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CEPEDA, EL RADICAL

CEPEDA, EL RADICAL
Daniel Samper Ospina

CEPEDA, EL RADICAL

Esta semana descubrí que el verdadero antipolítico es Iván Cepeda: no asiste a debates, no ofrece entrevistas sino a quien le da la gana, no emociona, no baila, no se disfraza: únicamente se sume bajo el peso de su joroba infinita sobre un papelito que lee con una voz monocorde, de político anacrónico, mientras hace del aburrimiento el sello de su campaña.

A veces me imagino que es una sofisticada obra de su equipo de estrategas, que Cepeda quiere brincar, grabar un tiktok consintiendo a un gatico, ¡saludar en firmes!; bailar, si no como Mauricio Cárdenas, al menos con el adusto profesor José Manuel Restrepo, aquel respetable académico que reclutó la campaña de Abelardo para balancearla, pero en lugar de ofrecer seriedad a Abelardo, Abelardo se la restó a él. Ahora no es posible encontrar al ex rector Restrepo en una actividad diferente a la de dar brincos frenéticos en cuanto programa radial lo inviten. Ha bailado merengue, joropo y, la última vez, mapalé, mientras los periodistas que lo entrevistaban le ponían un pañuelo en la lengua porque creían que estaba sufriendo de un ataque de epilepsia.

—¡Grabemos un video haciendo stunt! —imagino que pide el candidato Cepeda a su equipo digital.

—¿Qué es stunt? —le pregunta el joven videógrafo que lo acompaña.

—¡Acrobacias en moto, como el que hizo Oviedo!

—No, Iván —lo reconviene el estratega mayor—: si quieres hacer algo emocionante, levanta la ceja cuando mires a una cámara. De resto, sigue el plan: joroba, camisa sin cuello, lectura tediosa. Criticar a Uribe. De ahí no nos podemos mover.

—Hablando de mover, ¿puedo hacer por lo menos un trend de TikTok?

—No: solo lee y vete jorobando sobre las resmas de papel. 

—¿Al menos ofrecerle el Ministerio de Defensa a Petro?

—No. Deja de copiarte de los otros candidatos. 

¿Cómo así que Cepeda parece próximo a ganar en la primera vuelta según la encuesta de Invamer? ¿En qué momento, en estos tiempos digitales donde la estridencia lleva a la viralidad, y la viralidad es la meta, el hombre más aburrido del mundo expone sus ideas radicales de forma lenta e insoportable, y con ello se dispara la intención de voto por su campaña? 

Pero así parece suceder: la lectura interminable de sus eternos y extremistas discursos conduce al pueblo a soñar. Literalmente. Poco importa a la larga lo que haga, porque el presidente Berto es su verdadero jefe de campaña y logra transferir al candidato de la camisa de cura el éxito inmediato de sus medidas populistas: subir salarios, ofrecer pensión para todo viejo que no sea Álvaro Leyva e informar al pueblo que él es inolvidable en la cama. 

Entre tanto, Paloma Valencia, la candidata que grita que Uribe es su papá (cuando en realidad lo es el Junior), procura sostener el equilibrio con su fórmula, con quien padece desencuentros a diario. El último fue por proponer a Álvaro Uribe como ministro de Defensa. 

—¡Necesito que me ayuden a convencer a un gran antioqueño para que acepte ser mi ministro de Defensa! —gritó la candidata esta semana, al lado de Uribe.

—¿A Fajardo? —le respondió alguien.

—No, no: ¡uno que sabe mucho de defensas!

—¿Pacho Maturana? —preguntó otro.

—¡Uno que es caballista, que conoce de armas!

—¿Santiago Uribe?

Oviedo mostró su desacuerdo en público. Ella, como respuesta, gritó: “¡La presidente soy yo!”. Se vive un gran ambiente laboral en esta suma entre distintos. Si ganan, en el consejo de ministros Oviedo podrá propiciarle un “periodicazo” a su colega de gabinete por cada nuevo falso positivo.

Para más dichas para el doctor Cepeda, Abelardo de la Espriella ataca a Paloma Valencia con videos elaborados por la inteligencia artificial que llegan al delirio de recrear un supuesto complot entre Santos y Uribe para derrotar al Tigre. En el más reciente aparecían Tomás, Jerónimo, Esteban y alguien que podría ser Martín Santos o Cristian Castro comiendo palomitas, como amigos, mientras se divertían observando en una pantalla la destrucción del pobre Abelardo, alias Papucho cuando canta vallenato, o Papuchini cuando entona óperas. Porque la campaña de Papucho se centra, precisamente, en decir que él representa a los “Nunca”, todavía más desvalidos que los “Nadies” de Francia Márquez: los que nunca han tenido poder,  los neo-poderosos: los nuevos ricos, si se quiere. Un mensaje que expresa mejor que nadie su jefe de campaña, el nieto de Laureano, el presidente; hijo de Enrique, el congresista, y sobrino de Álvaro: 

—¡Nosotros somos los que nunca hemos estado en el poder! —grita el delfín de los Gómez mientras se pone en firmes al lado del Tigre y celebra la adhesión de la casa Char.

¿De verdad debemos prepararnos para el inevitable triunfo de Cepeda? ¿Viviremos en un país cuyos presentadores de noticias deban decir la frase “el presidente Cepeda” para risa de todos los niños de doce años y los humoristas inmaduros de cincuenta? ¿El centro político quedará reducido a unos tristes escombros que Fajardo terminará por barrer con su escoba de oficio?

Este, pues, es el panorama. Cepeda adelanta su campaña casi desde la clandestinidad, con el tedio como estrategia, y parece rozar la peligrosa victoria. Su operario político, entre tanto, es el mismísimo presidente de la República que, con los bolsillos sin fondo del Estado, se encarga de llevar a su campaña el entusiasmo del que carece, y de paso la utiliza para promover una constituyente que —acaso— permita su regreso en 2030. Para entonces Juliana Guerrero ya tendrá 27 años, el presidente se animará a hacerse su tercer lifting y continuará diciendo que él es inolvidable en la cama, aunque ahora por roncar.

Así, pues, están las cosas. Se nos viene Cepeda, el radical, con una constituyente petrista bajo el brazo. Mientras tanto, Oviedo se pelea con Paloma, Paloma con Abelardo y el centro se esfuma. No tenemos salvación. Solo falta que el profesor Restrepo monte su próxima coreografía sobre una canción de Cristian Castro. O de Martín Santos.

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SANTA ROSA DE CABAL
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