
Este país ha cambiado, pero no tanto. Hace cuatro años, la ‘petrofobia’ casi elige de presidente a Rodolfo Hernández, un candidato de derechas que decía que la ley solo le servía para limpiarse el culo. Y hoy, por el miedo a Petro y, a cuatro años más de un gobierno de izquierda, esos mismos sectores de la derecha, asustada y recalcitrante, andan empujando la aspiración presidencial de Abelardo de la Espriella, el único de todos los candidatos que puede acabar con el orden constitucional, si llega al poder.
El miedo a Petro es el combustible de este nuevo engendro que, incluso, ha desplazado hacia el centro a la derecha de Uribe que ya carga con sus ‘falsos positivos’, con la entrega del DAS a los paramilitares y con escándalos como el de la ‘parapolítica’ y el cartel de la toga. Cómo será de duro lo de Abelardo, que Paloma parece la candidata sensata a pesar de que —injustamente— cree que Cepeda, por ser de izquierda, la puede asesinar.
Saben que todo lo de Abelardo es un invento: desde sus convicciones fundacionales hasta el tamaño de su pene, pero les puede más el temor a Petro que su compromiso con Colombia.
Por eso decidieron esta vez correr la cerca y no les importó que el ungido fuera un defensor de narcos y bandidos ni un experto en acosar judicialmente a todos los que se atrevieron a poner la lupa sobre su oscuro pasado y, lo graduaron de defensor de la patria y de la democracia, sin que se les levantara la ceja. Eso de escoger de guardián de nuestras instituciones a un abogado que ha hecho su carrera defendiendo a narcos, demuestra la degradación ética y moral a que ha llegado la derecha por cuenta de su miedo a Petro y del odio que le tienen por lo que él representa.
Así de ciegos, no se dan cuenta de que el único que puede romper el orden constitucional si llega a la Presidencia, es su candidato. No les afana que pueda llegar al poder un abogado que sostiene que el derecho no tiene que ver con la moral ni la ética, una tesis que le sirvió a Hitler para legalizar el exterminio a los judíos, que sostuvo por décadas el apartheid en Suráfrica y que hoy le sirve a Netanyahu para cometer el genocidio en Gaza.
Si Abelardo de la Espriella llega a la Presidencia impondrá esa misma receta y volverá legal lo inmoral. Solo así podrá cumplir su promesa de destripar a todos los de izquierda, a los que protesten en las calles y se atrevan a desafiar sus designios o a quienes lo critiquemos. Eso sí, todos los abusos de poder que se cometan se darán dentro del marco de la ley, como reza su máxima de campaña.
La derecha que apoya a Abelardo de la Espriella también ha montado la narrativa de que si gana la izquierda se acabará el orden constitucional y se evaporarán los pesos y contrapesos porque se abriría el camino hacia una dictadura constitucional como la de Chávez.
Eso también es una falacia producto de la ‘petrofobia’. En los últimos 30 años, el sistema de pesos y contrapesos, que hoy la derecha tanto defiende, ha sido cooptado por ellos mismos y solo se vino a reactivar en el Gobierno de Petro. Durante el Gobierno de Uribe, el sistema de pesos y contrapesos fue cooptado por la derecha al punto de que se le permitió a Uribe revivir la reelección inmediata pese a que eso le torcía el pescuezo a la Constitución. Luego, para frenar la ‘parapolítica’, el uribismo inició una depuración de todos los magistrados que la investigaron y eso dio inicio al cartel de la toga que, en realidad, fue una nueva toma de las cortes y de la Fiscalía por parte de la clase política tradicional para evitar que los ‘parapolíticos’ y los corruptos terminaran en la cárcel. En el Gobierno de Santos, los pesos y contrapesos se activaron por cuenta del acuerdo de paz que fue considerado por el uribismo como una entrega a las Farc, pero luego todo volvió a la normalidad con Duque. En su gobierno se siguió produciendo la toma de las cortes, se eligió un fiscal de bolsillo y una procuradora ídem y prácticamente el sistema de pesos y contrapesos desapareció. Con Petro, ese sistema se volvió a reactivar y al presidente le han frenado muchas decisiones, unas veces con razón y otras sin ella. Si llega Abelardo de la Espriella al poder, no va a tener los mismos pesos y contrapesos que tuvo Petro porque habrá una sintonía con el establecimiento institucional como ya ha sucedido en el pasado y lo más probable es que, para evitar que vuelva la izquierda en el 2030, se profundice aún más la toma de las instituciones por parte de la derecha y se cree un estado de opinión como el que le permitió a Uribe cambiar la Constitución. Si gana la izquierda, el sistema entero va a reaccionar como sucedió con Santos y con Petro y por eso desde ya se puede decir que, si triunfa Cepeda, la inoportuna y equivocada propuesta de convocar a una Constituyente muy seguramente no pasará del Congreso.
El Gobierno de Petro no ha sido tan malo como la derecha sostiene ni tan bueno como lo afirma el presidente en sus cuentas de X. Petro, que es un pirómano, ha tenido serios reveses en materia de seguridad, de salud y de política macroeconómica, pero también ha tenido aciertos. El más evidente es que hoy existe un país que se siente representado en esta izquierda de Petro y que vota por un partido legalmente constituido. Quien pretenda destriparlo desde el poder, va a abrir una caja de Pandora. El miedo a Petro no puede ser la única narrativa de la nueva derecha. No es justo con un país que acaba de salir de un conflicto y que aspira a nuevos vientos.
La clase dirigente, los empresarios, los grandes y los pequeños y los que trabajamos creyendo en este país, deberíamos dejar de pensar con el miedo porque estamos fabricando monstruos que nos pueden devorar.
Vote por el que sea, menos por Abelardo de la Espriella.
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