LOS MEJORES ALIAS DE CIRCOMBIA

Esperaba atravesar unos días de tranquilo descanso en la Semana Santa: el jueves, visitar monumentos como la impresionante estatua del John Lennon de hojalata, con la porquería expuesta como un badajo de campana, que Carlos Ledher donó a la ciudad de Armenia; el viernes, rezar por el mártir del Calvario, o el calvo del martirio, en caso de que se trate del propio Berto y sus fallidos implantes capilares; y despertar el domingo de resurrección como una persona nueva. Una semana entera para respirar, para sostener la tentación de no referirme al presidente, precisamente: ese dios humanado que llegó tres horas tarde a la última cena para darse gusto con los jamones de bellota servidos por el apóstol Hollman; que nombró a Dimas gestor de paz poco antes de liberarlo; y que, por último, y contra todo pronóstico, resucitó en las encuestas y ascendió al cielo en un avión Gripen: el dios omnipotente que esta semana, con ayuda de la Fiscalía, suspendió la orden de captura de 23 cabecillas del Valle de Aburrá y ordenó al ministro de Hacienda retirarse de la junta del Banco de la República cuando supo que subirían las tasas. Porque supuso que se referían a las de café.
En estas breves vacaciones tampoco quería restregarme en el fango de las elecciones en las que puntea Iván Cepeda, el discípulo amado que ha esperado la vida entera para llegar al momento de su propia resurrección. Lo imaginaba como un verdadero Cristo, el cuerpo desnudo encorvado en el travesaño, la giba cóncava que le impide recostar la espalda contra el mástil de la cruz, y el trapo mínimo que le cubre las partes pudendas, mientras lee su doctrina en un papelito:
—Mi paz total os dejo, mi paz total os doy —diría con la voz firme mientras la prensa registra la masacre número 35 del trimestre.
¿Cuáles serían los doce apóstoles con los que Iván Cepeda gobernaría? ¿En verdad recibió a Cristo, si no en su corazón, al menos en su campaña? Sentado a la izquierda del Padre ascenderá con una constituyente bajo el brazo para que suyo sea el poder y la gloria, y su reino no tenga fin.
Diferente su caso, de todas formas, al del salvador eterno de nuestros afectos que, como sus huevitos, es trino y uno, y pretende regresar del cielo en la forma de una paloma para obrar sus milagros, dentro de los que destaca organizar una cena con los Doce Apóstoles para que los comande el apóstol Santiago.
Juré, pues, no seguir las noticias del Gobierno, reposar de los informes electorales, descansar, en fin, del aguacero de siempre de tantas noticias sucias. Pero cometí el error de navegar por Instagram en las cuentas con novedades del Caribe que sigo con ánimo sociológico, y allí encontré el titular del año, con eñe, por si acaso: la caída de alias Jopo Pelúo, un ladrón al que pillaron sacándole el celular del bolsillo a un turista en el malecón de Barranquilla: mucho malecón.
Recuerdo que, en un primer momento, al leer la noticia, tuve miedo de que se tratara de Abelardo, que por esos días andaba en la Arenosa. Pero el cosquilleo al que se dedica Abelardo es de otra naturaleza, más risueña, acaso, y el cuidado físico del que hace gala el candidato de los metrosexuales jamás haría justicia a un mote semejante: la preocupación de sus huestes vendrá cuando la policía arreste a Jopo Depilado, por ejemplo, o al propio Espantajopo.
Hace más de dos décadas analizo los pormenores del circo tropical en el que sobrevivimos, y he sido testigo de alias de difícil presentación ante el público extranjero. Recuerdo cuando cayó un capo del Clan del Golfo conocido como Chocha Gringa: acaso se trataba de un señor de apellidos Cucalón Rubio a quien en confianza sus amigos llamaban de esa manera.
Para no decir nada de Oscar Portilla, un peligroso sicario de Norte de Santander conocido en el mundo del hampa con el alias de Diarrea. Seguramente actuaba bajo las órdenes de alias Fritanga. La policía montó la operación Lomotil y cercó la ciudad de Cúcuta con retenes dispuestos como un pañal; la presencia de un personaje olió mal a uno de los agentes, por decirlo de alguna manera, y de esa forma, miren qué paradoja, Diarrea ya no quedó suelto.
Como lector asiduo de las páginas judiciales he visto caer a Everson López, conocido como Karol G; a Buche de Agua, a Marrano Mono, a Primo Gay, que no era, como de forma falsa dicen sus malquerientes, como Pablo Escobar se refería a José Obdulio. Incluso vi la manera como sonaron a Nariz de Mondá —cuyo perfil criminal era bastante prominente—; y a alias Calzoncillo —acaso aliado de Diarrea—, que debería actuar en llave con Wílber Varela, alias Jabón: un hombre que de forma redundante se dedicaba al lavado.
Pero el caso de Jopo Pelúo merece un análisis especial: ¿cómo dieron con él las autoridades? ¿Tenían un retrato hablado con sus señas particulares? ¿Su captura se dio en flagrancia? ¿Incluso en fragancia?
Imagino a los agentes:
—¡Manos arriba, calzones abajo! —gritaron, para constatar que, efectivamente, era la presa por la que iban: previamente habían detenido de forma equivocada al profe Mockus, a quien liberaron tras cotejarlo con el dibujo. Confirmada la identidad, la policía le echó mano por los pelos, porque por poco se escapa, y Jopo Pelúo terminó con el rabo entre las piernas, si me autorizan la expresión.
Es, pues, la noticia del año: trasquilado Trasero de Peluche, para decirlo en términos más elegantes, menos coloquiales: Derriere de algodón. Que el presidente Berto no se entere porque pedirá su liberación para nombrarlo gestor de paz. O de una vez ministro de Hacienda: de esa forma Jopo Pelúo les sacará el ídem a los de la junta del Banco de la República y dará la orden de imprimir papel moneda para que el pueblo de Berto, el votante de Cepeda, pueda tener más suelto en el bolsillo.
Aunque suelto, lo que se llama suelto, Oscar Portilla, alias Diarrea.
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BOGOTÁ
Martes 14 y 21 de abril - Auditorio Orígenes de la Universidad EAN
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Sábado 25 de abril - Teatro Santiago Londoño
BARRANQUILLA
Sábado 2 de mayo - Teatro José Consuegra
CALI
Sábado 9 de mayo - Teatro Calima
BUCARAMANGA
Sábado 16 de mayo - Teatro UNAB
MEDELLÍN
Sábado 23 de mayo - Teatro Universidad CES
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