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LA GUERRA DE LOS SEGUNDOS

LA GUERRA DE LOS SEGUNDOS
Daniel Coronell

LA GUERRA DE LOS SEGUNDOS

Lo más interesante de la campaña presidencial es la carrera por el segundo lugar. La presencia, ya rutinaria, de Iván Cepeda en la cabeza de las encuestas está creando un exceso de confianza en sus filas y una pugnaz emulación entre los dos candidatos de la derecha que aspiran a enfrentarlo.

A siete semanas de la primera vuelta, se está viviendo una situación inédita. Desde la ventaja que le otorgan las estadísticas, el equipo de Iván Cepeda optó por trotar en lugar de correr. Como si los votos fueran a llegar solos. No sienten que necesiten ir a debates ni hacer, siquiera, una campaña especialmente intensa. Ni creen que deban buscar apoyo en los sectores de centro. Están cómodos con sus números, yendo a media marcha y descansando en la peligrosa certeza de que todo seguirá igual.

Contrasta la actitud apoltronada de ese sector con la actividad frenética de quienes quieren vencerlo.

Tanto Paloma Valencia como Abelardo de la Espriella tienen varias guerras abiertas: una entre ellos, para pasar por encima del otro a la segunda vuelta; otra con el debilitado centro de Sergio Fajardo y Claudia López, para quedarse con la mayor parte de sus votos. Y, por último, la que hace unas semanas era la más importante: la guerra contra Iván Cepeda.

Fueron los palomistas quienes abrieron el fuego contra Abelardo. Sucedió antes de las elecciones del 8 de marzo, cuando Tomás Uribe invitó a no botar los votos de la derecha para el Congreso, sugiriendo que solo el Centro Democrático, el partido de su papá, podía alcanzar el número mínimo exigido: “Votar por cualquier partido de oposición que tenga riesgo de no alcanzar el umbral es desperdiciar el voto. Si quiere asegurar un bloque anti Petro-Santos en el congreso, vote @CeDemocratico”. 

Los números demostraron que el delfín estaba equivocado. El Movimiento de Salvación Nacional, una de las listas que apoyó a De la Espriella, logró cruzar ese umbral en el último lugar y eligió cuatro senadores. El éxito se explica, en gran parte, por el empuje de los votos cristianos de la Misión Carismática Internacional. Sara, la hija de los pastores César Castellanos y Claudia Rodríguez, era parte de la lista, pero igual vale.

El desquite no se hizo esperar. Llegó de la mano del senador electo en esa lista Enrique Gómez Martínez, quien salió a reclamar una reacción contra lo que él llamó el establecimiento: “Otros, pensamos que el camino es la renovación, dejar en el pasado al establecimiento que nos arrojó en manos de Petro y por eso, en extrema coherencia, no votamos la consulta santista y la democracia nos habilita a ser una alternativa ante el Pueblo, las curules no son tuyas, querido Tomás, no se heredan, son del Pueblo que las elige”. 

Lo que no cuenta este esforzado defensor de la renovación política, este crítico de odiosas herencias familiares en la política, es que él es nieto del depuesto expresidente conservador Laureano Gómez, hijo del senador Enrique Gómez y sobrino de Álvaro Gómez. Toda una brillante hechura de sí mismo. 

La pelea de la derecha vino a agravarse cuando Juan Daniel Oviedo, en una entrevista con Luis Carlos Vélez, no pudo disimular la repugnancia que le causa pensar en la posibilidad de votar por Abelardo de la Espriella: “Yo no tengo ningún compromiso alrededor de eso, estoy acompañando a Paloma como fórmula vicepresidencial”. 

Y no es que Oviedo no sea derechista. Recuerden que ha dicho que la ultramontana María del Rosario Guerra de la Espriella es su segunda mamá, con el mismo énfasis con el que Paloma afirma que Álvaro Uribe es su papá. Lo que pasa es que una cosa es ser godo del alma y otra compartir la estética, valores y antecedentes de Abelardo.

La revancha se manifestó de distintas maneras. En una de las cuentas de Instagram que Abelardo usa para atacar a sus enemigos con sofisticadas graficaciones y recursos de inteligencia artificial, demoniza a Iván Cepeda, pintándolo como una hiena, muestra a una paloma asustada incapaz de enfrentar a la fiera, que solo huye despavorida ante la presencia de un alto, fornido y desde luego varonil tigre que alberga a la indefensa ave entre sus piernas. Mientras suena la canción Holding out for a hero, aparece el sugestivo título “Al diablo no se le enfrenta con una paloma. Al diablo se le derrota con un tigre”. 

La agresión animada fue remachada por la intervención de otro de los senadores del abelardismo. Se trata de un influencer llamado Alejandro Bermeo quien, bajo el título de “Cae Paloma Valencia que es pa lo mismo”, anunció una encuesta –como ellos llaman los anticientíficos sondeos en redes sociales–  que revela que el 33 por ciento de los participantes asegura “ya no soy uribista, soy abelardista”; el 59 por ciento dice “soy uribista pero voy por Abelardo”; y el 4 por ciento afirma “hago lo que diga Uribe”. 

La cosa no hizo gracia en las toldas de Paloma. Carlos Meisel, senador del Centro Democrático, publicó un video –reproducido por Tomás Uribe– en el que dice que se cansaron de poner la otra mejilla. Que José Manuel Restrepo, el compañero de fórmula de De la Espriella también apoyó la paz de Santos; que las toldas del autodenominado tigre están llenas de santistas y que el Movimiento de Salvación Nacional recibe plata pública, es decir que los abelardistas también están pegados de la ubre tan denostada por Abelardo. 

La verdad es que están buenísimas las campañas de la derecha. Por favor no los interrumpan. En una de esas, los dos segundos pueden quedar de terceros.

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