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Yohir Akerman

La fractura de Abelardo

La campaña del candidato presidencial de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella, se está quebrantando por dentro. Así lo demuestra una carta obtenida por esta columna que evidencia quién, cuándo y por qué se tomaron ciertas decisiones que provocaron la renuncia de 11 altos dirigentes.

El documento, fechado el pasado 18 de marzo, está firmado por la totalidad del Comité Regional de la campaña presidencial en el Cauca. No es una disidencia marginal, tampoco un reclamo aislado. Es una dimisión colectiva. Y es, sobre todo, un registro. Una evidencia de cómo, después de ocho meses de trabajo político en el territorio, la dirección nacional decidió intervenir la estructura regional sin consulta, sin acuerdo y sin entender lo que ya estaba construido. Vamos a la línea de tiempo.

Según la carta firmada por los 11 dirigentes, todo comenzó a principios de agosto de 2025, cuando un grupo de payaneses y caucanos, por iniciativa propia, convocó una primera reunión de la campaña en el Hotel Dann Monasterio. Asistieron más de 500 personas de distintos sectores sociales y económicos, y estuvo presente el señor Juan Manuel Muñoz Rojas, quien entonces se desempeñaba como coordinador para el suroccidente colombiano. 

No fue una reunión de simpatizantes sueltos ni una foto improvisada para redes. Fue el punto de partida de una estructura territorial que, al menos en el papel, quedó legitimada por la propia campaña. Después de eso, vino el trabajo. Reuniones en barrios, veredas y municipios. Constitución de comités. Recolección de firmas para inscribir al candidato. Viajes a Bogotá para entregarlas. Asistencia al evento del Movistar Arena. Desplazamientos a las convocatorias en Cali, Jamundí, Rancho de Jonás y Cañaveralejo. Dirigentes trasladados con recursos propios. Más de mil personas vinculadas al enlace de la campaña. 

En otras palabras, no estaban administrando una adhesión espontánea. Estaban construyendo una operación política en un departamento difícil, con problemas de orden público ampliamente conocidos y con una campaña que, al menos en esa región, parecía levantarse más por militancia que por chequera.

Eso importa porque la renuncia no viene de unos recién llegados que querían puestos. Viene de quienes ya ocupaban todos los espacios de dirección del comité en el departamento: coordinación política, mujeres, jóvenes, empresarios, veteranos, administración, logística y comunicaciones. Es decir, no renunciaron dos o tres inconformes. Renunció la estructura completa, incluyendo al coronel en retiro Carlos Augusto Ortiz, quien ejercía como el representante de los militares. Caucatástrofe. 

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Vamos a la razón. Según establece el documento, después de siete meses de trabajo, la dirección nacional designó de manera inconsulta como coordinador departamental al señor Andrés Nazarith Vidal. El problema, según los firmantes, no fue solo el nombre. Fue lo que representaba. Lo describen como una persona polémica y desconocida en el Cauca, sin arraigo político en el departamento, sin experiencia en campañas de esa índole y sin capacidad de convocatoria. 

Pero, sobre todo, lo presentan como alguien que llegó a imponer decisiones arbitrarias, entre ellas la de intentar cambiar a los miembros del comité por amistades que responderían a intereses distintos a los objetivos del grupo que venía trabajando. No hubo transición. No hubo concertación. No hubo siquiera una mínima cortesía política. 

Y en una campaña que se vende como sinónimo de autoridad, mando y orden, ese detalle no es menor. Porque la derecha más vociferante suele hablar mucho de jerarquía, disciplina y respeto por el rango. Incluso con el candidato arremedando el saludo militar. Pero una cosa es exigir obediencia en los discursos y otra muy distinta es administrar con respeto las jerarquías y con inteligencia a quienes llevan meses en el territorio.

Volvamos a los nombres, porque en política los nombres de los cargos a veces delatan mejor que los discursos. La carta está dirigida a Jaime Andrés Beltrán Martínez, gerente para las Regiones, y a Richard Alexander Caicedo Rico, jefe de Gobernanza. Vale la pena detenerse un segundo en ese último cargo, ya que la campaña tiene una persona encargada, nada menos, que de la gobernanza interna. Y, aun así, el documento que recibió termina describiendo exactamente lo contrario: una región intervenida sin conocimiento del territorio, una estructura desautorizada y una crisis manejada con silencio. Más que Salvación Nacional, Perdición Regional.

