LOS NIÑOS

Algunos en la derecha colombiana migran de la postulación del candidato gay a la vicepresidencia a la del candidato ultra, como es apenas lógico. Hasta refrescante resulta el rechazo de tanta momia que cree que respaldar a una persona gay en una candidatura es una afrenta a sus principios, porque sirve para explicar cuán confundidos están y cuánto daño hacen esas posiciones que quieren embutirnos con moralina. Claro, no solo la derecha excluye, porque la izquierda también puede ser retrógrada, como lo demostró el presidente Gustavo Petro al participar en la campaña (su nueva actividad favorita y hasta ahora impune) y hacer referencia a las “plumas y lentejuelas”, para quejarse de los progresistas que votaron por Juan Daniel Oviedo.
Dijo el expresidente Álvaro Uribe que recibían con los brazos abiertos a Oviedo y su “diversidad” pero que prometía que no pondrían en riesgo a “los niños”.
Señor expresidente Uribe, le prometo que los niños estarán bien si viven en un país con un vicepresidente gay. El problema no es que existan figuras públicas de la comunidad LGBTIQ, sino que los niños crezcan en el odio. El odio homofóbico que usted, su partido y colectividades como la suya se han encargado de esparcir desde que existen en la política colombiana. Además de injusto y doloroso es un odio inútil, señor expresidente, porque no cambiará la realidad de que estas personas existen y seguirán existiendo.
Los estudios de las ciencias sociales dedicados a esta materia han concluido que entre el 10 y 30 % de cualquier comunidad corresponde personas de diversidad sexual. La manera en que vivan en ellas —en libertad y aceptación o en rechazo y tortura psicológica— depende de la comunidad política que las recibe. En Senegal aprobaron esta semana un endurecimiento de penas por conductas homosexuales, esa ley solo traerá más sufrimientos para esas personas porque no ha existido ninguna medida tomada en ningún momento de la existencia de la raza humana en el planeta que haya conducido efectivamente a la eliminación de esta población. Afortunadamente.
Lo que pasa en los lugares en los que se prohíben estos rasgos de la naturaleza es que esas personas deben migrar o eligen vivir en negación de quienes son y de sus propios deseos. Eso los somete a angustias profundas, odio de sí mismos y, más usualmente, rechazos a la diversidad sexual de otros. Esta homofobia interiorizada reina en los círculos de ultraderecha; por eso es que cada vez que se reúne la Convención Nacional Republicana en Estados Unidos colapsa la aplicación de citas para gays Grindr; porque en esos partidos militan muchos hombres que quieren (infructuosamente) esconder su homosexualidad.
Hablarles a los niños y niñas sobre la diversidad sexual no es adoctrinamiento, es prepararlos para el mundo real, ayudarlos a que no crezcan con odios irracionales en contra de una persona por su orientación sexual, o peor, en contra de sí mismos. Lo que usted y su partido acusan de ideología de género es la simple explicación de que en el mundo hay gente diferente; le guste o no, simplemente existen. Los niños no le encuentran peros o problemas a este hecho, eso lo hacen los adultos.
Ese recurso argumentativo que ustedes tanto explotaron para confundir a la gente en el voto por el plebiscito por la paz fue eficaz, porque usted sabe muy bien que en este país homofóbico es rentable ampararse en el odio para que la gente salga a votar “berraca”. Las supuestas cartillas de la ideología de género (que no lo eran), impulsadas por la ministra lesbiana Gina Parody fueron la cereza en un pastel vacío, pero pomposo con el que juraron que protegían a los niños de un fantasma y que tantos juraron ver también.
Ese argumento de que hay que cuidar a los niños de los gays para que no se confundan es equivalente a decir que ser gay es malo. Que si el resultado de darle esa información a un niño es que empiece a identificarse como homosexual es mejor privarlo de esas explicaciones fundamentales para la vida en paz en una sociedad; para que mejor se odie a sí mismo o a los demás para siempre.
Y, claro, que cada quien crie a sus hijos como quiera, pero que tengan la certeza de que el odio y la exclusión se enseñan, la diversidad sexual no.
No, expresidente Uribe, a los niños en este mundo convulsionado hay que cuidarlos de la ignorancia; de las visiones excluyentes del mundo que les venden por todas partes. Ojalá su nueva cercanía con Oviedo le permita enterarse de las maravillosas, valientes, brillantes, luminosas y resilientes personas que hacen parte de la comunidad de la diversidad sexual en Colombia. Ojalá ni usted ni los niños se los pierdan.
Comentar este artículo
Aún no hay comentarios













