la segunda guerra mundial existían en el mundo tantos y tan poderosos gobiernos y partidos de ultraderecha, que ondean banderas de exclusión como la de la homofobia. En este continente lo hacen los partidos del evangelismo cristiano.
Además de las imposiciones religiosas, la psicología clínica se ha ocupado de estudiar por qué la gente adopta y practica esas creencias excluyentes. Por ejemplo, según la teoría de la identidad social, la categorización de la vida en sociedad en distintos grupos exagera y distorsiona las diferencias y autoriza prejuicios en contra de quienes pertenecen a la minoría. También existe el fenómeno de la homofobia internalizada, según el cual las personas rechazan la diversidad sexual porque ellos mismos la experimentan y se repudian a sí mismos por ello. Una versión muy triste de la autoestima baja que autoriza a odiar a los otros que eligieron vivir en libertad.
Cualesquiera que sean sus razones, Abelardo de la Espriella, su partido político y sus adeptos defienden posturas homofóbicas. Quedó en evidencia tras una conversación que se viralizó en redes sociales en la que el entrevistador le cuenta que el candidato Juan Daniel Oviedo le había dicho que lo que no le gusta de De la Espriella era que no usaba medias.
Si no respetas una voz distinta, no estás listo para representar a todas.pic.twitter.com/k1eZGNh1Nw
— Juan Daniel Oviedo (@JDOviedoAr) March 3, 2026
Los aplaudidores del candidato salieron angustiados a explicar que no era una burla a la homosexualidad de Oviedo sino al acento con el que habla. Como si además pudieran esconder una crueldad con otra.
Claro que De la Espriella ha sentado posturas homofóbicas. Por lo menos desde que recibió el apoyo de las Iglesias cristianas, porque antes pensaba otra cosa. En un video con el pastor Miguel Arrázola, una de las cabezas del dominionismo cristiano en Colombia, le dijo que las familias diversas son equivalentes a “un tipo que se cree gato, otro que se cree ratón y adoptan un pincher”. El candidato piensa que una familia gay se compone de personas que se identifican como animales, y el pastor antiderechos sonríe complacido.
Hace siete meses le dijo a Eva Rey que los “niños” necesitan una mamá y un papá y por eso no apoya la adopción gay.
En Caracol TV dijo que, si dependiera de él, no permitirá la adopción a parejas del mismo sexo.
Este nuevo postureo en favor de la familia tradicional es también el que expone en la página oficial de su campaña. La congresista Lina Garrido, quien hace rato adhirió a ese proyecto político, dijo esta semana que tal vez al presidente Petro le “habría gustado” hacer un juego de espadas con su ministro “marica”:

Aunque en X quieran lavarle la cara a la homofobia de Abelardo y su movimiento, lo cierto es que no pueden esconder que esa campaña defiende la exclusión de la diversidad sexual.
Es probable que estas posturas resulten en votos en este país excluyente, en especial en las bases cristianas que quieren seducir prometiendo que van a perseguir a los homosexuales. Un voto por los partidos de ultra derecha no traerá ninguna salvación nacional, sino la garantía de que se persiga la diferencia en la orientación sexual. Muchos jamás votarían por un candidato ultra y neofascista como Abelardo De la Espriella, no importa contra quién se enfrente. Tal vez por eso Iván Cepeda se sueña encontrárselo en segunda vuelta.
En todo caso, lejos del cálculo electoral, fue esperanzador ver a tantas personas de distintos orígenes defender a Oviedo ante el ataque del candidato. La homofobia de Abelardo de La Espriella y su desprecio hacia la diversidad no es tan fácil de esconder, ni se soluciona poniéndose medias.
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