De acuerdo con el escrito, ante la imposición de Nazarith Vidal, el comité pidió una reunión virtual con la dirección de la campaña. Esa reunión fue presidida por Richard Caicedo, en representación de Beltrán, el gerente para las Regiones. Allí, los miembros del comité expresaron de forma unánime su rechazo a la designación del nuevo coordinador, incluso en presencia del propio Nazarith. No estaban susurrando inconformidades por detrás. Estaban expresando de frente las razones para no compartir la decisión.

Y la campaña nacional no hizo nada. La respuesta que recibieron fue que el asunto sería consultado con otras personas. Pasaron diez días y no hubo respuesta. Después vino algo peor para los firmantes. Aprovechando una visita del candidato y de su esposa a la ciudad de Cali, el señor Nazarith grabó videos en los que ambos lo reconocen como coordinador del Cauca. Luego los publicó en redes y allí, según relatan los signatarios, no solo quedó ratificada la imposición, quedó consumada la desautorización.

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Ese detalle es central. Porque una cosa es nombrar a alguien desde Bogotá sin conocer el departamento, y otra es usar la imagen del candidato y de su esposa para sellar públicamente ese nombramiento, después de que el comité regional ya había expresado su rechazo y después de que la dirección nacional ya había escuchado la crisis. Es decir, la campaña no ignoró el problema, sino que lo escuchó, lo dejó enfriar y luego tomó partido de la manera más humillante posible para su propia estructura territorial, según los firmantes. No tocaron al tigre y los humillaron como a un cuero.

Los videos, señalan los firmantes, produjeron un rechazo expreso entre seguidores y dirigentes políticos del Cauca donde la campaña había logrado buenos números de apoyo, según las encuestas, deslegitimaron el liderazgo del comité y desconocieron el proceso a tan solo dos escasos meses de la primera vuelta. 

Y allí aparece uno de los rasgos más reveladores de toda esta historia. Porque cuesta no ver en este episodio una versión anticipada de lo que sería la idea de gobierno de Abelardo de la Espriella. Una campaña también revela cómo se ejerce el poder cuando todavía no se tiene el Estado en las manos. Y aquí lo que aparece no es autoridad, sino improvisación; no es liderazgo, sino imposición; no es justicia, sino desprecio y arbitrariedad. Se predica orden hacia afuera mientras se oculta el caos por dentro. Se promete mano firme para el país mientras ni siquiera se sabe conducir, sin humillaciones y sin atropellos, a su propia gente en uno de los departamentos más conflictivos del país.

Ese es el fondo de esta carta. No se trata solo de una pelea interna en el Cauca. Se trata de una forma de entender la política. Una manera en la que el trabajo territorial parece útil mientras recoge firmas, llena buses y suma contactos, pero se vuelve prescindible cuando desde la dirección nacional se decide acomodar a un nuevo operador. Una forma en la que los comités regionales sirven para construir, pero no para decidir. Una forma en la que la gobernanza consiste, al parecer, en imponer desde arriba, no en escuchar a quienes conocen el territorio.

Y estas grietas empiezan a verse justo cuando la campaña De la Espriella muestras señales de estancamiento, o de tocar su techo. Recordemos que la más reciente encuesta del CNC para CAMBIO mostró a Abelardo de la Espriella cayendo del segundo al tercer lugar, frente a la disparada de la campaña de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. O la de Guarumo y Ecoanalítica publicada por El Tiempo que los muestra en un empate técnico. 

También está la otra tensión interna en la campaña entre la estructura tradicional y una maquinaria digital de centenares de grupos de WhatsApp, páginas y perfiles que durante meses lo empujó, pero que hoy se siente por fuera de la coordinación estratégica. Y ahora es la renuncia colectiva de su comité en el Cauca la que muestra mucha actuación de autoridad en la tarima, pero poca coordinación en el terreno. Mucho discurso de firmeza, pero una gestión interna que los está desinflando con improvisación y descontrol. 

No deja de ser una ironía bastante colombiana. Un candidato de ultraderecha que promete poner en cintura al país, pero que no es capaz de ordenar su propia operación o administrar a su comité interno. Una campaña con gerente para las Regiones, que termina desconociendo a una región entera tan importante como el Cauca. Una estructura con jefe de Gobernanza, incapaz de gobernarse a sí misma. Lo que empieza a romperse no es solo esta campaña, es la ilusión de fortaleza de una candidatura que, detrás de la retórica del orden, siempre ha tenido todo de papel. Un tigre de papel. 

@yohirakerman; akermancolumnista@gmail.com

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