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Yezid Arteta Dávila
Puntos de vista

Iván Cepeda: entre costeños y cachacos

El candidato presidencial Iván Cepeda Castro, hijo de un cachaco y una costeña, brilló desde temprana edad. Recuerdo que comenzando los ochenta se llevó a cabo en la Universidad Nacional de Colombia un congreso estudiantil que reunió a jóvenes universitarios y secundarios de todo el país. La mayoría de representantes de la costa Caribe arribamos a la capital en trenes de los Ferrocarriles Nacionales, la empresa estatal liquidada en 1992 por el presidente neoliberal César Gaviria. Allí nos sorprendió la oratoria de un chico de cabello crespo y rasgos costeños que hablaba como cachaco. Era Iván Cepeda Castro, dirigente estudiantil proveniente de un instituto de la populosa Ciudad Kennedy.  

El periódico El Colombiano —como si Colombia estuviera eligiendo al heredero de una monarquía— publicó el pasado 18 de mayo el árbol genealógico de Iván Cepeda. La presuntuosa publicación tenía el propósito de encontrar una mancha en el modélico recorrido político del candidato a la Presidencia por el Pacto Histórico. Los directivos de El Colombiano fantasean con el otorgamiento de algún título nobiliario u oficio de cortesano, pero su chueca “genealogía de la moral” —como titulara Nietzsche— y sus credenciales periodísticas apenas les dan para publicar un culebrón o un panfleto contra los programas de redención social que lideran el Pacto Histórico y sus aliados.  

Culebrones “costeños”, por ejemplo, como los protagonizados por Abelardo de la Espriella ante las mujeres periodistas o especulaciones teoréticas traídas a cuento por el “cachaco” Mauricio Gaona: dos extremistas de derecha llegados de la nada. Un muñeco loco y un analfabeta de realidad empeñados en atacar al aspirante Cepeda empleando la vulgaridad y la pseudociencia. El vocabulario y los movimientos superlativos del muñeco Abelardo falsean la abundante contribución intelectual, cultural y artística de hombres y mujeres nacidas en el Caribe colombiano. Gaona, sacado de la chistera por los medios tradicionales, es la quintaesencia del individuo que colecciona títulos, teoriza y escribe sobre una realidad que sólo existe en su atribulada cabeza, como si el resto de colombianos y colombianas fuéramos una manada de ignorantes.

La intelectualidad y la cultura del Caribe nada tienen que ver con el ‘perrateo’ de Abelardo de la Espriella. El barranquillero Orlando Fals Borda, fundador de la facultad de Sociología de la Universidad Nacional junto con un grupo de ilustres cachacos entre los que se encontraban Eduardo Umaña Luna y el cura Camilo Torres, escribió una singular tetralogía titulada Historia doble de la Costa en la que describe la cultura anfibia de los costeños criados en los ríos y las ciénagas, asimismo rescata algunas figuras del liberalismo radical caribeño como el presidente Juan José Nieto. La ignorancia y el gangsterismo que rodean al mundo de Abelardo no pueden ser el destino del Caribe colombiano.  

Los arrebatos de Abelardo desentonan con el “postín” —expresión de nuestras madres caribeñas para describir a la elegancia— de los grandes maestros de la música caribeña como Lucho Bermúdez, Pacho Galán o Rafael Escalona. En diciembre llegan las brisas y El tiempo de las amazonas, dos obras de la escritora y exreina del Carnaval de Barranquilla Marvel Moreno, son dos bofetadas al repelente machismo que ostenta De la Espriella. El legado literario del autor afro Manuel Zapata Olivella, natural de Lorica, sería una buena lección para un candidato presidencial que reniega de su condición mestiza. Nada más desconsolante que un caribeño que emplea la charlatanería y la vulgaridad para esconder sus complejos físicos y morales.

Los referentes caribeños de Abelardo de la Espriella —candidato creado con Inteligencia Artificial— no son Gabriel García Márquez, Luis Eduardo Nieto Arteta, Meira del Mar, Julio Mario Santodomingo, Silvia Tcherassi, Álvaro Cepeda Samudio, Hernán Zajar, Totó la Momposina o Enrique Grau. Su arquetipo es otro: los gobernantes que en las últimas décadas desculturizaron e idiotizaron al Caribe colombiano hasta convertir a la región en una especie de “corraleja humana”, como lo expresara ‘El Flecha’, el irreverente personaje creado por el loriqueño David Sánchez Juliao.

El pueblo caribeño, Viejo Topo, le está dando la vuelta a la tortilla desde que Gustavo Petro asumió la Presidencia. El pasado 8 de marzo hubo una reacción contra los clanes que han empobrecido material y espiritualmente a la gente caribeña. Iván Cepeda, un cachaco con raíces costeñas e intelectual irreprochable y sereno, acompañado de una indígena templada e incombustible, son el tándem que puede dar la ponderación y la fuerza que necesita Colombia para continuar la marcha en un mundo esquizofrénico, inestable y tachonado de peligros.    
 

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