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Marta Orrantia
Puntos de vista

Ya no queremos flores

Las elecciones del pasado 8 de marzo nos tuvieron tan ocupados que casi que pasó desapercibido el Día de la Mujer. A pesar de las consabidas flores y de los mensajes de felicitaciones, que a estas alturas resultan cosméticos, vi poca reflexión al respecto y, al contrario, leí muchos comentarios que me hacen pensar que no hemos aprendido nada todavía. 

Como todos seguimos teniendo la cabeza en la política, me voy a referir a dos casos de mujeres candidatas que han sido vilipendiadas en público, de formas grotescas. La burla que hizo el caricaturista Matador a Paloma Valencia por su peso fue una de ellas. Increíble que a estas alturas todavía recurramos a métodos ramplones para referirnos a las mujeres y seamos una sociedad tan misógina que pensemos que el cuerpo de una mujer es un objeto que se puede humillar y maltratar a discreción. 

Leí también ayer en un chat privado a un personaje que hablaba de Aída Quilcué, la senadora indígena a quien Cepeda invitó a ser su fórmula vicepresidencial. El comentario era tan desobligante que es imposible repetirlo, pero se burlaba de sus capacidades intelectuales y de su etnia. Además de emprenderla injustamente contra una mujer valiente y preparada, sin siquiera molestarse en ver sus credenciales, se evidencian un racismo tremendo y una discriminación cultural vergonzosa. Tal cual lo que le pasó a Francia Márquez, y no nos digamos mentiras, pero la gente se siente usualmente más empoderada para criticar a las mujeres afro y a las indígenas que a los hombres de las mismas comunidades étnicas.

El tercer comentario que escuché esta semana no tiene nada que ver con la política, pero sí con el rol de la mujer. Criticaban el feminismo porque las mujeres competían con los hombres en el ámbito laboral y se olvidaban de su rol en la familia. Habrase visto.  Desafortunadamente ese comentario es algo que he oído y leído en infinidad de grupos y no siempre son los hombres quienes lo dicen. ¿Esto quiere decir entonces que es mejor que dejemos a los hombres trabajar y nosotras nos devolvamos a la casa? ¿Seguimos acaso chantajeando a las mujeres con el tema de la maternidad? 

Las mujeres estamos sujetas todo el tiempo a microagresiones ―que no son tan micro―, incluso de quienes se dicen feministas y proclaman a los cuatro vientos otra frase que me choca: “ellas son las creaturas más bellas que creo Dios”. Como si estuvieran hablando de un venado o de una mariposa. 

Hace rato que pasó el momento para las flores, las felicitaciones y los halagos vacíos. Necesitamos pasar a la acción. En tiempo de elecciones, este tema es central en la decisión que tomemos con miras a quién será el candidato o la candidata que mejor nos represente en el gobierno. No podemos tener de nuevo un gabinete que incluya un ministro maltratador, o un presidente que irrespete a las mujeres. 

Debemos exigirle a quien vaya a ser nuestro presidente una visión clara en el tema de género y una ética inquebrantable frente a quienes en su círculo agreden a las mujeres tanto física como verbalmente. La persona que vaya a gobernar este país no solo debe buscar la paridad en el gobierno, sino que debe tener clara una política de Estado en temas de género. Comenzando con reforzar áreas claves como educación y justicia, porque necesitamos tanto maestros que enseñen temas de respeto y equidad, como penas más duras contra los agresores. 

Si no hacemos eso podemos esperar muchos más maltratos, muchas más agresiones, validados incluso por nuestros gobernantes, porque son ellos los que ponen el ejemplo y son el paradigma con el que se mide la sociedad. Si ellos son permisivos con el asunto, ¿qué podemos esperar de los ciudadanos?

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