Ir al contenido principal
Yohir Akerman
Puntos de vista

Fabricando un culpable

El caso por el asesinato de la profesora María Mercedes Gnecco Serrano, Mersa como le decían sus amigos, ocurrido en San Andrés el 5 de octubre de 2021 y por el que hoy enfrenta juicio su esposo, el abogado José Manuel Gnecco Valencia, ya no se trata solo de quién cometió el asesinato. Consiste también, según la Fiscalía, del intento de fabricar otro posible culpable a quien echarle la culpa para torcer el proceso.

Por eso, la reciente captura, el pasado 9 de abril, de una persona llamada Luis Carlos Freite González, alias Lalo, no es la caída de un personaje secundario. Es la aparición del presunto intermediario entre Gnecco y un joven isleño a quien durante un tiempo intentaron meter en el centro del expediente como posible autor del crimen, llamado Gerald David Pereira Castro.

Vale la pena detenerse ahí porque Gerald no es un nombre cualquiera en esta historia. Es uno de los muchachos que, siendo menor de edad, quedó atravesado en el caso, cuando una pericia balística, hoy cuestionada, pretendió vincularlo con el homicidio de Mersa, como consecuencia de una pistola que le había sido incautada meses después.

Y es, además, el joven que luego contó bajo juramento que desde la cárcel Nueva Esperanza le ofrecieron dinero para que confesara falsamente ser el autor del asesinato. Durante mucho tiempo, su relato pudo sonar como la denuncia aislada de un preso. Pero la captura y el interrogatorio de Lalo cambian todo.

Vamos por partes, porque esta historia no avanza en línea recta. Avanza por capas, como las novelas policíacas donde el lector cree estar frente a un homicidio y de pronto descubre que también hay una escenificación, un libreto alterno y un reparto entero trabajando para desviar la mirada y la investigación.

La primera capa es la que el país conoció al comienzo. La noche del crimen, José Manuel Gnecco sostuvo que a Mersa la habían matado desde afuera de la casa. Esa fue su historia: hombres al acecho, un disparo desde el exterior, un ataque venido de la oscuridad.

Pero la reconstrucción balística tridimensional ordenada por la Fiscalía dijo otra cosa y es que el disparo se produjo a muy corta distancia y al interior de la vivienda, donde, según los investigadores, solo estaban él y su esposa. Dicho de manera simple, la historia de los hombres afuera empezó a caerse cuando la física revisó el expediente.

La segunda capa vino con una pista demasiado perfecta. Una vainilla calibre 9 milímetros que nadie encontró la noche del homicidio, apareció al día siguiente en una zona ya inspeccionada por las autoridades. Después llegó un informe pericial que pretendió cerrar el círculo y regalarle a la defensa un culpable alterno. Ahí se concluyó que el proyectil que mató a Mersa coincidía con una pistola incautada a Gerald Pereira Castro y a otro joven, ambos menores de edad cuando ocurrió el crimen.

Era la pieza soñada para resolver el misterio. Si el arma coincidía, también aparecía otro autor. El problema es que esa coincidencia se derrumbó después con tres estudios distintos, incluido uno de Medicina Legal. Tan grave fue el asunto que la Fiscalía terminó imputando al perito que firmó el dictamen inicial por falsedad ideológica en documento público y fraude procesal.

Luego vino la tercera capa. La denuncia contra esos muchachos. Con ese informe como sustento, Gnecco llevó el caso por la ruta que más le convenía, apartar el foco de sí mismo y dirigirlo hacia los dos jóvenes. Pero la Fiscalía del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes no quiso comer entero. Al investigar, no encontró elementos para vincular a Gerald ni al otro menor con el homicidio. Lo que descubrió fue la posibilidad de que se hubiera intentado usar a terceros para sembrar una historia falsa.

Por eso pidió la preclusión. Ahí fue cuando el caso dejó de ser solo un proceso por homicidio y empezó a parecerse también a un montaje o fraude judicial. Fue en ese contexto en el que el joven Gerald habló. En septiembre de 2023 declaró, bajo gravedad de juramento, que, estando recluido en Nueva Esperanza, fue abordado por lo menos cinco veces, entre agosto y septiembre de 2023, directamente y por interpuesta persona, para que se atribuyera el homicidio de María Mercedes Gnecco a cambio de cinco millones de pesos. Grave.

Anexo yohir 034834

Dijo, además, que una de esas razones se las mandó “Lalo que era El Ranchero”. Esa frase, perdida entonces entre los pasillos de la cárcel y el ruido normal de cualquier expediente, terminó siendo una pista crucial, en especial cuando apareció Lalo en persona. No como un testigo de oídas, sino como el hombre que la justicia terminó vinculando por soborno y falso testimonio.

Recordemos que, con sustento en esos señalamientos, el señor Gnecco fue capturado el 19 de abril de 2024 a la salida de la cárcel, tras quedar en libertad por vencimiento de términos en el proceso por homicidio. En esa oportunidad, el Juzgado de Control de Garantías se abstuvo de imponerle medida de aseguramiento. Sin embargo, el 28 de octubre de 2025, el Juzgado Tercero Penal del Circuito de San Andrés Isla, al resolver el recurso de apelación interpuesto por la Fiscalía y la representación de víctimas, revocó la decisión de primera instancia e impuso medida de aseguramiento no privativa de la libertad en contra del señor Gnecco Valencia. El 20 de octubre de 2025 ya había sido acusado formalmente, en calidad de determinador, por el delito de soborno.

