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Mauricio Rodríguez Múnera
Puntos de vista

La panela de la paz

Mañana miércoles 15 de octubre será un buen día para Colombia. En Puerto Asís (Putumayo) el presidente Petro, integrantes de su gobierno, congresistas, autoridades locales y líderes sociales de diversas comunidades formalizarán la entrega de 14 toneladas de material bélico por parte de los dos grupos guerrilleros que conforman la Coordinadora Nacional del Ejército Bolivariano (CNEB) - Comandos de la Frontera (Putumayo) y Coordinadora Guerrillera del Pacífico (Nariño), que suman aproximadamente 2.500 combatientes.

Este acto protocolario es parte de un acuerdo que incluye, por parte de esas guerrillas, el no reclutamiento de menores de 18 años, el no uso de minas anti-persona, el desminado humanitario, cero acciones ofensivas contra la fuerza pública, líderes sociales o firmantes del Acuerdo de Paz de 2016, y el ingreso inicial de 120 de sus miembros en Nariño y Putumayo a Zonas de Ubicación Temporal y Capacitación. Y algo muy importante: la sustitución de 30.000 hectáreas de coca (repartidas por igual en ambos departamentos) que tendrá que hacerse cuanto antes -labor en la que el Gobierno no puede ser inferior a su compromiso.

Esta negociación ha sido exitosa gracias a la voluntad y enormes esfuerzos del equipo negociador del Gobierno -liderado por Armando Novoa (comprometido a fondo con la causa) con el apoyo de Gloria Arias (una de las personas que más ha trabajado por la paz en los últimos 15 años), Parmenio Cuéllar, Jaime Ariza, Alejandra Mariño y Daniel Eslava-, y por parte de la CNEB -cuyo jefe negociador es Walter Mendoza  (exintegrante de las Farc)-, agrupación que en buena hora se separó de la guerrilla Segunda Marquetalia (disidencia de las Farc), encabezada por Iván Márquez. También hay que agradecer a las naciones garantes -Noruega, Suiza, Países Bajos y Venezuela, y a los acompañantes representantes de Naciones Unidas y la Conferencia Episcopal (monseñor Henao ha jugado un destacado papel).  

Es cierto que este logro es relativamente pequeño frente a la ambiciosa meta de la Paz Total. Pero hay que valorarlo y aplaudirlo porque se salvarán muchas vidas y mejorarán las condiciones de vida de decenas de miles de personas que habitan esas regiones. Y ojalá se pueda replicar en otras zonas de Colombia, en este Gobierno y en los siguientes. Aprovecho esta ocasión para insistirle a algunos grupos del ELN que no se han convertido en delincuentes comunes (narcotraficantes, mineros ilegales, deforestadores, extorsionistas) que sigan este buen ejemplo.  

En la laguna de Chimbuza (Nariño), líderes de la CNEB, por iniciativa propia, comenzaron a sustituir el cultivo de coca por el de caña de azúcar. En su trapiche están ya produciendo la Panela de la Paz, una dulce evidencia de que sí es posible en ciertos casos acabar la violencia y sembrar prosperidad.

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