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Maurice Armitage
Puntos de vista

El pobre no es pobre porque quiere

En Colombia ha hecho carrera una idea bastante absurda según la cual el pobre es pobre porque quiere. Pero resulta que la pobreza no es un problema individual: es un problema colectivo del cual todos somos responsables. Porque si una persona trabaja diez o doce horas diarias y lo que devenga no le alcanza para cubrir sus necesidades básicas, entonces no es que no quiera salir adelante; es que no hay suficientes empleos dignos y el Estado falló en ofrecerle la preparación adecuada para poder acceder a ellos.

Afortunadamente, ahora la pobreza y angustias del pueblo colombiano están en primer orden. Al punto de que sería un despropósito que persistiera la indiferencia histórica que ha existido alrededor de la desigualdad. Los grandes cambios se producen cuando hay grandes exigencias. Y la justicia social es, a mi modo de ver, la gran conquista de millones de ciudadanos que jamás habían sido tenidos en cuenta.

Quienes están dentro de la burbuja se habían acostumbrado a ver jodidos a los más sobados, a los que no han tenido oportunidades. Como si la cosa no fuera con ellos. Como si la pobreza no los conmoviera. Entonces se desentendieron por tantos años del verdadero problema de este país, que creyeron que era suficiente con pagar impuestos. Pero en eso estaban muy equivocados, porque todos tenemos derecho a progresar.

Así las cosas, ha llegado el momento de aceptar que la entrada del socialismo no significa el fin del capitalismo. Ambos sistemas pueden convivir perfectamente, sin traumatismos, como ocurre en varios países europeos. Es más: son complementarios. Necesitamos un capitalismo productivo que genere empleo y riqueza, y un socialismo distributivo que valore la mano de obra y permita mejores ingresos.

Para que esa comunión que propongo sea posible, todos debemos poner de nuestra parte. Si Iván Cepeda gana, debe arropar a los empresarios y confiar en la empresa privada para producir riqueza; y si Paloma Valencia se impone, su prioridad debe ser el pueblo y seguir profundizando con generosidad los cambios sociales que están en marcha. 

No podemos desaprovechar esta oportunidad de evolucionar políticamente porque el país, tal y como lo conocíamos, no volverá a ser igual. La nación que solo beneficiaba a unos pocos está quedando atrás, para mostrarnos otra muy distinta donde se impulse la productividad y se distribuya con justicia. Depende de nosotros asumir esta transición con concordia o con más violencia, esa misma que ha hecho que llevemos más de cincuenta años matándonos sin salir del atolladero.

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