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Mauricio Rodríguez Múnera
Puntos de vista

Bola de cristal 2026

En estos días, las empresas están haciendo sus presupuestos para el 2026. Uno de los insumos más importantes es el conjunto de variables macroeconómicas, políticas y sociales que tendrán un gran impacto sobre su desempeño el año entrante. Resumo a continuación mis pronósticos (no cifras exactas, sino tendencias) con base en lo que he estudiado en los análisis de los centros de pensamiento que considero más creíbles, y en mis propias reflexiones sobre lo que observo en el horizonte de corto plazo –lo que resta del año y los siguientes doce meses. 

Antes de presentar mis proyecciones, hago una muy importante advertencia: creo que el próximo Gobierno heredará un desastre de la administración Petro en cuestiones tales como las finanzas públicas, la seguridad, la salud, el sector minero-energético, las relaciones exteriores (en particular con los Estados Unidos), el nivel de inversión privada (nacional y extranjera) y las reformas pensional y laboral, entre otras. Por estas razones los colombianos tenemos que ser muy cuidadosos en la elección del próximo mandatario. Una equivocación (escoger a alguien de la extrema izquierda o derecha, en mi opinión) tendría graves consecuencias en las próximas décadas.

Ahora sí, mis opiniones, clasificadas en dos grupos: lo positivo y lo negativo. En la primera categoría incluyo un crecimiento aceptable del PIB (entre 2.7 y 3 por ciento, superior al de este año), una inflación moderada (no ideal pero tampoco insoportable) alrededor del 5 por ciento, un desempleo estable en el mismo nivel actual, costo del dinero similar al de hoy en día, tasa de cambio en torno a los 4.000 pesos por dólar, y un déficit en cuenta corriente poco preocupante (del 2-2.5 por ciento del PIB). El consumo privado y el gasto público serán los principales motores de la economía. Es decir, los temas críticos descritos en el párrafo anterior comenzarán a tener un impacto muy nocivo a partir de 2027, no tanto en 2026. Por eso es crucial que el Gobierno entrante tome medidas drásticas en sus primeros cien días, reduciendo todo lo posible el daño potencial. 

Lo negativo: la polarización política, antes y después de las elecciones, producirá incertidumbre –que es la principal enemiga de la tan necesaria inversión privada. Ojalá el próximo presidente logre calmar los ánimos y concertar con la oposición algunos cambios indispensables para desactivar una crisis económica y enfrentamientos sociales desatados por uno o los dos bandos radicales. Pero será una tarea muy difícil. Es arriesgado faltando tanto tiempo predecir quién ganará las elecciones, pero creo (¿pensando con el deseo?) que será un candidato de centro. El otro factor desfavorable será el de la las relaciones internacionales, específicamente lo que nos sucederá con Trump y Maduro. Sin embargo, el riesgo mayor es de la violencia, que ya está en un nivel muy elevado, pero puede empeorar. 

En mi ponderación, pesarán más los vientos a favor que aquellos en contra. Seguramente algunos me tildarán de optimista o ingenuo: bienvenidas sus visiones contrarias para enriquecer el debate.

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