Volvamos. Entre el 5 y el 11 de diciembre de 2025, la judicatura adelantó audiencias de declaración de contumacia, imputación y solicitud de medida de aseguramiento en contra de Lalo, por haber presuntamente sobornado al joven Gerald Pereira Castro a solicitud del señor Gnecco Valencia. El 11 de diciembre le impuso detención preventiva en centro carcelario y libró orden de captura.

Pues bien, meses después, el pasado 9 de abril, la historia dio uno de esos giros que parecen escritos por un mal novelista con buena documentación. Lalo aterrizó en el aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla, de San Andrés, procedente de Medellín. La Policía revisó su cédula en el sistema, saltó la alerta, vino la verificación con Interpol y la Dijin; y a las 10:10 de la noche quedó materializada la captura. Acta de derechos, huellas, reseña, perfil izquierdo, perfil derecho, morfofacial, y con eso el fantasma entró al archivo. Lalograron.

Anexo yohir 645940

Lo realmente importante vino después, en el interrogatorio del pasado 20 de abril ante las autoridades. Alias Lalo dijo que conocía a Gerald porque eran primos lejanos y porque habían compartido patio cerca de un año en Nueva Esperanza. Dijo también que conoció a Gnecco en la misma prisión y que el abogado acudió a él por una razón muy concreta: como ranchero, es decir, como interno con funciones de cocina y cierta libertad para moverse entre pasillos, podía acercarse a otros reclusos.

Según su relato, Gnecco le pidió cuatro o cinco veces que buscara a Gerald y le ofreciera cinco millones de pesos para que asumiera, falsamente, la autoría del asesinato de la esposa del señor Gnecco. No lo presenta como una insinuación aislada, sino como una insistencia repetida. Antes de cada turno, declaró, Gnecco “me recordaba... que fuera y lo convenciera” de echarse la culpa.

Contó, además, que por hacer esos acercamientos le prometieron diez millones de pesos y que solo terminó recibiendo en efectivo 300.000 pesos en una ocasión y 280.000 en otra. Incluso afirmó que conocía que un dragoneante del Inpec también le había hecho el mismo ofrecimiento a Gerald en nombre de Gnecco. Y remató con una frase que, por sí sola, explica la gravedad de este capítulo. Cuando la fiscal le preguntó si había mentido antes, respondió: “Sí, doctora, yo acepto que falté por la presión del señor Gnecco”.

Según su versión, también firmó un documento redactado por Gnecco sin leerlo. Y al final de la diligencia, su propio abogado dejó constancia de que el interrogatorio había sido solicitado por el mismo interno y rendido de manera voluntaria. Eso cambia la lectura de toda la historia. Ya que se desvirtúa la falsa evidencia que buscó conectar el arma, con Gerald y el homicidio. Lo que parecía una línea de investigación empieza a verse, según la tesis de la Fiscalía, como una línea de fuga.

Y ahí es donde aparece el verdadero tema de esta columna, ya que no es solo la captura de Lalo, sino la arquitectura que deja ver el presunto asesino de Mersa. Si la hipótesis de la Fiscalía es correcta, aquí no estaríamos frente a un procesado defendiéndose dentro de la ley. Estaríamos ante la presunta fabricación deliberada de una mentira judicial, con peritajes cuestionados, denuncias instrumentales, intermediarios carcelarios, ofrecimientos de dinero y un joven escogido para cargar con un homicidio que no cometió.

Ya esto no parece un crimen, sino una fábrica de ellos. En donde lo espeluznante no es solo lo que esta hipótesis dice del acusado, sino de la facilidad con la que en Colombia un proceso por homicidio puede ir acompañado, en paralelo, por un casting de culpables sustitutos. Por eso, la captura de Lalo importa tanto. Porque obliga al sistema a volver al eje central del caso. Y es que el disparo fue hecho desde adentro de la casa, por un enemigo interno. Y eso obliga a mirar de nuevo la pregunta primordial que siempre ha estado, y es quién es el interesado de fabricar otra realidad distinta a la judicial: el culpable.

Anexo yohir 94548230

La respuesta a todo esto, por supuesto, la debe dar un juez. Y ojalá de manera eficaz, porque ya hemos visto cómo operan las estrategias de dilación de la defensa para empujar los procesos hasta el vencimiento de términos. Pero hay algo más. En un país que ha visto demasiadas veces cómo se fabrica un testigo, o varios, lo que aparece en este expediente es un intento mucho más ambicioso: fabricar un homicida para Mersa, esa mujer tan querida como extrañada por los suyos. Todos, excepto uno, su marido, quien sigue figurando como su presunto asesino.


@yohirakerman; akermancolumnista@gmail.com

Finalización del artículo

Comentar este artículo

Aún no hay comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales