
En toda clase de discusiones que se llevan a cabo a diario en Colombia sobre nuestros problemas económicos, sociales y políticos, surgen siempre dos obstáculos que impiden que esos necesarios y convenientes debates sean fructíferos: la desinformación y el negacionismo.
A manera de ilustración (la lista completa ocuparía varias columnas), doy ejemplos de los casos más frecuentes y nocivos que contaminan y distorsionan el intercambio de ideas. No aparecen en orden de importancia.
* Pocos saben que hay 6 millones de colombianos que viven en pobreza extrema, o sea en condiciones infrahumanas, por debajo de los estándares mínimos para llevar una vida digna. Y que nuestro país es uno de los tres más desiguales del mundo.
* Muchos creen que todos los políticos son corruptos. Es cierto que lamentablemente hay bastantes casos de corrupción, pero la verdad es que la mayoría son personas íntegras que sirven bien a sus comunidades. Y en cuanto a los servidores públicos, la corrupción es la excepción, no la norma.
* La imagen de los empresarios (de todos los tamaños) no es tan buena como debería ser. Hay mucha ignorancia sobre por qué le conviene a todos los ciudadanos que haya más y mejores empresas formales. Es verdad que hay casos de abusadores y explotadores (que se deben sancionar), pero no se debe subestimar el hecho de que las iniciativas privadas son la fuente del progreso de una sociedad ―porque generan empleo, exportaciones, sustitución de importaciones y pagan impuestos que financian los gastos sociales.
* Demasiada gente se deja impresionar por cuestiones de forma y no de fondo en materia de preferencias políticas. Las frases efectistas, las incitaciones al odio o al miedo, las promesas imposibles de cumplir, las mentiras y calumnias, y la agresividad, dominan los discursos de la izquierda y la derecha radicales ―que lamentablemente son los que más acogida tienen. La formación, experiencia, trayectoria y logros concretos de los aspirantes, se ignoran o pesan muy poco en las preferencias.
* En los pasados cincuenta años, Colombia ha avanzado muy significativamente en cobertura de salud y educación (pero hace falta mejorar su calidad). Y a pesar de que los índices de violencia siguen siendo altos, se han reducido un 60 por ciento. Y luego de Paraguay, es la nación latinoamericana con mayor crecimiento económico en tiempos recientes. Entonces, es equivocado afirmar que todo lo hecho ha sido un desastre. Hay mucho por corregir y mejorar, pero negar o desconocer el terreno recorrido es abonarle el terreno a quienes quieren debilitar nuestra democracia, las instituciones y el régimen económico basado en la libertad.
La batalla contra el poder destructor de la desinformación y el negacionismo se puede y debe librar con las dos mejores armas disponibles: la educación y el periodismo de buena calidad.
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