En las últimas semanas hemos visto muchos pecados. Demasiados.
Incluso quienes no creemos en ninguno de los dioses que otros dicen seguir, adorar y respetar sabemos reconocer un pecado cuando lo vemos.
Por estos días, el mundo pudo contar, al menos, 168 pecados:
168 niñas iraníes de una escuela primaria que fueron asesinadas cuando bombardearon el plantel, no una, sino varias veces.
Ya no sorprende que la cara de estos pecados sea la de Donald Trump.
Y, a su lado –o por encima, para decir toda la verdad–, la faz de otro igualmente despreciable: Benjamín Netanyahu. El mismo a quien los congresistas (¿o debería decir congre-sionistas?) norteamericanos ovacionaron de pie durante varios minutos. A él, el pecador de pecadores.
Han ido por Irán.
Netanyahu lo venía anunciando desde hace más de 30 años.
Hay un video que circula hoy en las redes en el que se recopilan las palabras de este hombre, que parece haber hecho un pacto con el diablo. Netanyahu se ve sospechosamente igual que hace treinta años.
No envejece.
No engorda.
No adelgaza.
Nada cambia.
Tampoco su discurso.
2025:
“Si no se detiene, Irán podría producir un arma nuclear en muy poco tiempo. Podría ser un año, podría ser en cuestión de pocos meses”.
2018:
“Tienen los medios, el conocimiento acumulado y preservado para fabricar una bomba muy rápidamente si quisieran hacerlo”.
2015:
“Irán es tan peligroso que está a semanas de tener el material fisible para todo un arsenal de bombas nucleares”.
2012:
“Están muy cerca. Están a seis meses de alcanzar aproximadamente el 90 por ciento del uranio enriquecido necesario para una bomba atómica”.
2006:
“Irán se está preparando para producir 25 bombas atómicas al año: 250 bombas en una década”.
1996:
“Señoras y señores, el tiempo se está acabando”.
1995:
“Irán será capaz de producir por sí solo, sin importar nada, bombas nucleares en un plazo de tres a cinco años”.
Treinta años de advertencias.
Treinta años de un supuesto peligro inminente.
Treinta años de urgencias extrañamente aplazadas.
Cada una de esas frases ha pavimentado el camino para llegar adonde hoy estamos.
Algunos dicen que la guerra contra Irán pretende tapar el escándalo de los archivos Epstein. Yo concuerdo con quienes aseguran que esto ES el escándalo de los archivos Epstein.
Así como Donald Trump presume de agarrarle los genitales a las mujeres, el Estado de Israel se los ha agarrado a él. Y de qué forma. Lo tienen, literalmente, de las pelotas. Es un títere del sionismo. Trabaja para este movimiento político, que ha demostrado ser igual o más peligroso que el nazismo. Más estratégico también. Porque ha logrado lo que el nazismo no pudo: colarse en todos los espacios y poner en jaque a los hombres más poderosos del mundo; difundir entre las élites mundiales sus discursos colonialistas; y obligar a los gobiernos culposos –como el de Alemania, entre otros– a respaldar ataques ilegales, pero sobre todo inhumanos.
Después vienen otros pecados: de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Pecan quienes piensan como ellos. Pecan porque es pecado mentir. Mentir para matar. Matar para robar. ¿Algún día van a parar? No lo creo. El Medio Oriente tampoco les será suficiente. De hecho, ya anunciaron que irán por Cuba.
Pecan de palabra quienes repiten los discursos imperialistas, racistas y falsamente religiosos. Si existen, creo que los dioses deben estar llorando al ver los monstruos que han creado y lo mal que han sido interpretadas sus enseñanzas.
Pecan de obra quienes apoyan tácitamente iniciativas tan perversas como las de estos hombres. Ver a la FIFA dándole a Trump el premio de la paz que el Nobel, con razón, no le otorgó, fue vergonzoso. Pero las imágenes de Messi en la Casa Blanca riéndose de los chistes idiotas de este personaje siniestro nos han revuelto el estómago, el corazón, el cerebro. Me pregunto si Messi los tiene. Corazón y cerebro.
Y, por último, pecan de omisión todos los que optan por mantenerse al margen de la guerra contra Irán. Por no ir demasiado lejos, todos los candidatos presidenciales de Colombia. A ninguno se le oyó hablar con vehemencia sobre este episodio marcado por la barbarie y la sevicia. A ninguno.
Por ahí dicen que cada uno es dueño de sus miedos. Yo también tengo los míos. Pero frente a este tema, callar es un pecado capital.
Como lo asegura el historiador israelí Avi Shlaim:
Irán no ha atacado a sus vecinos en décadas.
Israel sí ha atacado repetidamente a los suyos.
Irán firmó el tratado de no proliferación nuclear.
Israel nunca lo firmó.
Irán no posee armas nucleares.
Israel posee entre 75 y 400.
¿Por qué nadie ve a Israel como un peligro inminente? Ya ha demostrado que lo es.
La respuesta es sencilla: Israel ha llevado durante décadas una campaña de desinformación sobre cada tema que le conviene. Su lobby en Estados Unidos tiene décadas. Pero hace tiempo pasaron de lobistas a directores de orquesta. Son dueños de los medios, la prensa, los bancos. Y, ahora, de los archivos Epstein.
Millones de pecados grabados que les dan luz verde para cometer los propios. Todos los que quieran.
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