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Marta Orrantia

Pelea de perros

Trump le muestra los dientes a Venezuela. Esta semana ha desplegado su portaaviones más grande y 15.000 hombres en el Caribe, ha enviado agentes de la CIA a realizar operaciones encubiertas en ese país y ha dicho que, a partir del lunes, el departamento de Estado designará al Cartel de los Soles (como se les conoce a los militares corruptos) como una organización terrorista. “Tenemos que cuidar a Venezuela”, dijo Trump hace pocos días.

La excusa es que el régimen de Maduro protege a los narcotraficantes y por eso ha bombardeado ya 21 lanchas veloces con más de ochenta muertos, que supuestamente sacaban droga de Venezuela (fentanilo, ha dicho el presidente de Estados Unidos, pero lo más probable es que sea cocaína). La realidad, sin embargo, es mucho más compleja. Es cierto que el de Nicolás Maduro es un gobierno corrupto, quizás incluso puede ser verdad que hay dineros sucios apoyándolo, pero lo que tiene a Estados Unidos con sus tropas en América del sur son otras cosas. Por un lado, Maduro ha demostrado tener cercanía con Irán, Rusia y China, y militarmente tener un vecino aliado con el enemigo puede resultar muy peligroso. Por el otro, el petróleo venezolano resulta un aliciente para quienes quieran aventurarse a tumbar el régimen dictatorial y “salvar” al país. 

Esa ha sido justamente la carta que Maduro ha dado a entender que negociaría con Trump, porque, al fin y al cabo, esto es una negociación política y los canales de comunicación están abiertos. Estados Unidos tendría acceso al petróleo venezolano y Maduro se quedaría un par de años más, una exigencia que Trump y su equipo juzgaron imposible, porque buscan que salga de inmediato de la silla presidencial a la que se ha atornillado. Lo cierto es que a ambos presidentes se les está acabando el tiempo para tomar decisiones radicales. 

A Nicolás Maduro se le cierran las puertas. El canal abierto de una negociación tiene un límite de tiempo y él tiene cada vez menos opciones de maniobra. Sabe que sus días están contados, pero si no huye pronto a un país amigo donde pueda respirar tranquilo y dedicarse a disfrutar todo lo que ha robado de su país (que no debe ser poco), terminará en la cárcel o asesinado. 

Trump, por su parte, tampoco tiene todo el tiempo del mundo. Las operaciones de la CIA en Venezuela retrasarían una posible invasión, algo que ni sus votantes ni el Congreso estarían contentos de apoyar, sobre todo porque él prometió que Estados Unidos no participaría más en conflictos ajenos. Pero no puede quedarse mucho tiempo esperando resultados, con sus fuerzas en pie de lucha, porque eso lo mostraría como débil o indeciso frente al mundo, y sabemos que a Trump lo aterra dar esa imagen. Sin embargo, si decide atacar, debe hacerlo de una manera quirúrgica porque lo que menos debe querer es un conflicto sin resolución, como el de Afganistán, que desgaste a sus soldados y su imagen interna. En cualquier caso, si va a morder, es claro que no puede ladrar por mucho tiempo más.

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