
“El mundo antiguo tenía a Nerón. Nosotros tenemos a… bueno, ya sabes a quién”. Con estas palabras la historiadora Mary Beard comienza el primer capítulo de su pódcast Instant Classics (o Clásicos al instante), que hace junto con su colega Charlotte Higgins. Las dos mujeres parten de la base de que la antigüedad nos enseña mucho sobre el mundo actual, y tienen razón.
A lo largo de ese primer capítulo comparan a Estados Unidos con la Roma republicana primero, y luego su tránsito al imperio, y a Washington con la Ciudad Eterna. Los edificios de mármol imponentes, las estatuas monumentales, el obelisco, los palacios de gobierno, todo está diseñado de una forma consciente para que se relacione a Washington con la capital del imperio occidental.
Trump ha sabido capitalizar estos símbolos, y les ha añadido lujo y accesorios dorados, como en sus tiempos hizo Nerón, cuya casa tenía paneles corredizos de oro, o se ha fotografiado en poses que pueden ser más cercanas a un emperador que a un presidente elegido por voto democrático.
Los guiños a lo romano han sido mucho más que meras interpretaciones de las panelistas. Steven Bannon, que antes gozaba del favor del presidente estadounidense, quiso abrir una “escuela de gladiadores” para políticos de derecha en Italia. La idea de Bannon era que los futuros líderes de la ultraderecha se formaran con valores nacionalistas para contrarrestar a la izquierda.
Otro ejemplo es Mar-a-lago, la lujosa residencia de Trump que, a semejanza de las casas de verano de emperadores como Tiberio (en Capri) o Adriano (en Tivoli), despierta en el público una fascinación con lo que hace el presidente en su tiempo libre, desde jugar golf hasta ser el anfitrión de cenas pagadas por los ricos del mundo que quieren pasar un rato a su lado.
Pero más allá de las comparaciones puntuales, ambas mujeres se dedican a analizar esas estructuras de poder que son comunes a los regímenes autocráticos. Porque, no nos digamos mentiras, Trump, a pesar de tener un sistema de pesos y contrapesos en su gobierno, ha pasado por encima de todas las instituciones para hacer lo que buenamente le dè la gana, con lo que se ha convertido en una suerte de autócrata en un país que se precia de respetar las libertades individuales y de ser la democracia más sólida del mundo.
Si algo tiene en común Donald Trump con César, Trajano, Calígula, Nerón o Heliogábalo, es que son personajes caprichosos cuyas decisiones cambian con el clima y sus súbditos deben estar preparados para defenderlas, acatarlas o atenerse a ellas si no les convienen. Los aranceles son un buen ejemplo. Trump los pone y los quita a discreción, y cada país está obligado a ceder y a negociar con lo que tenga a mano para que se le otorgue el “favor del emperador”. Así mismo, son objetos de alabanza y panegíricos exagerados, porque ya se ha visto que el presidente Trump funciona mejor cuando lo alaban, y mientras más empalagoso sea el elogio, más contento está.
Con la OTAN funciona más o menos igual. Hay días en los que amenaza con irse del tratado, a veces pide que Europa contribuya más, a ratos parece apoyar a la OTAN y sus esfuerzos con la guerra de Ucrania y en ocasiones se muestra más cercano a Putin que a sus propios aliados. Europa no sabe qué hacer, manda emisarios a hablar con él, van todos los líderes a apoyar a Zelensky, negocian de manera individual y en general se sienten perdidos porque cada instrucción contradice la anterior. No es que sea indeciso, es que es caprichoso y ha aprendido a usar esta herramienta para probar su poder, pero también para divertirse.
También juega, como jugaron los emperadores en su época, con la amenaza de la conquista. Quería anexarse Panamá, Groenlandia y Canadá, como Calígula amenazó con invadir Bretaña (fue Claudio quien lo hizo más tarde), para terror de los habitantes de esos países, que se ven impotentes ante aquella posibilidad.
Beard y Higgins inauguran su serie de pódcast con esta fantástica comparación. Sin embargo, hacen algo mucho más importante que jugar con la idea de que Trump pueda ser un emperador romano. Tienen también capítulos sobre la libertad de expresión, el amor en los tiempos de Safo y una lectura contemporánea de la Odisea, para nombrar algunos, y nos muestran a lo largo de sus pódcast que la historia es circular, que nos repetimos y, sobre todo, que muchas veces las respuestas que buscamos en el futuro ya nos las ha entregado el pasado. Solo debemos aprender a mirar.
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