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Mauricio Rodríguez Múnera
Puntos de vista

Lecciones del Gobierno Petro

Exactamente de hoy en cuatro meses habrá terminado la presidencia de Gustavo Petro. A continuación, enuncio las cinco principales lecciones (no están en orden de importancia) que he aprendido de lo que hizo —y dejó de hacer— en los pasados cuatro años el primer mandatario más controversial de la historia reciente de Colombia: 

De buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno. A muchos les parecerá ingenua o equivocada mi percepción, pero creo que el presidente Petro sí ha tenido un interés genuino por el bienestar de los ciudadanos menos favorecidos. Sin embargo, ha cometido muchos errores —por ignorancia e incompetencia— que hacen que el balance social de su gestión sea negativo. En el corto plazo, algunos se beneficiarán del aumento en subsidios, cambios en el régimen laboral y el alza del salario mínimo, pero el impacto que todo esto tiene en las finanzas públicas (enorme y costoso déficit fiscal), la inflación, las tasas de interés y el empleo formal, ya está haciendo daño —y perjudicará mucho en los próximos años— a todos los ciudadanos.

El desprecio por la tecnocracia se paga caro. Desestimar —e incluso atacar visceralmente— los conocimientos y experiencias de los expertos en materias tan complejas como el manejo de la macroeconomía, la salud, el sector minero-energético y la seguridad, ha generado decisiones muy nocivas cuyas peores consecuencias se verán en el próximo gobierno. Es lógico que el primer mandatario haya querido hacer las cosas de manera distinta (ganó las elecciones con esa consigna), pero los cambios que pretendía hacer no debieron haber ignorado las recomendaciones de personas —de diversas corrientes del pensamiento— con verdadero dominio técnico de asuntos tan delicados. 

“La corrupción no se combate con discursos sino con decisiones”. Esta afirmación de Luis Carlos Galán fue ignorada por completo en la administración Petro. Por acción o por omisión, la corrupción en este Gobierno se ha extendido y profundizado en una dimensión nunca antes vista. Pero para ser justo, no es solo un problema causado por funcionarios públicos; el sector privado ha sido cómplice en muchos de los casos. 

El populismo nace y crece en el terreno abonado de la ignorancia. La mala calidad de la educación en Colombia, en especial la cívica, ha facilitado el impresionante aumento de la demagogia, las mentiras, las calumnias y las manipulaciones. En tiempos recientes hemos presenciado estas destructivas explosiones que tanto daño le hacen a la democracia, al bienestar económico y al progreso social. Es cierto que Petro no es el único responsable (los hay en todo el espectro ideológico) pero sí ha sido el principal. Urge por lo tanto una gran labor pedagógica que enseñe a los ciudadanos a no dejarse engañar por parte de politiqueros que solo actúan en función de su interés propio.

“Los mejores líderes son quienes crean instituciones y quienes las protegen”. Este concepto es de Al Gore —exvicepresidente de los Estados Unidos—. Petro hizo todo lo contrario. Por fortuna para Colombia, los constantes y diversos intentos del presidente por destruir la institucionalidad han hecho daño, pero —por ejemplo— la Constitución del 91, la separación de poderes y la independencia del Banco de la República han resistido. Es crucial el firme respaldo de todos los demócratas a nuestras instituciones en los próximos 120 días. Porque es muy probable que este agónico Gobierno haga sus últimos esfuerzos desesperados por acabarlas o al menos debilitarlas.

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