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Mauricio Rodríguez Múnera
Puntos de vista

Nuestra Torre de Babel

Según la Biblia, en el libro del Génesis, después del diluvio universal, la gente decidió construir en la llanura de Babel una torre muy alta –hasta el cielo, representando su grandeza. Pero Dios, como castigo por su arrogancia, confundió sus lenguas para que no completaran su proyecto y se dividieran.

Algo similar parece que ha sucedido en Colombia en las pasadas tres décadas. Después de la expedición de Constitución del 91, un gran acuerdo nacional de fuerzas políticas muy diferentes cuyos enfrentamientos produjeron mucho dolor y daño, los egos de nuestros líderes han producido una muy nociva división. Los colombianos nos hemos fragmentado ideológicamente en cuatro grupos: izquierda, derecha, centro e indiferentes. Cada bloque se cree poseedor de la verdad revelada. No escucha con atención y respeto los pensamientos de los otros. Ve en los demás a enemigos, no como simples rivales –así deben ser considerados los opositores en una democracia sana. Impide un diálogo constructivo entre todos, el sesgo de confirmación: escuchar y leer solo las opiniones de quienes piensan igual para reafirmarse en las convicciones propias, en vez de expandir la mente y el corazón para comprender a los otros y poder así encontrar puntos comunes.

Por mi labor como periodista y profesor universitario durante más de cuatro décadas, he tenido la oportunidad de conversar, en los 32 departamentos de Colombia, con ciudadanos que tienen formas de pensar y de actuar muy diferentes. Gente de diversas razas, géneros, edades, culturas y condiciones económicas. Personas con ideas, vivencias, temores, frustraciones y aspiraciones muy diversas. Pero a pesar de esas aparentes divisiones, estoy convencido de que es posible construir una nación habitable para todos.

Para poder lograr ese objetivo común debemos todos hacer tres grandes esfuerzos: conocer bien la realidad en la que viven los demás, entender con mente abierta sus formas de pensar y las razones que las sustentan (lo que no implica estar de acuerdo), y crear conjuntamente soluciones prácticas que nos permitan vivir en armonía. Soluciones que solo es posible diseñar si superamos la desconfianza, los odios, las estigmatizaciones, el pensamiento simplista –blanco o negro–, las discriminaciones, las vanidades, y sobre todo, el egoísmo.

Así pues, el cambio más urgente y profundo que necesita Colombia es el de la actitud de cada uno de nosotros frente a quienes hoy juzgamos como malas personas porque piensan distinto. Los líderes, de todas las tendencias, deben propiciar esa transformación. Sin embargo, la responsabilidad final de crear y cultivar esa nueva mentalidad es de cada individuo.

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